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Princesa de origen polaco pero nacida en Francia y criada en Grecia, es una asidua del palacio de la Zarzuela y de los veranos regios en Marivent

Doña Sofía cierra su círculo: Tatiana Radziwill, la confidente de la reina

Enero 19, 2014

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Prima y amiga de toda la vida, con ella ha compartido todas sus penas y sus alegrías desde los lejanos tiempos de su infancia en el exilio de Sudáfrica

Han viajado en innumerables ocasiones durante las cuales Jean Fruchaud, su marido, ha hecho las veces de fotógrafo no oficial, han compartido muchas jornadas en Londres, y los hijos respectivos se han frecuentado mucho

Tatiana Radziwill y su esposo forman parte del reducido círculo de la realeza europea, son parientes cercanos del duque de Edimburgo y de la reina Margarita de Dinamarca, a cuyos eventos dinásticos son siempre invitados

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En momentos en los que continúa lloviendo fuerte sobre el palacio de la Zarzuela, donde el martirio del Caso Nóos no parece terminar y no se libran de las críticas ni Rafael Spottorno, jefe de la Casa del Rey, ni su jefe del gabinete de prensa, Javier Ayuso, doña Sofía cuenta al menos con la presencia de ese apoyo de siempre que es su hermana la princesa Irene, de quien hace tiempo que no vemos ni fotografías, y también con la solidaridad de esa gran confidente suya que es la princesa Tatiana Radziwill.  Esa prima y amiga de toda la vida pues con ella ha compartido todas sus penas y sus alegrías desde los lejanos tiempos de su infancia en el exilio de Sudáfrica.

Sin embargo apenas sabemos nada de esta princesa de origen polaco pero nacida en Francia y criada en Grecia, que es una asidua del palacio de la Zarzuela y de los veranos regios en Marivent. Tatiana, hija de la amable princesa Eugenia de Grecia y nieta de aquella gran psicoanalista que fue la princesa María Bonaparte, también es prima aunque más lejana de don Juan Carlos pero toda su vida ha girado en torno a los avatares de la dinastía griega y ha estado muy cerca de doña Sofía. De ahí la íntima sintonía existente entre ella y su esposo, el cardiólogo francés Jean Fruchaud, con la reina de España junto a quien han viajado en innumerables ocasiones durante las cuales él ha hecho las veces de fotógrafo no oficial, han compartido muchas jornadas en Londres, y los hijos respectivos se han frecuentado mucho. Y todo eso porque los Fruchaud han sabido mantener siempre ese bajo perfil necesario para acompañar a doña Sofía, que no tolera filtraciones en su entorno más inmediato, y a lo largo de los años se han mostrado absolutamente fieles y mudos ante cualquier pregunta o entrevista relacionada con la familia real española. De ahí que en España sepamos poco o nada sobre este matrimonio y sobre sus ya no tan jóvenes hijos, Fabiola y Alexis Fruchaud, que paradójicamente conocen muy bien nuestro país.

Siempre en la sombra

Tatiana Radziwill y su esposo forman parte del reducido círculo de la realeza europea, son parientes cercanos del duque de Edimburgo y de la reina Margarita de Dinamarca, a cuyos eventos dinásticos son siempre invitados, y no es raro verlos como invitados vacacionales en el yate de los reyes Alberto y Paola de Bélgica durante sus travesías estivales por las costas italianas. Desde su matrimonio -allá por 1966-, han residido en París, donde Jean Fruchaud trabajó durante años como médico cardiólogo, dividiendo su tiempo entre su gran departamento de la rue de Grenelle y sus casas de  Saint Tropez y de Suiza desde donde, con toda probabilidad, deben de prestar algún apoyo a la infanta doña Cristina a quien conocen tan bien.

Su único hijo varón, Alexis, trabaja como consejero para el Royal Bank of Sctoland y reside en Londres junto con su esposa, Nathalie Ruth Chandler, que presta servicio en la financiera Method Investments & Advisory Ltd. Muy distinta es la vida de su hija Fabiola, a cuya boda en 1994 con el francés Thierry Georges Herrmann asistió la reina de España. De ese matrimonio nació una hija llamada Tatiana, y Fabiola pasó a segundas nupcias con el también francés Didier Fradin junto a quien dirige el bello castillo de Maudétour, cerca de París, que ambos adquirieron y renovaron completamente para convertirlo en un exclusivo hotel de precio relativamente asequible (110 euros por habitación doble). A causa de la discreción que rodea a la relación entre los Radziwill-Fruchaud y doña Sofía no hemos podido saber si la reina de España ha honrado ese castillo con su presencia aunque nada sería más lógico. Pero sorprende mucho lo que parece ser el escaso trato existente entre el príncipe y las infantas y estos primos con quienes convivieron tanto en el pasado, pues nos recuerda el alejamiento que parece existir entre los hijos de los reyes de España y los hijos del rey Constantino de Grecia con quienes compartieron toda su infancia y su juventud.  

Y en Bulgaria sigue la “guerra”

Y mientras doña Sofía debe de buscar el oído amigo a su prima Tatiana en los días más difíciles, desde la lejana Bulgaria llegan nuevas noticias sobre el rey Simeón, que continúa con sus denodados esfuerzos por defenderse de los injustificados ataques del gobierno local que le disputa la posesión de algunos bienes familiares que son sin sombra de duda propiedades históricas de la familia real búlgara. Un complicado asunto que el que fuera rey y primer ministro del país se ha visto forzado a llevar ante el Tribunal de Estrasburgo, todo ello con grandes gastos que les han llevado a él y a su hermana, la princesa María Luisa, a poner a la venta una de las residencias reales ubicada en la pequeña localidad de Banya, cerca de la ciudad de Karlovo. La propiedad, cuya casa en habitable y cuenta con servicio ya que el ex rey la visita con frecuencia, se anuncia a la venta en la página web de una empresa inmobiliaria rusa (“Rossiyskiy Auktsionnoy Dom”) por un valor de 2,5 millones de euros que es el que se estima como adecuado para sus 9.500 metros cuadrados con el valor añadido de la cercanía de unas fuentes naturales de agua.

Y en Francia los dos candidatos a la jefatura de esa casa real, Luis Alfonso de Borbón y el conde de París, compiten por celebrar el aniversario de la muerte de Luis XVI con misas y actos, el segundo en una misa celebrada el 21 de enero y el segundo con otra misa que se celebrará cuatro días después en otra iglesia parisina. Actos finalmente vacíos de contenido cuando tanto uno como otro pretendiente tienen una relevancia cada vez menor en el país donde ambos han ido perdiendo prestigio.

Ricardo Mateos