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El Arropiero, el mayor asesino en serie de la historia de España

Enero 8, 2016
arropiero

Manuel Delgado Villegas, El Arropiero, fallecido a los 55 años de edad en el Hospital Can Ruti de Badalona, está considerado como el mayor criminal de la historia reciente de España, un asesino en serie sanguinario que confesó el asesinato de su novia en 1971 y el de 47 personas más entre los años 1964 y 1971. Las autoridades le comparan con Jack El Destripador o El Estrangulador de Boston.

La policía investigó un total de 22 muertes, aunque finalmente solo pudieron probar que era autor de ocho, las que ocurrieron en los municipios catalanes de Mataró, Llorac (Tarragona) y Barcelona. Nunca se le pudo juzgar por los crímenes que se le imputaban, aun así estuvo en prisión un total de 26 años tras ser detenido el 18 de enero de 1971 en El Puerto de Santa María (Cádiz) por el asesinato de su pareja, Antonio Rodríguez Delinque.

El Arropiero llegó a la comisaría detenido únicamente por este crimen. Lo que no se podía esperar ninguno de los policías que se encontraban allí era que el delincuente acabaría confesando numerosos crímenes más durante los interrogatorios, tantos que, si no llega a ser por los escabrosos detalles que daba de ellos, no le habrían creído.

Cronología de los crímenes

Manuel Delgado Villegas nació el 25 de enero de 1943 en Sevilla. Su madre falleció al dar a luz con tan sólo 24 años por lo que tanto él como su hermana, Joaquina, tuvieron que ser criados por su abuela. Recibió el apodo por el que sería conocido el asesino de su padre, un hombre que vendía arrope, un dulce de higos.

Tuvo una infancia normal. Como muchos de los niños de la época no le gustaba asistir a la escuela por lo que se marchó sin saber prácticamente leer ni escribir. Desechado el mundo académico, ingresó con 18 años de manera voluntaria en la Legión donde, entre otras cosas, aprendió algunos golpes mortales como, por ejemplo, el de golpear con la mano abierta en el cuello, que utilizó para asesinar a muchas de sus víctimas.

Acabó desertando de la Legión y ahí comenzó su carrera criminal en nuestro país y también en Francia e Italia hasta que el 18 de enero de 1971 fue detenido por la muerte de su pareja, su última fechoría, el punto y final de ese camino lleno de cadáveres que había ido dejando a sus espaldas.

Primeras víctimas

Antonia Rodríguez era una mujer de 38 años, soltera y deficiente mental. El día del asesinato ella y el Arropiero estaban manteniendo relaciones sexuales en un campo solitario al que habían acudido con la moto del delincuente. Los expertos aseguran que no fue un crimen premeditado. Simplemente durante el acto sexual Manuel no pudo controlar sus impulsos, ese monstruo que llevaba dentro, y, como había hecho en numerosas ocasiones anteriormente la acabó estrangulado mientras hacían el amor con los propios leotardos que llevaba la mujer.

No obstante, hay no terminó la tortura de Antonia Rodríguez, ya que una de las practicas que más le gustaban al criminal era la necrofilia, abusar sexualmente de los cadáveres de las personas que había asesinado una y otra vez.

Tras este crimen la policía le detuvo y, una vez en la comisaría, comenzó a relatar su macabra biografía asesina. Declaró, por ejemplo, haber matado a una mujer a navajazos en Alicante o estrangular con un cable a un homosexual en Barcelona.

El primero de los crímenes que la policía pudo comprobar fue el asesinato del cocinero Adolfo Folch Muntaner, al que le destrozó el cráneo a base de golpearle con una piedra para después robarle, el 21 de enero de 1964 en una playa de Cataluña.

El siguiente asesinato comprobado fue el de la estudiante francesa Margaret Helene Boudrie en una masía en Ibiza. El Arropiero confesó que se había ganado su confianza y, tras robarle, la había asesinado mientras ella se revolvía para abusar después de su cadáver.

Internamiento en el Hospital Psiquiátrico

Otro de los crímenes que pudo comprobar la policía fue el de la anciana de 60 años Anastasia Borrilla Moreno en Mataró. Según explicó el propio asesino durante los interrogatorios, ese día tenía “ganas de mujer”. Por este motivo, cuando se encontró con la señora le preguntó si quería mantener relaciones sexuales con él a lo que esta reaccionó indignada, amenazando con llamar a los cuerpos y fuerzas de seguridad. Eso molestó al asesino que acabó terminando con su vida a base de golpes con un ladrillo y lanzando su cuerpo al torrente seco. No obstante, como podía observar su cadáver desde arriba, Villegas se excitó y acabó bajando para mantener relaciones con el cuerpo inerte de su víctima.

Tras todos los relatos atroces que poco a poco la policía iba comprobando que eran ciertos, la Audiencia Nacional ordenó su internamiento en el Hospital Psiquiátrico Penitenciario de Carabanchel (Madrid), donde fue sometido a régimen carcelario. Los informes clínicos le calificaban como alguien desequilibrado, esquizofrénico, con un cuadro megalomaníaco y desorientación tempo-espacial así como tendencia al autismo.

La reforma del Código Penal favoreció su liberación porque no podía continuar internado en un centro psiquiátrico penitenciario, ya que la ley decía que estos solo podían permanecer recluidos durante el tiempo que durase su condena y el no había tenido ningún juicio. De esta manera, en diciembre de 1996 la Audiencia Nacional ordenó su traslado al psiquiátrico de Santa Coloma de Gramanet (Barcelona). Finalmente, falleció el 2 de febrero de 1998.

Su entrevista en TVE

Tras sus asesinatos se le pudo ver en una entrevista en Televisión Española en la que el criminal aparecía deteriorado, con barba y con una dicción con la que prácticamente no se le entendía nada. En la misma, se definía como un hombre “tranquilo” que no se metía con nadie y con una única cosa que le podía poder nervioso: carecer de tabaco.

Lo que más me gusta son las mujeres”, decía a pesar de haber acabado con la vida de muchas de ellas con sus propias manos. “La mujer te pare, te mantiene y te enseña cultura”, añadía respecto a este tema. “El hombre que piensa mucho se vuelve majara”, sentenciaba durante la entrevista.

Alexandra Manzanares