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El censor Javier Tebas, presidente de la Liga de Fútbol Profesional, retira de las redes sociales vídeos grabados por aficionados por violar los derechos de autor de las competiciones del fútbol español

Abril 22, 2016

Twitter ha eliminado un vídeo del gol de falta que James convertía el pasado 9 de abril en el Bernabéu. Se aprovecha de la Ley de Derechos de Autor Milenio Digital que establece los derechos de reproducción de Estados Unidos que implementa dos Tratados del año 1996 de la Organización Mundial de la Propiedad Intelectual

javier tebas

El balompié se esconde. El balompié cada día se parece más a un régimen dictatorial hermético digno de la gran Norcorea de Kim Jong-il. El balompié se muere. Y decimos balompié y no fútbol, o soccer, porque el fútbol y el soccer se encuentran en plena expansión de poder. El invento deportivo británico cotiza al alza en todas las televisiones del mundo, con un reparto televisivo equitativo que contenta a Clubes y productoras, quizás el modelo más ecuánime que deberían de seguir  todas las grandes Ligas. Una liga, la Premier, en la que gracias a su profesionalidad, milagros como el del Leicester –líder de la Premier League inglesa a pesar de su escaso presupuesto- todavía son posibles. Por su parte, el soccer está comenzando a alcanzar cotas históricas congregando en sus equipos a grandes estrellas del fútbol mundial y a jóvenes promesas. No sería raro que en un par de décadas la MLS fuera la competición de referencia a nivel mundial. La gestión del fútbol a nivel europeo y norteamericano es digna de elogio, pero la administración del balompié hace que el deporte rey hispano se agoste poco a poco hasta dejarlo en un lugar residual. Esa liga escocesa de dos o tres que todos temían o esos horarios intempestivos más propios de Ligas del Este han aterrizado en la nuestra y amenazan con quedarse.

Un nombre propio y un adjetivo asoman la cabeza en todo este entuerto balompédico. Por un lado, Javier Tebas, presidente de la Liga de Fútbol Profesional (LFP), que ha sido vapuleado en más de una ocasión por aficionados, jugadores y entrenadores debido a su dirección con puño de hierro de la que dicen ser la Liga más importante del mundo, la española. Las ambiciones de entrar en mercados tan exóticos como el asiático han hecho, en más de una ocasión, que los llamados derbis o clásicos se disputen a horas más propias de sestear que de ver fútbol. Una ecuación en la que todos salen perdiendo: hostelería, televisiones, hinchas y espectáculo, incluso los propios equipos, al verse maniatados por unos horarios que, en ocasiones, convierten en una quimera manejar las tres competiciones.

La Liga de Tebas, puro marketing

El adjetivo que más le conviene a esta Liga es el de hermética, inaccesible. No solo por los horarios, sino por las estratagemas de Tebas para vender a precio de oro cada minuto de partido grabado. Respecto a lo de las radios le ha salido el tiro por la culata. Mientras la LFP requería 456.000 euros para los partidos de Primera División y 252.000 para los de Segunda División, la Audiencia Nacional ha fijado en 100 euros la cuantía que tendrán que abonar los operadores radiofónicos cuando accedan a los estadios para retransmitir los partidos. Y gracias. Parece que Javier Tebas solo comprende el fútbol desde el punto de vista del negocio, del merchandising, del puro marketing. Al hacerlo, el abogado costarricense olvida la máxima fundamental de este deporte, aquella que dice que el aficionado es la parte más importante. El fiel seguidor, el hincha, el que paga el abono.

Su última artimaña tiene mucho que ver con el simpatizante futbolístico, precisamente con su opresión. Tebas ha vuelto a empuñar el látigo de hierro para censurar una vez más la libertad del aficionado. Nos situamos en tiempo y lugar. Estadio Santiago Bernabéu, 9 de abril de 2016. 16:05 de la tarde. El Madrid disputa su partido correspondiente a la trigésimo segunda jornada liguera contra el equipo armero del Éibar. El mediocampista James Rodríguez se dispone a lanzar un tiro franco directo desde el balcón del área rival, mientras  las cámaras le enfocan. El Fondo Norte es un clamor ante la posibilidad de abrir el marcador. James toma carrerilla, ejecuta y anota un bello tanto ajustado a la cepa del poste izquierdo del portero Asier Riesgo. En ese momento, esa acción ya ha sido inmortalizada por quien sabe cuántos dispositivos electrónicos, muchos de ellos -la mayoría, propiedad de los aficionados que pueblan las butacas de Chamartín.

La Propiedad Intelectual en el fútbol

Uno de ellos, fiel seguidor de la parroquia blanca, decide, al acabar el rito de la contienda futbolística, compartir el vídeo del tanto de James a través de las redes sociales, como es costumbre entre los aficionados que gustan del fútbol. La red escogida es Twitter. Hay que recordar que el vídeo ha sido grabado por un seguidor del Real Madrid a través de un dispositivo propio y que no ha sido filmado con ningún fin comercial o divulgativo. Una vez colgado el vídeo, la sorpresa es mayúscula. Twitter retira el vídeo del aficionado justificando así tal decisión: El siguiente material ha sido retirado de su cuenta en respuesta a la notificación DMCA”.

La DMCA, en inglés Digital Millennium Copyright Act o Ley de Derechos de Autor Milenio Digital, es una Ley de Derechos de reproducción de Estados Unidos que implementa dos tratados del año 1996 de la OMPI (Organización Mundial de la Propiedad Intelectual). Esta ley sanciona no solo la infracción de los derechos de reproducción en sí, sino también la producción y distribución de tecnología que permita sortear las medidas de protección del copyright. Pero, ¿tiene cabida la aplicación de esta Ley en el uso de un vídeo casero grabado por un aficionado español en un Estadio de fútbol? ¿Se trata de una extralimitación más de Javier Tebas?

El testaferro que escoge Tebas en este curioso caso de censura -su particular Torquemada-, es Eduardo García quien firma como gestor de activos y propiedad intelectual de la LFP. La Liga, para asentar sobre poso legal la retirada de este vídeo, asegura ser titular de los derechos audiovisuales con respecto a las competiciones del fútbol español de Primera y Segunda División y la Copa del Rey de fútbol español (excepto la final). Por ello, la LFP se reserva el derecho de la facultad de comercializar dichos derechos audiovisuales y el video en cuestión, contiene imágenes de juego de las competiciones citadas.

Violar los derechos de autor

En concreto, para la LFP, la infracción en la que habría incurrido el aficionado sería la de violar los derechos de autor de estas competiciones al publicar en su red social un vídeo con imágenes de juego correspondiente a estas competiciones sin tener, el titular de la cuenta afectada, ningún derecho a la comunicación al público de este contenido.

Lo dicho, cada vez más, la Liga de Fútbol Profesional se cierra en banda al aficionado local, a ese espectador que la ha aupado hasta la posición privilegiada que tiene respecto a las demás Ligas del mundo. Todo ello para beneficio de los de fuera, del espectador foráneo, véase si no la autoridad con la que marca los horarios de la Liga española el mercado asiático. Cada vez más, para el espectador nacional, la Liga se parece a aquel partido del domingo de Canal + de las nueve de la noche. Aquel partido que, con suculentos reportajes y una excelente previa, se vendía como lo que era: un auténtico espectáculo, de los mayores que se podían ver en el mundo del fútbol. Luego sonaba la música de tambores, echaba a rodar el balón y, si no eras abonado, a los 5 segundos, se codificaba la imagen. La imagen de la Liga es la que se codifica ahora porque conviene recordar señor Tebas, que el cliente siempre tiene la razón.

Doinel Castro