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Ed Gein, el carnicero de Plainfield que se travestía con las pieles de sus víctimas y los cadáveres que robaba de los cementerios

Noviembre 19, 2015
ed gein

Ed Gein, más conocido como el carnicero de Plainfield, fue un asesino y ladrón de cadáveres estadounidense. Tras detenerle, las autoridades descubrieron que exhumaba los cuerpos de los cementerios locales y formaba trofeos y recuerdos con sus restos, llegando incluso a construir muebles para su propio hogar a base de huesos y piel.

En cuanto a los crímenes, Gein solo confesó haber asesinado a dos mujeres, la dueña de una taberna de la zona, María Hogan, el 8 de diciembre de 1954, y la dueña de una ferretería, Bernice Worden, el 16 de noviembre de 1957, aunque los investigadores siempre han mantenido la teoría de que en realidad hubieron más víctimas.

La enferma relación con su madre

Ed Gein nació el 27 de agosto del año 1906 y creció en el seno de una familia problemática. Su madre, una mujer extremadamente religiosa y muy tacaña con el dinero, le daba palizas de muerte a su padre alcohólico. Como este no tenía valor para enfrentarse a su mujer, se desquitaba de los golpes de esta con sus hijos, dándoles palizas de manera continua, motivos por el que los dos hermanos tuvieron que recibir asistencia médica en numerosas ocasiones.

Por su parte, su madre, para impedir que se transformasen en el reflejo de su padre, les infringió una disciplina durísima que llegaba incluso a extremos como no dejarles ir solos al baño para que no tuvieran la tentación de masturbarse. De esta manera, el asesino vivió 39 años en compañía de su progenitora y, cuando esta murió de un infarto, algo se quebró en su mente.

Para los vecinos era un hombre reprimido, tímido, poco sociable y casi ermitaño que vivía solo en la granja de su familia con el único sustento que el poco dinero que obtenía de hacer chapuzas. Un hombre bonachón, trabajador y respetable que no era capaz de hacer daño a nadie.

Los crímenes

Mary Hogan, la dueña de un local de copas, desapareció sin dejar rastro en extrañas circunstancias. El dueño del aserradero, que se había percatado de que Gein se quedaba observando a la mujer fijamente día tras día y había llegado a la conclusión de que estaba enamorado de ella, fue a hablar con el asesino. Sin embargo, la conversación que ambos mantuvieron no fue tal y como su vecino esperaba ya que, tras preguntarle si sabía algo de la desaparición de Mary, Ed contestó “no está desaparecida, ahora mismo está en mi granja”. La extraña respuesta puso en aviso a este señor que, tras descubrir que había sangre cerca del bar donde trabajaba la desaparecida, no dudó en informar de ello al Sheriff de Wisconsin.

Este no le dio importancia al testimonio del dueño del aserradero hasta que otra mujer desapareció en 1957, la propietaria de una ferretería de la zona, Bernice Worden.  La pista clave estaba en la libro de registros de la víctima puesto que Gein compró en la tienda anticongelante para su furgoneta antes de asesinarla por lo que su nombre figuraba en el último recibo. Eso le convertía en el último cliente y el principal sospechoso. Además, mató a Bernice con un certero disparo en la cabeza con el viejo rifle de su padre y arrastró el cuerpo por todo el local hasta la furgoneta por lo que había un rastro en el suelo y en el vehículo.

Con estas pistas, el Sheriff ordenó su detención y el registro de su vivienda, que pasaría a ser conocida como “la granja de los horrores”. Nadie podía sospechar lo que se iban a encontrar en su interior. Incluso los policías más experimentados confesaron haber tenido pesadillas durantes los meses que siguieron a ese cruento descubrimiento. Lo primero que vieron una vez entraron al interior fue el cuerpo de Worden en un cobertizo colgando de los tobillos, decapitado y abierto por el torso.

Cráneos partidos, sillas hechas con piel humana…

Pero no solo encontraron los cadáveres de las dos desaparecidas sino restos humanos de múltiples personas, de numerosos cuerpos que había robado Gein de los cementerios. Entre otras cosas, había cráneos partidos por la mitad en la cocina que utilizaba como vasos para beber, sillas hechas con piel humana y huesos, prendas hechas con cuerpos que se ponía para estar por casa, caras humanas que utilizaba como máscaras de decoración del comedor, un corsé hecho de un torso femenino sin piel, un cinturón hecho con pezones femeninos y cuatro narices.

Según confesó al Sheriff, su afición por la anatomía humana vino de la época en la que su madre no le dejaba salir de casa y pasó muchas horas delante del televisor. Algunos medios señalan que incluso pensó en convertirse en mujer y por eso le gustaba travestirse con sus pieles. Cuando los agentes le tomaron declaración, Gein confesó haber matado a Worsen, pero no recordaba haber hecho lo mismo con Hogan.

En cuanto al resto de cuerpos humanos, explicó que tenía necesidad de profanar tumbas y lo había hecho en más de diez ocasiones. El ritual que seguía era leer las necrológicas de los periódicos a diario y, cuando aparecía el nombre de una persona que conocía, iba esa misma noche al cementerio a robar su cadáver para llevárselo a su casa, rellenando la tumba con arena para no ser descubierto. No obstante, nunca admitió que cometiera canibalismo y negó haber mantenido relaciones sexuales con las fallecidas argumentando que “olía muy mal”.

En 1968, Gein fue acusado de asesinato en primer grado y se le declaró culpable pero legalmente demente por lo que fue enviado a una institución psiquiátrica. El 26 de julio de 1984 murió en Mendota Instituto de Salud Mental por cáncer e insuficiencia respiratoria. Su cuerpo está en el cementerio de Plainfield en una tumba sin marcar.

El asesino enamorado de su madre

Algunos psiquiatras forenses que le examinaron llegaron a la conclusión de que, al haber estado durante 39 años las 24 horas del día con su madre, Gein se enamoró de ella y, cuando murió, necesitaba buscar sustitutas de su progenitora, el complejo de Edipo.

Ed Gein y sus macabros crímenes inspiraron obras claves como el personaje Norman Bates en la novela de Robert Blonch, Psicosis, Leatherface en la popular película La matanza de texas o Buffalo Bill en El silencio de los corderos.

 Alexandra Manzanares