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La Ertzaintza detuvo a un fotógrafo donostiarra, conocido de la víctima, pero quedó absuelto en el juicio. No hay más sospechosos.

Dos décadas después del asesinato a puñaladas de Rosa María Oñeka, la investigación del crimen sigue sin resultados

Febrero 12, 2015

El 11 de febrero de 1995 apareció, cosido a cuchilladas, el cuerpo sin vida de Rosa María Oñeka, de 31 años. El cadáver fue descubierto en el balcón de la vivienda que Rosa compartía con otra joven en Irún, en Guipúzcoa.

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La víctima, natural de Ermua, estaba vestida, y había recibido las puñaladas en el pecho y el abdomen. Junto a ella había un cuchillo chuletero, y la vivienda no presentaba más signos de violencia.

El grupo de investigación de la Ertzaintza encaminó sus pesquisas en dirección a Cándido Desiderio O., un fotógrafo afincado en San Sebastián, que fue detenido el 10 de marzo de ese año. La Policía envió a estudio las manchas de sangre que cubrían el cuerpo de la mujer asesinada, así como una toalla encontrada en casa del sospechoso y que también estaba manchada de sangre. Los resultados eran coincidentes: en ambos casos había muestras de ADN de la víctima y del detenido. 

El ADN del sospechoso en el cuerpo de la víctima

Sin embargo, tras permanecer varias semanas preso, el juez encargado del caso decretó la puesta en libertad del fotógrafo, al considerar que las evidencias obtenidas no tenían suficiente peso probatorio. Poco después, como consecuencia de nuevas indagaciones, la Ertzaintza le arrestaba de nuevo, e ingresaba en la cárcel de Martutene.

En marzo de 1996 se celebró el juicio por el asesinato de Rosa María Oñeka. El fiscal pedía para Cándido 20 años de prisión. Éste explicó que conocía a la víctima desde noviembre de 1994, que eran simplemente amigos, y que la vio por última vez el 6 de febrero, cinco días antes del descubrimiento del cadáver. Luego relató que se enteró de la noticia en un boletín radiofónico a las 11 de la mañana, por lo que se trasladó al Hospital Nuestra Señora de Aránzazu. El fiscal le indicó que a esa hora ninguna emisora había dado aún la identidad de la fallecida, y aportó las transcripciones de los informativos. 

Absolución con críticas a la Erzaintza

A continuación declararon los testigos, 39 personas. El exnovio de la fallecida dijo que el sospechoso le confesó haber estado en Irún el día del crimen, algo que éste último negó. Los camareros de seis bares de San Sebastián donde Cándido dijo haber estado en la fecha de autos negaron haberle visto ese día. La dependienta de una tintorería testificó que el procesado le había llevado, días después del asesinato, una gabardina con manchas de sangre en la bocamanga izquierda.

Finalmente, el 7 de mayo de 1995, la Audiencia de San Sebastián absolvía al acusado, por entender que los indicios aportados eran meras conjeturas, que no había pruebas claras, y que a nadie se le puede condenar por no acreditar dónde o con quién estuvo en horas concretas. La sentencia también criticaba a la Ertzaintza porque su campo de investigación fue extremadamente reducido y porque en el registro de la vivienda de la fallecida fueron más los datos perdidos que los obtenidos. Respecto de los rastros de sangre de la víctima, el tribunal explicaba que el acusado podía haberse manchado en días anteriores al crimen, y que el gran número de puñaladas que recibió Rosa María hacían pensar en la actuación de varios autores. 

José Manuel Gabriel