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Una cercanía que hace mucho bien a la monarquía en estos momentos, pero que corre el riesgo de dificultar a la propia reina encontrar el difícil equilibrio entre la muy necesaria popularidad y el punto justo de majestad que le impida quedar atrapada en esa amplia y variopinta tribu de "los famosos"

Doña Letizia: un nuevo concepto de la realeza que se aleja del clasicismo reinante entre las monarquías europeas

Mayo 3, 2015

Frente a la reina de España sólo la mayestática reina Máxima de Holanda, cuya popularidad en su país de adopción es incuestionable, parece hacer una propuesta arriesgada con sus formas de reina total que ha encarnado el rol de forma completa. Ambas se encuentran en el punto de mira por su marcada personalidad que, además, se entienden particularmente bien entre ellas
Dicen que es la más ilustrada e intelectualmente inquieta de entre sus correligionarias europeas de la nueva generación de royals -sus discursos tienen carne y fondo-, y de que es la que propone un modelo nuevo que se aleja tanto del clasicismo impecable de Matilde de Bélgica, como de ese toque de clase media británica de Kate Middleton, tan del gusto de los ingleses, de ese punto de mojigatería de corte religioso de Stéphanie de Luxemburgo y, sobre todo, de la siempre incomprensible impavidez de Charlene de Mónaco


Ensalzada en los foros y particularmente fuera de nuestras fronteras por su elegancia y por su estilo muy personal que no deja indiferente a nadie y objeto de crecientes índices de popularidad entre las personas de a pie desde el comienzo de su reinado, doña Letizia está marcando una forma nueva de ser realeza que difiere de las formas clásicas y, en algunas cosas, hasta se contrapone a ellas. Un modelo que parece estar dando buen resultado a pesar de ciertos vaticinios pero que no sabemos hacia dónde evolucionará. No cabe duda de que ella es la más ilustrada e intelectualmente inquieta de entre sus correligionarias europeas de la nueva generación de royals -sus discursos tienen carne y fondo-, y de que es la que propone un modelo nuevo que se aleja tanto del clasicismo impecable de Matilde de Bélgica, como de ese toque de clase media británica de Kate Middleton, tan del gusto de los ingleses, de esa imagen de señora mayor antes de tiempo de Mette-Marit de Noruega, del aspecto de chica adecuada y correcta de Mary de Dinamarca, de ese punto de mojigatería de corte religioso de Stéphanie de Luxemburgo y, sobre todo, de la siempre incomprensible impavidez de Charlene de Mónaco.

Porque frente a la reina de España sólo la mayestática reina Máxima de Holanda, cuya popularidad en su país de adopción es incuestionable, parece hacer una propuesta arriesgada con sus formas de reina total que ha encarnado el rol de forma completa. Dos modelos muy contrapuestos el de doña Letizia y el de Máxima -que en estos días durante su visita a Aruba bebía leche de coco enfundada en un tailleur blanco impecable complementado con magníficas perlas-, pero ambos en el punto de mira por la marcada personalidad de ambas damas que, además, se entienden particularmente bien entre ellas.

Derroche de simpatía por donde pasa

Tradicionalmente entre la vieja realeza europea, cuyas formas parecen periclitar en estos tiempos, no era necesario hacer para ser, pero cuando los símbolos pierden su importancia centenaria la imagen se impone y es la que granjea popularidades, y no es extraño que las reinas de España y de Holanda parezcan saber, desde posiciones muy divergentes, que han de aparecer en escena y no de cualquier manera pues el puesto hay que ganárselo día a día. Máxima siempre generosa y abundante tanto en sus expresiones como en sus atuendos y sus vistosas joyas, y doña Letizia desde una sobriedad que parece no necesitar de los signos externos al uso para con ello dar más presencia a lo marcado de su personalidad. La semana pasada ella y don Felipe fueron magníficamente recibidos y respetados a la salida del Templo de la Sagrada Familia en Barcelona -los silbidos fueron para Mariano Rajoy y Artur Mas-, tan solo unos días después de su aparición en los premios Woman que nos ha dejado tanto su nuevo estilismo como esa imagen un tanto inquietante de su inusitada delgadez.</p>

Quien allí estuvo esa noche solo tiene palabras de simpatía y de elogio hacia ella, que “estuvo absolutamente encantadora, empática y muy cercana dejándose tomar fotos con casi todos los que poblaban el salón en el que se sirvió el cóctel posterior”,moviéndose sin parar entre toda una constelación de famosos como el ubicuo Mario Vaquerizo o el actor y modelo de moda Maxi Iglesias. “Tan cercana”, nos cuenta, “que creo que hasta se me fue el darle el tú, y en el selfie que me tomé con ella hasta la tomé por la cintura. ¡Y era la reina de España!, aunque a mi me sigue saliendo decir princesa. Parecíamos como dos amigas en una situación en la que nunca me podría haber imaginado con la reina Sofía, a quien nunca me habría atrevido a acercarme de esa forma. Sin duda alguna doña Letizia consigue como nadie acercarse y hacer que uno no sienta distancia. Sabe ganarte para su persona, pero en el fondo parecía querer recordarnos “soy una más de vosotras”.

Una enorme cercanía que hace mucho bien a la monarquía en estos momentos, pero que corre el riesgo de dificultar a la propia reina encontrar el difícil equilibrio entre la muy necesaria popularidad y el punto justo de majestad que le impida quedar atrapada en esa amplia y variopinta tribu de “los famosos” que busca ser el centro de todos los destellos.

Nueva princesa de Inglaterra y bautizo de los gemelos monegascos

Entre tanto ya hay nueva princesa en Inglaterra cuyo nombre se desvelará en unos días y el próximo día 10 asistiremos a la puesta en escena del bautizo de los gemelos monegascos. Un bautizo para el cual aún se desconoce la identidad de los padrinos y madrinas de los pequeños Jacques y Gabriela, pero si el deseo enfático de Alberto y Charlene de asociar a la ocasión al máximo número posible de monegascos en su deseo ferviente de que la familia principesca, tan respetada en un territorio en el que nadie habla jamás mal de los príncipes, continúe conservando el fervor popular. El bautismo tendrá lugar a las 10 y media de la mañana en la catedral de santa Devota y estará oficiado por Monseñor Bernard Barsi en presencia de los ilustres invitados, e ira seguido de una recepción en el recinto del palacio de los Grimaldi en el que se espera la presencia de algunos representantes de la realeza europea como los duques de Castro, o el príncipe Laurent de Bélgica, sin olvidar la mas que probable presencia de esa buena amiga de los príncipes que es Corinna zu Sayn-Wittgenstein-Sayn.

Ricardo Mateos