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Apareció luciendo todo un conjunto de joyas nuevas de su propiedad en un acto de la corte danesa que ha dado muestras de su hábil manejo en ese siempre difícil equilibrio entre naturalidad y gran boato

Doña Letizia refulge con joyas nuevas, que no provienen de la colección de las reinas de España, e imprime su carácter en el 75 aniversario de la reina Margarita de Dinamarca

Abril 16, 2015

Destacó, entre ellas, la sencilla pero fina diadema de perlas y diamantes de la casa Ansorena que el rey Felipe VI le regaló años atrás y que hasta ahora nunca había lucido
Una vez más, la reina española hace gala de ser ella misma, desmarcándose de las grandes y pesadas piezas históricas de la casa real española y enfatizando su estilo sencillo, ligero y moderno
En el día del cumpleaños de la reina, todos los royals presentes en Dinamarca, a excepción de los reyes de España que no se alojaron en el palacio de Fredensborg sino en Copenhague, decidieron madrugar para presenciar los disparos de cañón y las aclamaciones de las que fue objeto la reina Margarita


Como bien era de esperar, la familia real y la corte danesas no se han ahorrado fastos para celebrar con todo brillo el 75 cumpleaños de la reina Margarita -“Daisy” en familia-, con todo un conjunto de espléndidos eventos que culminaron este miércoles con gran elegancia en una cena de gala en el palacio de Christianborg. Celebraciones salpicadas de numerosas exposiciones dedicadas a la figura de la soberana, como la del castillo de Frederiksborg, que comenzaron ya el 8 de abril con el desplazamiento de toda la familia real y sus parientes mas cercanos a la ciudad de Aarhus para un concierto ante 1.400 escogidos invitados.

Pero los homenajes a la reina arreciaban esta semana que comenzaba el lunes con una rueda de prensa de la reina, que afirmó no tener intención alguna de abdicar y que mantiene tanto su actitud jovial de siempre y como su enorme popularidad. Una comparecencia ante la prensa de la que destacó su declaración instando a los inmigrantes a “adaptarse a los países de llegada, el “clima mental danés”, lo cual no pasa por el cambio de religión o de las formas de comer”.

Ausencia notable de la reina Isabel de Inglaterra

Sin embargo todas las miradas se centraron en la cena de gran gala del miércoles noche. Un encuentro en el bello palacio de Christianborg en el que llamó la atención la ausencia siempre notable de la reina Isabel de Inglaterra, que no pudo enviar representación alguna de la casa real británica, tan cercanamente emparentada con la danesa, dado que la reina Margarita había invitado expresamente a todos los soberanos reinantes de Europa y sus esposas.

Una ausencia a lamentar, si bien es sabido que Isabel de Inglaterra no asiste nunca a este tipo de eventos, aunque tampoco acudieron los príncipes Alberto y Charlene de Mónaco y los príncipes Hans Adam y María de Liechtenstein por motivos que no se han desvelado. Como compensación si pudimos ver allí a los reyes Constantino y Ana María de Grecia, invitados en calidad de hermanos de la soberana danesa: él avejentado y caminando bastón en mano, y ella luciendo el magnífico aderezo de esmeraldas Romanoff de la casa real griega.

Doña Letizia, centro de todas las miradas

Nada pudo sin embargo restar brillantez al evento, en un mar de tiaras y bellas piezas de joyería lucidas por princesas y reinas. Allí estaban los reyes Carlos Gustavo y Silvia de Suecia (con el imponente aderezo de zafiros Leuchtenberg), el rey Harald de Noruega sin su esposa, la reina Sonia, los reyes Guillermo Alejandro y Máxima de Holanda (ella, recién llegada de Myanmar, con gruesos brillantes en bandeau y gran broche de diamantes), los reyes Felipe y Matilde de Bélgica (ella con la tiara de las nueve provincia belgas), el gran duque Enrique de Luxemburgo sin su esposa María Teresa, la princesa Benedicta de Dinamarca (con tiara de diamantes), sin su esposo, la princesa Elisabeth de Dinamarca, y el conde Ingolf de Rosenborg y su esposa Susie (con tiara de zafiros), que acompañaron a toda la familia real danesa: la reina Margarita de rojo con los diamantes Ronseborg y gruesas perlas, la princesa heredera Mary con su aderezo de rubíes, y la princesa Maríe con tiara de diamantes.

Mas si alguien fue el centro de todas las miradas y de todos los comentarios en los foros fue la reina doña Letizia, que excepcionalmente elegante apareció luciendo todo un conjunto de joyas nuevas de su propiedad destacando entre ellas la sencilla pero fina diadema de perlas y diamantes de la casa Ansorena que don Felipe le regaló años atrás y que hasta ahora nunca había lucido. Una pieza que acompañó con pendientes y dos broches de brillantes que no parecen provenir de la colección de joyas conocida de las reinas de España. Una vez más, la reina hace gala de su deseo de ser ella misma y de imprimir su carácter personal al cargo, decidiendo desmarcarse de las grandes y pesadas piezas históricas de la casa real española y enfatizando su estilo sencillo, ligero y moderno.

La corte danesa, ejemplo de mantener equilibrio entre naturalidad y gran boato

La gran popularidad de la creativa reina Margarita entre sus primos coronados europeos va en paralelo con el enorme afecto del que es merecedora por parte de ellos, algo que quedó completamente demostrado durante la cena en la que ella recibió el homenaje de su hijo, el príncipe heredero Federico, que aprovechó para felicitar por su cumpleaños al rey Felipe de Bélgica. De ahí que los reyes de Suecia y de Noruega de desplazasen a Copenhague en compañía de sus hijos, los príncipes herederos, y que los dos días de celebraciones nos hayan regalado escenas de enorme afecto e intimidad entre todas las personas reales que allí se dieron cita.

Así mismo, a la mañana siguiente, el día cumpleaños de la reina, todos los royals presentes en Dinamarca, a excepción de los reyes de España que no se alojaron en el palacio de Fredensborg sino en Copenhague, decidieron madrugar para presenciar los disparos de cañón y las aclamaciones de las que fue objeto la reina Margarita en el balcón de Fredensborg a las 8 y media de la mañana. Un acto de enorme jovialidad y naturalidad al que siguieron una nueva aparición de la reina en el balcón del palacio de Amalienborg, su paseo en carroza hasta el Ayuntamiento de Copenhague, una gran recepción para las autoridades y los huéspedes reales en ese mismo palacio, y una última cena a las ocho de la noche en el palacio de Fredensborg. Como ya es habitual, la corte danesa ha dado muestras de la gran finura y naturalidad en su manejo de ese siempre difícil equilibrio entre naturalidad y gran boato.

Ricardo Mateos