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Duque de Edimburgo: se retira el último de los grandes pero sí recibirá al rey Felipe VI y a doña Letizia

Mayo 5, 2017
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La convocatoria de urgencia la noche del pasado miércoles de todo el numeroso personal de grado superior de las residencias reales británicas, llamado a personarse en el palacio de Buckingham a la mañana siguiente para un anuncio por parte de la Casa Real británica, disparó todas las alarmas, no solamente en el Reino Unido, sino también fuera de él por la marcada edad de la reina Isabel y de su esposo, el duque de Edimburgo. Si bien esos encuentros con el personal palaciego se producen de manera regular por deseo de la corona británica, siempre muy respetuosa con su personal de servicio, la premura y la excepcionalidad en este caso hicieron temer inmediatamente por la salud del anciano duque, que a sus 96 años es el gran decano de la realeza europea de primer orden tras el reciente fallecimiento en Madrid de la infanta doña Alicia a los 9 años.

A Londres voló desde Escocia el personal del palacio de Balmoral, uniéndose al del palacio de Sandringham, ambas propiedades personales de la reina, y al del castillo de Windsor -que es en estos tiempos la residencia prácticamente habitual de la soberana-, que en los últimos ha preferido huir del bullicio londinense.

Pero finalmente, los temores resultaron infundados pues todo quedó en el anuncio formal de la próxima despedida, en el mes de agosto, del duque de Edimburgo de la vida oficial de la esfera social británica. Una forma sin duda extraña e intrigante de comunicar algo que, de forma natural, podría haber sido notificado previamente a la prensa. Hasta los medios españoles barajaron un posible anuncio de la abdicación de la soberana, aunque en Inglaterra los reyes no abdican y menos aún Isabel II que durante años sufrió en carnes propias los perturbadores efectos de la abdicación de su tío el duque de Windsor.

Siempre al pie del cañón

Hasta el presente, Felipe de Edimburgo, nacido príncipe Felipe de Grecia y posteriormente nacionalizado ciudadano británico como Felipe Mountbatten en vísperas de su boda con la entonces princesa de Gales, siempre había intentado mantener contra viento y marea sus todavía numerosos actos oficiales a pesar de su ya precaria salud. Con su conciencia de viejo soldado que llegó a servir durante la Segunda Guerra Mundial, y con la tozudez y el un tanto cínico sentido del humor que le caracterizan, el duque siempre se había mantenido al pie del cañón imbuido como está de la gran importancia de la función regia.

Una actitud que le había llevado a participar en numerosísimos actos, tanto en solitario como en compañía de la reina Isabel -ella atendió unos imponentes 300 actos a lo largo de 2016-, que con ocasión del anuncio de la retirada de su esposo ha querido dejar claro su apoyo incondicional al que desde 1947, y a pesar de algunos disgustos, viene estando junto a ella.

Hasta el mes de agosto Felipe de Edimburgo atenderá a todo cuanto por el momento tiene ya comprometido en su agenda, pero a partir de esa fecha se considerará plenamente retirado reservándose la potestad de elegir asistir a ciertos actos en función de sus deseos. Si continuará asociado a las más de 780 organizaciones y asociaciones de las que es patrono, pero sin tomar una parte oficial activa tras una larga vida que recientemente él mismo resumía al calificarse como “el hombre más experto del mundo en el arte de desvelar placas conmemorativas”.

Recibirá a los reyes de España

La jubilación de Edimburgo recuerda a esa otra del príncipe consorte Enrique de Dinamarca, que el 1 de enero de 2016 decidió retirarse de la vida pública para llevar una vida más tranquila entre Dinamarca y su castillo de Caix en Francia, quedando la reina Margarita II sola en lo que respecta a los grandes actos oficiales. Pero en el caso británico el apartamiento del consorte de Isabel II de la vida oficial coincide con el también reciente y significativo anuncio de que, tras las próximas Elecciones del 8 de junio en el Reino Unido, la apertura del nuevo parlamento el día 19 de ese mes, una ceremonia revestida siempre de gran boato, verá reducido su grado pompa y circunstancia pues la reina Isabel no revestirá ni el pesado manto real recamado de armiño ni la incómoda coronal imperial de estado. Un detalle significativo que quizá sirve de indicador de las crecentes limitaciones físicas de la reina a sus 91 años.

En cualquier caso la salida de escena de Edimburgo tiene una gran significación simbólica, pues él ha estado fuertemente asociado a la corona desde los aciagos años de la segunda gran guerra, durante casi 70 años se ha hecho presente en todas las esferas de la vida del Reino Unido, ha contribuido a acuñar la imagen de la familia real, y con él desaparece el último de los grandes tanto por sangre como por su postura a momentos muy conservadora en todo cuanto toca a cuestiones de rango, posición y ceremonial.

Sin embargo, aún podremos verle recibir a los reyes don Felipe y doña Letizia durante su próxima visita oficial a Inglaterra, prevista entre el 6 y el 8 de junio. Sin duda la última oportunidad para ver a Edimburgo recibir a los hijos de su sobrina la reina Sofía en medio del magnífico ceremonial que es de esperar que la corte británica despliegue en el castillo de Windsor. Doña Letizia aún tendrá así la fortuna de alcanzar a conocer de cerca a este último gran eslabón con los gloriosos tiempos del gran pasado, pues no hay que olvidar que Felipe de Edimburgo es sobrino nieto de la última zarina de Rusia, Alejandra de Hesse y del Rin, asesinada por los bolcheviques en Ekaterinburgo en el lejano verano de 1918.

Ricardo Mateos