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Doña Letizia da la talla ante la magnificencia de la corte británica y la prensa se rinde ante ella

Julio 14, 2017
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Al igual que la lluvia recibió a Alfonso XIII en el Puerto de Portsmouth en 1905 para la primera visita oficial de un rey de España a Inglaterra desde tiempos inmemoriales, también la lluvia recibió a don Felipe y doña Letizia en el pequeño Aeropuerto de Stansted a su llegada a Londres el pasado miércoles para su primer día de viaje, reservado al incógnito y alojados en el ME Hotel (de la Cadena Melíá), del populoso y céntrico Strand londinense. La prensa inglesa esperaba esta visita con particular interés y, más allá de las delicadas cuestiones relativas al Brexit y al espinoso asunto de Gibraltar sobre las que don Felipe ha hablado alto y claro ante el Parlamento, muchos ojos estaban puestos en doña Letizia, a quien definían como la gran rival de la duquesa de Cambridge en elegancia, haciéndose incluso apuestas sobre cuál de las grandes tiaras de la casa real española luciría en la cena de gala en el Palacio de Buckingham ante una realeza británica en full dress.

Los Windsor recibían a sus primos y el comienzo oficial de la visita, el martes por la mañana, estuvo revestido de toda la magnificencia de la corte británica, con el Mall profusamente decorado con banderas españolas y británicas, guardia de honor a pie y a caballo del primer batallón de la Guardia Irlandesa vestida de gala (1.000 efectivos de tropa), saludos de cañón desde Green Park y la Torre de Londres, carrozas de la casa real, y la reina Isabel (la tía “Lilibet” de don Felipe), aguardando a los reyes de España en quienes reconoce a unos parientes a los que, a pesar de su evidente cansancio, ha querido dar muestras particulares de afecto al alojarlos en el Palacio de Buckingham donde en la actualidad ella misma apenas reside prefiriendo el más tranquilo Castillo de Windsor.

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Isabel II junto al rey Felipe VI

El vestido amarillo de doña Letizia impactó en la Corte inglesa

La bienvenida fue muy cordial y llena de sonrisas con una reina Letizia, muy fluida en inglés, encarnando su papel a la perfección pues hasta el traje de mañana de color amarillo y el sombrero a juego elegido para la ocasión recogían los gustos clásicos de la soberana británica, que acompañó a don Felipe en el State Landau de 1902 hasta Buckingham desplegando un bello cortejo. Siguió un primer almuerzo en familia en presencia del príncipe de Gales, la duquesa de Cornualles, el duque de York, los condes de Wessex, los duques de Gloucester y la princesa Alejandra de Kent, envuelto en un armónico equilibrio de reconocimiento, gran pompa y sencillez que coincidió con el anuncio de la concesión a don Felipe de la prestigiosa Orden de la Jarretera, la más importante de la corona británica, en un gesto excepcional puesto que don Juan Carlos también la posee.

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Una puesta en escena muy bien orquestada que volvió a percibirse en el té de la tarde que el príncipe de Gales y la duquesa de Cornualles les ofrecieron en los cuartos más íntimos y más confortables de su residencia de Clarence House. Y ya en la noche los reyes pudieron coincidir en el gran banquete de gala con los duques de Cambridge y con el príncipe Harry, que a sus 32 años y sentado junto  la atractiva marquesa de Cholmondeley tomó parte por primera vez en una visita de estado oficial, además de con todos los otros miembros – incluso los más incómodos – de la amplia familia real británica.

En un nuevo guiño hacia sus huéspedes, la reina Isabel decidió que la cena se sirviese en el mismo salón de baile en el que en junio de 1905 Alfonso XIII conoció a Victoria Eugenia de Battenberg, y doña Letizia, que se mostró particularmente afectuosa con tía Lilibet, lució la tiara de flores de lis, pendientes y pulsera de diamantes de esa reina como complemento a un elaborado vestido de su tono de rojo preferido que marcaba su silueta. También fue la noche de los diamantes para las duquesas de Cambridge (particularmente radiante de rosa pálido con tiara de la difunta princesa de Gales y bello collar de rubíes y diamantes que marcaba un amplio escote), y de Cornualles (con la tiara Greville), y la princesa María Cristina de Kent, mientras que la reina Isabel, portó el lazo con la venera de la orden española del Toisón de Oro,  eligió un soberbio aderezo de aguamarinas brasileñas que fueron también las piedras de las diademas de la princesa Ana y de la condesa de Wessex.

La prensa británica se rinde ante la reina de España

Toda la prensa británica resaltó la elegancia y el buen hacer de doña Letizia, que ayer jueves, muy sonriente y vistiendo un muy acertado conjunto de Carolina Herrera, pudo conocer más de cerca al príncipe Harry en su visita con don Felipe a la emblemática Abadía de Westminster donde le fue mostrada la tumba de Leonor de Castilla, reina de Inglaterra como consorte de Eduardo I, y a la princesa Ana que junto a su esposo el vicealmirante Timothy Laurence representó a su madre en la también elegante cena de gala ofrecida por el Ayuntamiento de Londres en el Guildhall.

Hoy viernes será el turno del príncipe Andrés, encargado de acompañar y de despedir a los reyes de España tras una visita cargada de simbolismos que ha dejado satisfechos a todos, que ha dado un particular reconocimiento al parentesco entre ambas familias reales, y que si en España ratifica el rol más regio de doña Letizia en Gran Bretaña cierra con un broche de oro la vida pública del duque de Edimburgo, tío de la reina doña Sofía.

Ricardo Mateos