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En un intento de parecerse cada día más a Máxima Zorreguieta, la nueva reina consorte de Holanda

Doña Letizia cierra su círculo íntimo: busca hacerse con un grupo de amigas, de mujeres de su generación, de éxito, con criterio y ubicadas en posiciones estratégicas

Diciembre 9, 2013

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Se trata de un grupo de mujeres profesionales con el que le gusta reunirse de tanto en tanto en su casa para meriendas informales, encuentros “decontractés” en los que hasta se prescinde del servicio
“Son reuniones de chicas”, nos cuentan, “que ayudan a la princesa de Asturias a no sentirse tan insegura y a poder dilucidar qué es lo qué se espera de ella”

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Segura de sí misma, y aparentemente casi sin esfuerzo, Máxima Zorreguieta, la nueva reina consorte de Holanda, parece haber sabido encarnar como nadie de su generación entre las familias reales reinantes eso que supone formar parte de la realeza para alguien no nacido en ese círculo tan singular y procedente de las filas de la burguesía. Desde su matrimonio con el entonces príncipe heredero Guillermo Alejandro (se conocieron en una Feria de Sevilla), su popularidad no ha dejado de aumentar tanto en Holanda como fuera de sus fronteras y, aunque tiempo atrás se especuló sobre la posibilidad de que no llegase a ser declarada reina sino solamente princesa consorte, su buen hacer, su capacidad para empatizar sin esfuerzo, su imagen que parece llenar la pantalla, y ese saber complementar a su más tímido marido, se han visto reconocidos en días pasados en el país de los tulipanes.

Y es que el pasado día 3 el parlamento holandés votó por unanimidad que ella pueda asegurar la regencia en el hipotético caso del fallecimiento de su esposo durante la minoría de edad de su hija primogénita la princesa heredera Amalia, quedando su cuñado el príncipe Constantin como regente de reserva. Todo un triunfo del saber hacer en una monarquía en la que hace ya más de un siglo la joven princesa Emma de Waldeck y Pyrmont, viuda del rey Guillermo III, supo conducir al país durante la minoría de edad de su hija la reina Guillermina. Un regencia sin tacha que supuso el inicio de un largo tiempo de reinado únicamente de mujeres (Guillermina, Juliana y Beatriz), cuyos esposos siempre tuvieron un escaso rol y personalidades poco notables y hasta inestables. Nada que ver con esta argentina del barrio de Recoleta a quien vimos caminar de forma mayestática el día de la entronización de su esposo en mayo pasado. Y es que su popularidad es tanta que hay foros de internet como el “Viva Máxima” que siguen con precisión todos sus pasos, valoran sus actos y sus gestos y comentan al detalle las joyas que elige lucir entre las muchas de la magnífica colección de la familia real holandesa.

La gran amistad de los reyes de Holanda y los príncipes de Asturias

Nos dicen desde el gabinete de prensa del palacio de la Zarzuela que existe una amistad singular entre los reyes de Holanda y los príncipes de Asturias, pero nada más distinto que la forma en la que estas dos mujeres, Letizia y Máxima, entienden e incorporan la idea de alta representación que va aparejada a su rango de consortes de un príncipe heredero y de un rey. Pues lo que a Máxima parece salirle solo, a Letizia parece costarle un esfuerzo porque allí donde la argentina busca el cierre del círculo a la española le gusta la línea recta, y si a la primera no le pesan las grandes tiaras de pedrería la segunda ha declarado detestar las joyas.

Será acaso por eso que la princesa de Asturias, cuyos esfuerzos son sin duda loables, está, según nos cuentan, buscando hacerse con un grupo de amigas, de mujeres de su generación, de éxito, con criterio, y ubicadas en posiciones estratégicas del sistema en España, a través de las cuales estar informada de cómo marcha el país, de qué es lo que se cuece, y de cuáles son las necesidades que se perciben. Un grupo de mujeres profesionales con el que le gusta reunirse de tanto en tanto en su casa para meriendas informales, encuentros “decontractés” (informales) en los que hasta se prescinde del servicio. “Encuentros de chicas”, nos cuentan, “que ayudan a doña Letizia a no sentirse tan insegura y a poder dilucidar qué es lo que se espera de ella”.

El concepto funcionarial de ser princesa

Algo que sin duda alguna cuadra con ese concepto funcionarial que hasta hace poco ella misma parecía tener de lo que es ser princesa, y que quizá se asienta en esos desafortunados tópicos ya tan acuñados de “la reina es una gran profesional”, o en esa otra desatinada idea que transmitió a Pilar Urbano de plebeyizar una institución que por definición es todo lo contrario. Una tendencia al aburguesamiento de la realeza y a la desaparición de ciertos valores, que ya ha supuesto la destrucción de la infanta Cristina y ha estigmatizado el futuro de sus cuatro hijos.

Entre tanto los retoños de la gran sociedad internacional se dieron cita en días pasados en el gran baile de debutantes celebrado en el magnífico Hotel Crillon de París; los hijos de los bien conectados y de los poderosos que salen al gran mundo en busca de buenos partidos para perpetuar la endogamia del poder.

Y allí estaban en curiosa mezcolanza -traspasadas ya las viejas barreras de la sangre-, una hija del conde de Spencer, Kyra Kennedy, la princesa Lorenza de Liechtenstein, las nietas de Gorbachov, una sobrina de George Bush, y las hijas de Berlusconi, Phil Collins, Clint Eastwood o Bruce Willis. También desde España llegaron una nieta de Emilio Botín, una hija de la princesa Cristina de Hohenlohe-Langenburg, la hija de Pedro J. Ramírez y de Ágatha Ruiz de la Prada (ahora flamante marquesa de Castelldosrius), y Tomás Terry junior (el buen y simpático Tomasito de las tardes de carreras de caballos en Sanlúcar de Barrameda), que es hijo de ese invitado siempre obligado que es Tomás Terry y de Pilar Medina Sidonia (tristemente ex duquesa de Fernandina siendo una auténtica duquesa), que tras haber concluido sus estudios de derecho en España acaba de trasladarse a París para continuar allí con estudios de Ciencias Políticas.

Ricardo Mateos