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Fernando Martínez de Irujo: "La boda de mi madre se ha parado completamente"

El amor imposible de la Duquesa de Alba

Agosto 31, 2008

La Duquesa de Alba ya no contraerá matrimonio con Alfonso Díez. Pese a que muchos esperaban que la aristócrata pasara por la vicaría 60 años después de su primera boda, sus planes han fracasado. Dicen que Alfonso mantiene una relación sentimental con otra persona. ¿Habrá influido en su decisión?

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Ya no se casa. La Duquesa está triste y derrama lágrimas de impotencia por todos los rincones de Palacio. Dicen que tiene una ilusión por usar y que los secretos que endulzaban el aire han pasado a oscurecer su presente. La boda con Alfonso Díez, un apuesto mozarrón de 58 años, se ha quedado en un sueño que nunca llegará a cumplirse. Al menos públicamente, pues hay quien todavía no descarta que doña Cayetana se ponga el mundo por montera y contraiga matrimonio cuando nadie se lo espere. El reciente comunicado remitido desde la Casa de Alba ha frenado un sinfín de runrunes e informaciones que pusieron en la picota informativa a tan emblemática dama.
 
¿Un motivo más?
 
A pesar de que los verdaros motivos que han llevado a anular los planes de boda todavía no han trascendido, los maledicientes se preguntan si entre los protagonistas ha habido sinceridad absoluta. Alfonso y Cayetana, en mi opinión, son almas gemelas en cuerpos incompatibles. Me cuentan que el maromo de la sonrisa cándida mantiene un romance desde hace algo más de un lustro con otra persona a la que juró amor eterno. Insisten en que Alfonso tiene el corazón en barbecho desde que decidió probar los besos curativos de su acompañante, que logró pintarle una sonrisa en tiempos de alferecía sentimental. A pesar de que todavía no han sellado oficialmente su ronroneo -conocido y hasta aprobado en eclécticos círculos sociales- aseguran que el compromiso de contraer matrimonio fue adquirido durante una noche en la que les acompañó una fina lluvia de espuma plateada. Conocedores de su idilio, los que un día fueron sus amigos cavilan acerca de los verdaderos motivos que llevaron al funcionario a arrejuntarse con la Duquesa de Alba, con la que comparte interesantísimas conversaciones y apasionados abrazos. Lo que a priori parece una entrañable relación de amistad, se ha convertido en un absurdo y constante goteo de sinsentidos y especulaciones que, aún siendo picasianas, están resultando ciertas con el paso del tiempo. De momento, y ante la avalancha de fotógrafos y periodistas que se agolparon en las inmediaciones de su domicilio en Madrid, Alfonso Díez, que en el último año ha conseguido 273.000 euros en ventas con su empresa de publicidad y comunicación, puso pies en polvorosa rumbo a lo desconocido. No es de extrañar, aunque tiene el apoyo y benevolencia de su hermano Pedro, no se siente cómodo en el centro del huracán. Pedro, que mantuvo una estrechísima relación de amistad con Jesús Aguirre, es uno de sus más sinceros confidentes.
 
“Está todo completamente parado”
 
Cuando los hijos de la Duquesa se enteraron por televisión que su madre iba a contraer matrimonio con un hombre que podría haber nacido de sus entrañas, sus caras empalidecieron notablemente: “No es posible”, le espetó Eugenia a un amigo. No hay duda que la noticia les sobrecogió sobremanera. No porque no comprendan que una octogenaria también tiene derecho a enamorarse de alguien mucho más joven, sino por el amargo secretismo con el que se había organizado todo: “¿No crees que puede ser todo un invento?” me preguntó, con la voz algo quebrada, Fernando Martínez de Irujo, baluarte de la buena educación y la sinceridad. Días más tarde, un Fernando algo más alegre me confirmaba que los planes de su madre habían fracasado: “Está todo completamente parado pero, eso sí, no ha hecho falta que nos reuniéramos los hermanos. Ha sido todo más espontáneo”. Lo que pocos saben es que el Duque de Huéscar mantuvo una agitada conversación, casi clandestina, con Alfonso Díez. Me cuentan que las palabras del bueno de Carlos lograron hacerle recapacitar y comprender que, pasar por la vicaría, no era la mejor opción. Otros, sin embargo, aseguran que también Juan Carlos, rey de España, medió en el asunto de marras. Los más atrevidos insinúan haber tenido acceso a una grabación telefónica en la que el monarca reprende a la aristócrata. ¿Quién habrá grabado tan didáctica charla? Seguro que Jaime “Gachet” Peñafiel nos saca del atolladero. Ab imo pectore.
 
Por Saúl Ortiz