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Celebración del 90 aniversario

Doña Sofía renueva su apoyo incuestionable a su primo Miguel de Rumania en Bucarest

Octubre 30, 2011
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Tal y como ya habíamos avanzado en esta misma columna, la reina doña Sofía no faltó el martes pasado, día 25, a la celebración del 90 aniversario de su primo hermano el ex rey Miguel I de Rumania, que tuvo lugar en Bucarest donde el viejo soberano se vio cálidamente arropado por toda su familia al completo y por muchos de sus parientes más queridos en días de enorme emoción y de redención de antiguas heridas.

La celebración tuvo también una marcada e importante dimensión política, pues el mismo día de su aniversario Miguel I pudo finalmente dirigirse abiertamente al parlamento rumano, por primera vez en 64 años, en una sesión no carente de controversia. Un acto lleno de emoción que terminaba con viejas heridas y nostalgias a pesar de la fuerte oposición del presidente del gobierno rumano, Traian Basescu, que en esos mismos días, y en un programa de televisión, llegó a acusar al ex rey de “traidor por haber aceptado abdicar y marchar al exilio a instancia de los comunistas” que en aquel 1947 se habían hecho con el poder total en el país.

Durísimas y sesgadas acusaciones que no recogen como Miguel I se vio, en realidad, forzado a abandonar Rumania en circunstancias muy dolorosas bajo la amenaza de que, en caso contrario, mil personas serían fusiladas sumariamente. En su discurso, lleno de reconocimiento al proceso de democratización del país, el soberano expresó: “En el día de hoy nuestra primera obligación es recordar a todos aquellos que murieron por mantener nuestra independencia y nuestra libertad en todas las guerras por las que hemos pasado, y también en los acontecimientos de diciembre de 1989 que hicieron caer la dictadura comunista. No podemos tener futuro si no respetamos nuestro pasado”.

Una larga lista de invitados

Entre tanto todos los invitados reales, que conformaban una larga lista, se habían ido congregando desde el día anterior en Bucarest destacando entre ellos la reina doña Sofía (con su perrito Yorkshire llamado “Tipsy”), que llegó acompañada por su hermana la princesa Irene y por su íntima amiga y prima la princesa Tatiana Radziwill (y su esposo el doctor Fruchaud), los reyes Carlos Gustavo y Silvia de Suecia (llegados tardíamente desde los Estados Unidos), el gran duque Enrique de Luxemburgo con su hermano Guillermo y su cuñada la princesa Sybilla, el rey Simeón de Bulgaria (en solitario), los duques de Braganza, los duques de Aosta, los margraves de Baden, el príncipe Nicolás de Montenegro, la gran duquesa María Wladimirovna de Rusia, los príncipes Alejandro y Wladimir de Yugoslavia con sus esposas, los príncipes herederos de Wurttemberg, la condesa Madeleine Bernadotte, el príncipe Jorge Federico de Prusia y su esposa, la princesa Margarita de Luxemburgo, la viuda del príncipe Alejandro de Bélgica, los archiduques Jorge y Martín de Austria con sus esposas, y un largo etcétera, aunque sorprendieron algunas marcadas ausencias como la del rey Constantino de Grecia (quizá por motivos de salud), el margrave Mauricio de Hesse y, fundamentalmente, la representación de la casa real británica (el príncipe de Gales había sido invitado).

El numeroso y colorista grupo de invitados reales fue agasajado durante tres días asistiendo, en la mañana del día 24, a una emotiva recepción en el Palacio Elisabeta de Bucarest, actual residencia oficial del rey Miguel I, donde posteriormente se sirvió un brunch informal. A la mañana siguiente, día de la aparición de Miguel I ante el parlamento del país, todos sus invitados, que estaban alojados en el Hotel Intercontinental (plagado de fuertes medidas de seguridad) se reunieron en el salón Modigliani para allí seguir por la televisión la alocución del ex rey con gran interés. Esa misma tarde, a las 18 horas, todos fueron recogidos en autobús para desplazarse al Teatro de la Ópera donde asistieron a una función de gala con arias, solos, y duetos de Tosca, La Bohême, Turandot y La Viuda Alegre cantados por artistas rumanos, a la que siguió una cena en el palacio del Savings Bank rumano. El último acto fue otro brunch servido al día siguiente en el Palacio Elisabeta, que dio por finalizado un conjunto de jornadas festivas en el que, una vez más, vimos a una doña Sofía alegre, suelta y jovial entre sus numerosos primos reales por quienes siente un afecto incuestionable. Si se echó de menos la presencia de miembros de la familia Borbón-Parma, a la que pertenece la esposa de Miuel I, probablemente explicable por el fallecimiento, en esos mismos días, del príncipe Andrés de Borbón-Parma, hermano de la siempre energética y sencilla reina Ana de Rumania.

Ricardo Mateos