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A QUIÉN CORRESPONDA

A QUIÉN CORRESPONDA

Drama y luz en el automovilismo español de la mano de Carlos Sainz y Fernando Alonso

Mayo 29, 2017
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El último domingo de mayo ha sido agridulce para el automovilismo español, pero dentro de lo que cabe feliz para muchos. Con lo ocurrido se demuestra que este deporte alberga a dos de los más brillantes y admirados representantes más del planeta. Carlos Sainz y Fernando Alonso tuvieron a los aficionados con el corazón en un puño durante una sola jornada, aunque separados por 7.346 kilómetros a pesar de vivir carreras deportivas paralelas. Madrileño y asturiano vivieron a su manera un lance de su destino, cada uno con un final distinto.

Sainz acabó sexto en Mónaco en su mejor actuación en lo que va de calendario con una posición impropia de la montura que maneja. El hijo de El Matador avisó durante los entrenos libres de que el asfalto monegasco le sentaba bien a su Toro Rosso, y a Carlos parecía gustarle el complejo trazado urbano. Las calles de Mónaco recibieron mejoras en su superficie en algunas zonas y el STR12 se adaptó a ellas como pocos mostrando una tracción excelente. En la pista más lenta y ratonera de todo el calendario las carencias en el plano de la caballería quedaron enmascaradas y Carlos acertó al volante. No se complicó con el tráfico, sus paradas fueron precisas, y se defendió de un Lewis Hamilton que en la fase final de la carrera y antes de la salida de un Safety Car le recortaba a razón de un segundo por vuelta. Sainz se confirma sin lugar a dudas como uno de los pilotos que debería estar en los planes de futuro de las escuderías grandes. Sigue dando alegrías a unos aficionados que suplieron en el Gran Premio de Mónaco la ausencia de su amigo Fernando.

Final agridulce de Fernando Alonso en Indianapolis

El piloto de McLaren por su parte ha padecido un final agridulce a su aventura americana. Su motor Honda dijo basta cuando a veintiún giros del final de una carrera programada a doscientas volaba hacia puestos de cabeza. Su propulsor desfalleció al igual que lo hace en la Fórmula 1, y sus esperanzas de ganar quedaron tan disipadas como el humo que salía de su coche varado en el mítico óvalo norteamericano. El bicampeón arrancó en segunda fila de parrilla de las 500 Millas de Indianápolis y muchos nombres de peso apostaban por su victoria. Al revés que en la Fórmula 1, en esta categoría resulta incierto prever quien puede ser el vencedor, pero los entrenamientos dejan pistas sobre quien es realmente rápido, y Alonso lo fue de manera instantánea. En las pruebas para novatos y refresco de antiguos participantes realizó el mejor registro. Cuando otros participantes más experimentados se fueron sumando, el asturiano quedó relegado a puestos menos favorecedores, espacio que poco a poco fue recuperando hasta alcanzar el quinto puesto en parrilla de salida. Esto puede parecer poco, pero para un novato fue un logro enorme; pasó por delante de otros veintiocho participantes, muchos de ellos veteranos de la pista, la categoría y acostumbrados a este tipo de monoplaza.

En carrera Alonso demostró su valía al avanzar puestos desde el primer momento y fue el tercer participante que más vueltas lideró. La carrera fue accidentada, de hecho, se neutralizó en varias ocasiones debido a aparatosos accidentes como el protagonizado por Scott Dixon, escalofriante. A pesar de que su Dallara DW12 acabara partido en dos, el poleman pudo salir por su propio pie de entre los restos humeantes del bólido fabricado en Italia. Tras otro incidente cerca del final, el de Oviedo se vio obligado a salir a pista en una situación desfavorable, noveno. A apenas quince minutos de ver la bandera a cuadros y cuando avanzaba a toda máquina en séptima posición, su motor desfalleció. Fueron varios los Honda que se rompieron en entrenos y en carrera. Precisamente Alonso recibió uno nuevo poco antes de participar en la tanda clasificatoria tras reventar otro cerca de boxes. De poco le sirvió usar uno nuevo en carrera. Ahí acabó todo para él. Poco después y envuelto en un incidente en pista el otro español de la carrera, Oriol Serviá, abandonó cuando se acercaba como un obús al liderazgo de la prueba con verdaderas posibilidades.

Fernando Alonso lo ganó todo menos la carrera

El vencedor de la prueba fue el japonés Takuma Sato, otro ex F1. A este le fue mejor con un motor Honda que si aguantó hasta el final, así que la marca acabó ganando a pesar de todo. Algún ácido observador norteamericano dijo que el Alonso lo ganó todo menos la carrera. Se ha metido en el bolsillo a los aficionados, los comentaristas y al resto de competidores. En Indianápolis sonó una salva de aplausos cuando Fernando se bajó de su coche malherido, y no ha parado de firmar autógrafos y conceder entrevistas durante toda su estancia. El resto de pilotos estaban encantados de tenerle allí, los corredores clásicos como Emerson Fittipaldi o Mario Andretti apostaron por su victoria, y los periodistas y expertos no han parado de alabar su concurso. En su rueda de prensa de despedida Alonso bebió de un tetrabrick de leche, que es lo que hacen los vencedores de la emblemática prueba y dijo a todos: “volveré”. Fernando Alonso no fue a Indiana a pasearse sino a ganar, y hasta que no cumpla su misión lo seguirá intentando. Mientras ese momento llega, se verá obligado a esperar a que su coche en la Fórmula 1 corra, o no le vuelva a dejar tirado. En Indianápolis es lo que le ha ocurrido, pero ha vuelto a casa con una sonrisa de oreja a oreja.

José M. Zapico

@VirutasF1