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Primer reconocimiento de que la posibilidad de derrota es más que probable

El alcalde cambia el discurso: sin Juegos Olímpicos, Madrid ya ha mejorado

Abril 23, 2009

La certeza de que Madrid organizará los Juegos del año 2016 que hasta el momento ha mantenido el alcalde de la capital, Alberto Ruiz Gallardón, ha pasado a convertirse en un “si no nos los dan, la ciudad ya se ha beneficiado con la transformación”. Ese fue el discurso que mantuvo Barcelona durante varias décadas hasta que por fin organizó los Juegos de 1992, y efectivamente para ese año la Ciudad Condal ya se había convertida, con o sin Juegos, en la ciudad moderna que todos conocemos.

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El problema es que para Gallardón no obtener esa nominación el próximo mes de octubre supondría un duro golpe en lo personal y en lo político, en su hoja de ruta hacia la presidencia del Gobierno español. Por si sí o por si no, ayer desvelaba que un estudio realizado del propio Ayuntamiento, con asesoramiento externo, asegura que Madrid ya ha obtenido un enorme beneficio por ser condición de ciudad candidata, los organice o no. Fueron sus propias palabras, al tiempo que informaba que las empresas colaboradoras han aportado 22 millones de euros, sin que la crisis les haya hecho desistir del proyecto.
No dijo si en ese informe se contaba que toda esa gran mejora sufrida por la ciudad –mejora evidente, pero con el sacrificio de vecinos y visitantes- era la causa principal del gigantesco endeudamiento del Ayuntamiento, cifrado oficialmente en 6.684 millones de euros, que no va a haber forma humana de saldarlo, salvo con la subida de impuestos.
Ya saben que la elección de la ciudad olímpica será el 2 de octubre en Copenhague, y que la Comisión de Evaluación del Comité Olímpico Internacional visitará Madrid del 4 al 9 de mayo próximos para emitir su informe final sobre la sede. De momento, y salvo que se lo solucionen negociando con los sindicatos, para esos cinco días está convocada huelga en el Metro de Madrid, lo que se traducirá en un caos absoluto en cuanto a tráfico. El alcalde no amenaza a los sindicatos, pero de aquí esa fecha le resulta imprescindible solucionar ese problema. Si no, su capricho se puede ir por la alcantarilla.