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Don Juan Carlos y doña Sofía, dos años de reyes eméritos que últimamente coinciden en más actos oficiales lo que algunos círculos consideran “pequeños gestos de un posible tibio acercamiento”

Junio 14, 2016
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El pasado 14 de mayo se cumplieron los 54 años de la brillantísima boda en Atenas de don Juan Carlos y doña Sofía cuyo matrimonio, que ninguno de los dos ha querido quebrar de forma oficial, ha pasado por los mayores altibajos. Y en los próximos días se cumplen los dos años de la abdicación del rey emérito. Dos años de confusión y de difícil reubicación de dos personas que durante 39 años sustentaron la responsabilidad de la corona pagando para ello notables peajes de índole personal, pues la subida al trono de don Felipe VI nos ha permitido ser testigos de un importante cambio de roles en todas las personas reales, de una recolocación compleja de las funciones en el seno de una familia que, como tantas, no carece de fuertes contradicciones internas.

Durante ese tiempo don Juan Carlos, que para muchos fue exonerado de su cargo por la puerta de atrás, pareció necesitar entregarse a una jubilación nunca antes contemplada y que tuvo un carácter hedonista. Ahí están sus escasas apariciones públicas en actos representativos, al igual que sus muchos viajes de exploración gastronómica por toda la geografía española y otros tantos de carácter eminentemente lúdico ya fuese en las fincas de Pepe Fanjul en las Playas del Caribe o en los entretenidos círculos de Beverly Hills en los que decidió festejar los fines de año. Un rey sin corona que pareció querer refugiarse en un puñado de viejos y fieles amigos -sus ágapes con empresarios, ex jefes de su Casa, y ex presidentes de Gobierno-, y también en nuevos círculos de amistades al tiempo que moría indefectiblemente su relación con Corinna zu San-Wittgenstein-Sayn que ahora pasta en otros prados.

Los reyes eméritos, juntos en muy pocas ocasiones

Un tiempo en el que don Juan Carlos evidenció su alejamiento de doña Sofía, que por su parte decidió continuar sin rupturas en su quehacer y entregarse a dar todo su apoyo a su hijo Felipe VI con su meritoria labor representativa. No obstante su perfil fue adquiriendo una imagen menos brillante para dejar refulgir a doña Letizia (hay que ceder el paso en los rangos), como se desprende de los distintos actos que la hemos visto presidir. En ese sentido no quiso dejar huérfana la Fundación que lleva su nombre, pero si apearse de su importante labor en el ámbito de la Cooperación Internacional para contribuir con su presencia a actos menos relevantes pero no menos importantes, más a pie de calle, y en actividades a título meramente privado.

Fruto de ese contexto de cambio de roles y de actitudes, en estos dos años solo hemos podido ver juntos a los reyes eméritos en muy contadas ocasiones. Situaciones que en su mayoría han sido actos de la gran familia real europea a los que, por afecto y por respeto a sus pares, ninguno ha querido faltar. Primero el fallecimiento del príncipe Kardam de Bulgaria en junio de 2015; posteriormente el entierro y el funeral de ese primo de siempre que fue el infante don Carlos en octubre de ese año; el 70 cumpleaños del rey Carlos Gustavo de Suecia, en el que su presencia fue únicamente de unas pocas horas hace un mes; y, finalmente, la breve visita a Madrid de esa otra gran amiga que es la princesa Beatriz de Holanda.

Distinta ha sido su actitud en el ámbito familiar más privado, pues si en marzo de este año doña Sofía asistió en solitario a la ceremonia religiosa celebrada en el palacio griego de Tatoi en memoria de sus padres los reyes Pablo y Federica (¿dónde quedó la gran amistad de otro tiempo entre don Juan Carlos y Constantino de Grecia?); en febrero el rey emérito compareció solo a la boda de Beltrán Gómez-Acebo y Andrea Pascual; un mes más tarde sucedió lo mismo en la celebración del cumpleaños de su hermana la infanta Margarita; en abril volvía a llegar en solitario a una fiesta privada en Montecarlo; a fines de mayo acompañó a la duquesa de Cornualles en la boda de la hija de los duques de Wellington; y días después era la reina emérita quien compartía con la infanta Pilar la comunión de su nieto Guillermo Gómez-Acebo.

Pequeños gestos de un posible tibio acercamiento

Claras manifestaciones de compartir muy pocas cosas, pero que esta última semana parecieran haber dado un giro con su voluntaria presencia conjunta en dos actos consecutivos. El lunes ambos inauguraron la Exposición De Caravaggio a Bernini en el palacio real y el pasado jueves quisieron agasajar con su presencia a ese gran íntimo y amigo de gran sensatez que es el rey Simeón de Bulgaria que presentaba sus interesantes memorias tituladas “Un destino singular” que ha llevado meses traducir del francés al español. Un acto al que tampoco quiso faltar la infanta Pilar, y en el que se vio a los reyes eméritos (don Juan Carlos se emocionó), charlar con una cierta complicidad sentados junto a la reina Margarita de Bulgaria y al ministro de Cultura y Educación, Íñigo Méndez de Vigo, barón de Claret. Quizá sea esta una circunstancia meramente casual, pero parece que el rey emérito está últimamente más presente en las actividades de la agenda de la familia real y que, de no haber querido, podría haberse evitado la inauguración de la Exposición para no coincidir con su esposa.

Pequeños gestos en los que ya hay muchos que han querido, acaso fruto de un deseo, ver un tibio acercamiento entre ambos al que podría haber contribuido el afectuoso y simbólico esfuerzo que la princesa Beatriz de Holanda hizo por juntarlos y acercarlos a ambos lados de ella para tomarse una fotografía de grupo. La realeza se lleva en la sangre y eso diferencia a los reyes eméritos de otras parejas reales europeas, pues bien que mal aún deciden mantener ciertas formas externas para ellos incuestionables por tener una clara conciencia del nivel de representación que ostentan. Caso bien distinto es el del príncipe consorte Enrique de Dinamarca, nacido Enrique de Montpezat y procedente de un ámbito social muy distinto, que desde que hace unos meses decidió “jubilarse” de los actos oficiales deja a su esposa la reina Margarita asistir sola a muchos actos de la gran realeza europea como el aniversario del reinado del rey Harald de Noruega o el cumpleaños de su primo hermano el rey Carlos Gustavo de Suecia.

Ricardo Mateos