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Y su operación de pechos

El bailarín de la Bordiú

Abril 5, 2010

Dicen que la nieta del Caudillo mantiene una estrecha relación amistosa con un bailarín que colabora en un programa de televisión. Ella calla, igual que lo hace sobre los rumores de una supuesta operación mamaria.

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El día en el que Carmen Martínez Bordiú reapareció en los medios de comunicación como colaboradora trifásica en el ‘Mira quien Mira’ que dirige con éxito el catalán David Valdeperas, más de uno se quedó boquiabierto. Y siguen asombrados. No es de extrañar, pues de pasar de ser un personaje comodín para los programas del corazón se convertía en contertuliana ácida y mordaz. Todo un descubrimiento, o no tanto, que al menos no está dejando indiferente a nadie. Ella sabe que en esto de la televisión, lo peor es pasar desapercibido. Por eso todo lo que hace se convierte en noticia. De hecho, durante las últimas semanas dicen, cuentan, explican y hasta cavilan acerca de los rumores que la sitúan muy cerca de David Agramunt, un apuesto bailarín que desde hace algunas semanas muestra sus dotes artísticas en el light night de Telecinco. Insisten en que entre ellos hay una química especial que traspasa las pantallas. Se miran, se miman y hasta se susurran cuando creen que nadie les ve. Han hecho muy buenas migas. Es una especie de runrún empalagador que danza alegremente por todas las redacciones y corrillos periodísticos. Tiran a dar. Sus más cercanos, sin embargo, advierten que las insinuaciones de los maldicientes no son más que burdos infundios irreverentes que pretenden sesgar su buena sintonía con José Campos, quien, por cierto, ostenta una condena judicial por amenazas de muerte. Eso sí, nadie habla de relación sentimental -¡sólo faltaba!- ni tan sólo de coqueteo primaveral, sino de una férrea amistad, algo caprichosa y zancuda, que ha llamado la atención de propios y extraños. Mascullan sin rubor. De momento, lo único cierto es que con David mantiene una buenísimo ‘colegueo’ desde que ella, arrítmica perdida, intentaba contonearse en una de esas ediciones almibaradas de ‘Mira quién baila’ que Anne Igartiburu presentó en Televisión Española. Tanto, que incluso hace unos meses Carmencita se lo llevó a un desfile de Francis Montesinos en el que todo fueron piropos, flores y merengue. Sería absurdo que una aristócrata de sus dimensiones acabara despojándose de sus zafiros y diamantes para colocarse una faja ajustable y un tutú multicolor. No la veo.
 

Silencio ante la operación de pechos

 
Pero ella, Bordiú hasta la muerte, prefiere no decir nada. Nunca está de más negar o confirmar, subrayar o tildar mediante una exclusiva en una de sus revistas de cabecera. Esas que todavía le rinden pleitesía siendo descendiente de la morralla más putrefacta de España. Carmen enmudece siempre que su vida se convierte en polémica. Y más ahora cuando todo el mundo habla de una supuesta operación mamaria a la que se habría sometido para aumentar su ‘pechonalidad’. Eso, o Carmen utiliza un sujetador que debería ser Patrimonio de la Humanidad. Desborda por arriba y por abajo. Nadie sabe si la aparente intervención ha sido para igualar o para desviar, pero ella ni confirma ni desmiente: “¿tú me ves bien? Pues eso es lo que importa”, le espetó a la Llasera cuando le preguntó por los rumores. Se hubiera quedado patidifusa si la respuesta hubiera sido sincera, pero mujer precavida vale por dos. Habrá que preguntarle a su orondo marido. Él es más de largar, aunque luego pida clemencia y huya de las cámaras y de los programas del colorín. Es lo más in, incluso cuando es de sobras conocida su afición por el cuché. Él lo debe saber, a no ser que ande más preocupado en acicalar su profusa barba que de palparle los senos a su mujer. Eso ya sería lo último. ¡Qué horror!
 
Por Saúl Ortiz (saul@extraconfidencial.com)