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Espartaco muy enfadado

El amor imposible de Patricia Rato

Septiembre 30, 2010

Con el paso del tiempo, Espartaco aprendió a vivir con tamaña decepción. De hecho, aguantó que su mujer, ya separada, coqueteara incansablemente con él. Fue, quizás, la mayor puñalada trapera que jamás pudo imaginar. Aguantó y vivió. Lo que no entiende –y ni siquiera aprueba- es que su todavía mujer consienta que su hija esté cerca de él, a sabiendas de la fama que le precede y del interés que su vida sentimental suscita en los fogones del corazón. Comprensible, sobre todo teniendo en cuenta que Rato aboga por la protección de su intimidad y la de quienes la rodean. No es tan fiero el león como lo pintan.

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Espartaco está que trina. Las incendiarias declaraciones que Patricia Rato ha concedido a un periódico digital le han cabreado sobremanera. No entiende su constante victimismo ni el afán de transmitir una tristeza que parece doblez. El comunicado que Juan Antonio envió a los medios de comunicación no pretendía ser una caza de brujas, sino una exposición total de sus sentimientos e inquietudes. Las tres páginas en las que se divide su confesión son Espartaco en estado puro. Sin dobles intenciones ni rarezas. Está harto del bombardeo que se produce en la trastienda. Cansado y abatido, Juan Antonio quiso aclarar todo aquello que es controvertido en su vida actual. Por eso no entiende el envite de su todavía mujer: “Estoy muy triste, dolida por mis hijos y por mí y humillada como mujer. No me esperaba este comunicado, porque no se ajusta a la verdad. Hemos estado casados veintiún años y no reconozco sus palabras. Nunca he hablado por respeto a mí misma y, repito, porque tenemos tres hijos que se merecen una deferencia que parece que algunos han olvidado”, dice algo angustiada.
Patricia y un torero
Vuelven las especulaciones. Espartaco levantó la sospecha en su comunicado: “Cuando decidimos separarnos hace cinco años, ya sobrevoló la sombra de un personaje que no se ha ido de momento”. Él es un hombre de fama internacional que en la actualidad mantiene un claro acercamiento a la familia de Patricia Rato. Me cuentan que Patricia hierve cada vez que lo tiene cerca. A pesar de que antaño mantuvieron más que pensamientos libidinosos, en la actualidad son protagonistas de un amor imposible. La pasión de la juventud se ha reciclado en una amistad que parece hermanamiento. Por eso ambos luchan contra los bombeos del corazón. La relación del hombre y Espartaco es otro cantar. El enfrentamiento que mantienen en la actualidad es realmente terrorífico. La buena sintonía que mantuvieron en el pasado, ha acabado en rifirrafe continuo. Juan Antonio jamás podrá olvidar que ese al que llamaba amigo acabaría contándole a Patricia todas sus confesiones, miedos y temores. Traición que dolió y molestó hasta el extremo. Con el paso del tiempo, Espartaco aprendió a vivir con tamaña decepción. De hecho, aguantó que su mujer, ya separada, coqueteara incansablemente con él. Fue, quizás, la mayor puñalada trapera que jamás pudo imaginar. Aguantó y vivió. Lo que no entiende –y ni siquiera aprueba- es que su todavía mujer consienta que su hija esté cerca de él, a sabiendas de la fama que le precede y del interés que su vida sentimental suscita en los fogones del corazón. Comprensible, sobre todo teniendo en cuenta que Rato aboga por la protección de su intimidad y la de quienes la rodean. No es tan fiero el león como lo pintan.