Menú Portada
Pura Sotillo, que fue maestra y tutora de don Felipe en sus años de estudio, llevaba más de 50 años regentando el selecto centro educativo

Doña Letizia consigue derrocar a la directora del Colegio Los Rosales donde estudian las infantas Leonor y Sofía e imponer sus normas

Mayo 9, 2014

Para ello habría instrumentalizado a Carlos Fitz-James-Stuart, duque de Huescar, que es el presidente de la Fundación Paideia, administradora única de Estudios Generales S. A., empresa a la que el Colegio pertenece desde 1986


La semana pasada por fin pudimos ver a las pequeñas infantas Leonor y Sofía en su primer acto oficial, asistiendo a una imagen que hace ya tiempo que venía echándose de menos. Vemos poco a las infantas, que parecen permanecer celosamente resguardadas tras los muros de Zarzuela, y eso genera fuertes críticas a la princesa de Asturias no solamente entre los medios de prensa, que no alcanzan a comprender su actitud, sino también entre amplios sectores de opinión. Porque si los duques de Cambridge han paseado abiertamente a su hijo el príncipe Jorge mostrándolo con orgullo a lo largo de toda la geografía de Australia y Nueva Zelanda, y en el resto de las monarquías europeas los jóvenes príncipes y princesas aparecen continuamente en la prensa en un lógico intento de sus padres de normalizar en ellos desde fechas tempranas algo que es consustancial a su posición, en España vamos como siempre al revés y apenas tenemos ocasiones de ver a nuestras infantas de cuya privacidad doña Letizia se ha erigido en celosa guardiana en un intento de evitar algo que es absolutamente lógico y también necesario en la circunstancia de vida de sus hijas.

Una actitud que contribuye a engrosar el ya nutrido número de detractores de la princesa de Asturias, y que en los últimos meses le está generando también gruesas desavenencias en el Colegio de sus hijas, Santa María de los Rosales, donde el malestar entre los padres de los alumnos es creciente. La cosa parece seria y las quejas no proceden únicamente de aristócratas o personajes importantes o de abolengo, sino también de padres de alumnos sin particular relevancia social que han visto como las demandas de doña Letizia se tornan cada vez menos soportables.

Todo bajo control de la princesa

Nos cuentan que ya en diciembre pasado ella habría instrumentalizado la marcha precipitada de la directora, Pura Sotillo, utilizando para ello a Carlos Fitz-James-Stuart, duque de Huescar, que es el presidente de la Fundación Paideia, administradora única de Estudios Generales S. A. que es la empresa a la que el colegio pertenece desde 1986. Al parecer doña Letizia no estaba de acuerdo con la forma en la que la hasta entonces directora regía el centro (¿acaso excesivamente conservadora o religiosa?, se preguntan algunos), a pesar de que en los últimos tiempos – dicen que a instancias de la princesa –, ésta había implantado nuevas normas como la prohibición de llevar teléfonos móviles o cámaras al Colegio para impedir que se puedan sacar fotografías de las infantas Leonor y Sofía, hasta el punto que alguna alumna ha llegado incluso a ser castigada por llevar teléfono para malestar de muchos de los padres. Cuando en diciembre pasado Pura Sotillo saltó de la institución tras 45 años de trabajo, ella misma tuvo que salir al paso de los crecientes rumores sobre sus desencuentros con doña Letizia afirmando “Son tonterías y ganas e hacer daño, yo no me he peleado nunca con nadie, soy incapaz y menos con la princesa de Asturias, no hay razón”.

Y aunque había sido maestra y tutora de don Felipe en sus años de estudio en Los Rosales, los príncipes dijeron no poder acudir por motivos de agenda a ninguna de las dos cenas de homenaje que los ex alumnos organizaron para la directora saliente. Pero ni el cambio en la dirección parece haber mitigado el enfado de los padres de los alumnos, que con intensidad creciente dirigen sus críticas a doña Letizia por alterar la normalidad de un centro educativo de alto nivel que ha perdido parte de su prestigio social de otro tiempo. De hecho, con la llegada de las infantitas al centro se erigió un muro de ladrillo para sustituir la verja con hiedra, se hicieron obras en los pabellones de los alumnos, y se habla de conductas poco comprensibles de la princesa como permanecer en las aulas durante las clases, comprobar como el cocinero prepara los menús infantiles, solicitar a los familiares de los alumnos que no graben las funciones infantiles en las que participan sus hijas, o pedir que los ciertos eventos deportivos se realicen fuera del propio centro.  

De aquella audiencia en Zarzuela con el príncipe Felipe a la tensión actual

La tensión es real, y choca que eso sea así en un centro docente creado en 1952 por parte de un grupo de aristócratas y de potentados afines a don Juan de Borbón (el duque del Infantado, el conde de Fontanar, o el doctor López-Ibor), para que su hijo el infante don Alfonso, hermano del rey Juan Carlos, pudiese continuar sus estudios en España tras su paso por el colegio de Miramar en San Sebastián. Desde entonces Los Rosales ha mantenido una estrecha unión con la familia real, y por sus aulas han pasado los retoños de muchas de las grandes familias de la aristocracia y de la gran burguesía como los hijos y algunos de los nietos de Cayetana de Alba, los de Manuel Prado y Colón de Carvajal, los de ese gran amigo del rey que ha sido el marqués de Isasi, o los de amigos del príncipe como Ricky Fuster, para ahora también dar cabida a los de algunos famosos como los hijos de Terelu Campos o de Jesús Álvarez. Así mismo, al patronato de la Fundación Paideia, una institución de la que se tiene muy escasa información, han pertenecido personajes de notable influencia social como la ex ministra Pilar del Castillo, el duque de Fernández-Miranda, el marqués de Marañón, o el marqués de Torre Milanos.

Triste situación para una institución que al cumplir sus 50 años gozó de una audiencia con don Felipe en Zarzuela, ocasión en la que éste declaró ante todos: “Hace medio siglo, los promotores de este centro tuvieron el acierto de proponer una educación basada en una triple perspectiva: transmitir a sus alumnos un patrimonio de conocimientos, concienciarles como hombres y mujeres de su tiempo, y comprometerles a participar, activa y reflexivamente, en la construcción del futuro. Esta es, como sabemos todos, la sustancia del ideario del Colegio”.

Ricardo Mateos