Menú Portada
Raquel Mosquera se recupera favorablemente

El baile de Fernando Verdasco con la ex de Javier Hidalgo

Diciembre 1, 2008

A pesar de que alguien dijo, un día después de recibir el alta médica, que Raquel Mosquera permanecía ingresada en planta, lo cierto es que la peluquera se recupera favorablemente entre su domicilio y el de sus progenitores. Y, mientras, los jugadores que consiguieron traer la Copa Davis a España, disfrutaron de una fiesta por todo lo alto…

pq_649_mosquerona2.jpg

Se lo merecían. La Selección Española de Tenis consiguió alzarse como campeones en el torneo por la Copa Davis que tuvo lugar en Argentina. El esfuerzo realizado tuvo una recompensa histórica que los amantes del deporte jamás olvidarán. Hicieron vibrar a toda una nación con su competitividad. Por eso decidieron brindar por el triunfo en una fiesta que se organizó tras el campeonato y que, algunos de los componentes, continuaron a su llegada a España. El pasado jueves se desinhibieron y visitaron diversos locales de Madrid donde dieron rienda suelta a la diversión. A pesar de que permanecieron gran parte de la noche en el Café de Chinitas de la capital, optaron por poner el broche de oro a la noche en la discoteca Budha Bar, propiedad de Cris Lozano. No estaba ese Feliciano López que ahora parece estar muy cerca de una Anne Igartiburu imposible de localizar. Sin embargo, otros jugadores como Fernando Verdasco o David Ferrer no quisieron perderse el festón.  
 
Verdasco, que recientemente ha iniciado una explosiva relación sentimental con la también tenista Ana Ivanovic, se mostró muy cercano e inesperadamente cariñoso con la supermodelo Malena Costa. La joven, que hasta hace poco tiempo saboreaba los besos del bueno de Javier Hidalgo, no parecía molesta ante los embistes amistosos del apuesto deportista. A tenor de sus resplandecientes sonrisas y sus contoneos sobre la pista, la Costa no parecía muy afectada por su ruptura con Hidalgo. Quizás por eso no sorprende que Fernando Verdasco siguiera sus movimientos con una mirada que alimentó pasiones ajenas. Eso sí, me cuentan que entre ellos sólo existe una entrañable relación de amistad que, cuando el alba les pisaba los talones, les llevó a abandonar la discoteca por separado. Hacen apuestas sobre la fecha en la que se harán públicas las imágenes que, al parecer, se tomaron durante la juerga en Budha.
 
La Mosquera en casa
 
Primeras horas del pasado jueves. Raquel Mosquera era dada de alta tras llegar a un acuerdo con los médicos que le atendían. A su llegada a casa, sus hermanos, sus padres y la pequeña Raquelita la esperaban con los brazos abiertos: “Se fue a casa rodeada de los suyos”, me contó Chema, su representante, cuando contacté con él. Es el mismo que representaba a Toni hasta que éste le propuso hacer un montaje para sacar tajada. Chema, un caballero noble y siempre atento con la prensa, decidió dejar de llevar sus asuntos y dedicarse a otros personajes.
 
Eso sí, a pesar de que la peluquera se recupera satisfactoriamente de las lesiones hepáticas ocasionadas por la ingesta de líquido corrosivo, lo cierto es que tendrá que someterse a un tratamiento médico para que no recaiga en su enfermedad psicológica. Está contenta, aunque solloza cuando se acuerda de los pensamientos que la invadieron aquella fatídica mañana en la que intentó quitarse la vida. Sus familiares más cercanos, entre los que no se encuentra el Toni Anikpe que hace unos días protagonizó una acalorada discusión con el padre de la Mosquera, me insisten en que no desean que Anikpe siga aparcando en la vida de la estilista. Sus visitas al domicilio se producen con cierta asiduidad porque, por arte de birlibirloque, ha decidido guardar una excelente relación con su pequeña. Me cuentan que el nigeriano se reencontró con Mosquera y que el encuentro fue frío pero emotivo. Raquel sigue enamorada de él y no sería de extrañar que, pese a la negativa evidente de su familia, volvieran a retomar la relación. Una dura realidad que los familiares se resignan a aceptar: “No queremos saber nada de él”, me dijeron hace unos días. Tiempo al tiempo.
 
Por Saúl Ortiz