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Mientras, Zarzuela nos declara que "nosotros somos una noticia barata, pues no costamos nada a los medios"

Don Juan Carlos I y cómo y por qué se hace leña del árbol caído. ¿La venganza de Pedro J. Ramírez y doña Letizia?

Mayo 8, 2015

Así, las críticas a la reina española, que en otro tiempo menudeaban, ahora decrecen en la misma medida en la que aumentan las dirigidas al rey emérito. ¿Habrá, además, en todo ello un interés mediático?
Hay quien avanza que el diario El Mundo goza en la actualidad de cierta entrada preferente en la Casa por delante de otros medios Mientras, Zarzuela nos declara que “nosotros somos una noticia barata, pues no costamos nada a los medios”
El último que quiere sacar tajada aprovechando el tirón ha sido Jaime Peñafiel con una obra, editada por Grijalbo,  titulada “Reinas y princesas sufridoras”


Con el libro de Ana Romero titulado Final de partida, ya apuntando a grandes ventas editoriales, parece haberse acabado de levantar la veda para la suelta de todo tipo de ataques a la figura del rey don Juan Carlos I desde muchos frentes. Es fácil hacer leña del árbol caído y, si bien Ana Romero “no nos descubre en realidad nada nuevo que no supiéramos ya”, según nos dice alguien que la ha conocido bien en el entorno diplomático, pues la escritora gaditana es la esposa de un diplomático británico que estuvo destacado en Dubai, al dar ella voz en su libro a Corinna zu Sayn-Wittgenstein-Sayn y a otras personas del entorno inmediato de Zarzuela, nos da con ello entrada a los recovecos más íntimos del palacio de la Zarzuela, quedando completamente expuestos los dolores más personales de los miembros de la familia real.

Una entrada que, además, desata otros permisos, y quizá también algunos desatinos, para que haya quienes ahora que él ya no está a la cabeza de la jefatura del Estado acaso quieren saldar viejas cuentas personales con el rey emérito de quien en ciertos círculos de las alturas se dice que “ha abandonado y decepcionado a muchos”. Y así, las críticas a doña Letizia, que en otro tiempo menudeaban, ahora decrecen en la misma medida en la que aumentan las dirigidas a don Juan Carlos. ¿Habrá, además, en todo ello un interés mediático? Pues hasta hay quien avanza que el diario El Mundo goza en la actualidad de cierta entrada preferente en la Casa por delante de otros medios.

Por otra parte, en Sálvame Jorge Javier Vázquez y sus tertulianos se han cebado con el rey emérito, pese a que parece que desde Zarzuela se intentó parar la promoción del libro en las cadenas de televisión. De ahí que no sea extraño, según nos cuentan, que don Juan Carlos se sienta muy molesto con la Telecinco de Paolo Vasile, tanto por el trato dado al libro de Ana Romero, como por las faltas de respeto a su persona, que tampoco han caído muy bien en el ánimo del consejero delegado de la cadena de Fuencarral

Dos imágenes bien distintas del rey emérito

Pasa así de soslayo el libro de Fernando Ónega -cuya hija Sonsoles es una de las íntimas de doña Letizia -, “Juan Carlos I, el hombre que pudo reinar”-, valioso intento de reubicar al rey emérito en su espacio y en su tiempo para contribuir a devolverle el afecto de los españoles a través de una bien expuesta exposición de sus logros y se deja paso a la falta de perdón a un rey a quien muchos que quizá esperaban más ahora pueden cobrarse sus decepciones acumuladas durante un largo reinado.

Y como suele suceder, los ataques más feroces llegan desde arriba, y sabidas son las críticas que durante años han llegado desde una nobleza que esperó recibir réditos de su apoyo a la pequeña corte de Estoril, pues don Juan Carlos sigue siendo bien recibido por las gentes llanas en los toros y en los restaurantes que frecuenta, acaso por la dificultad de algunos para comprender que un rey no es un político más, sino una figura de otro orden que juega con otras cartas y que con frecuencia tiene que atender de forma obligada a intereses más altos.

Máxime en el caso de don Juan Carlos que desde niño, y para sacar adelante un proyecto de extrema dificultad, pero a la postre exitoso, tuvo que aprender a la fuerza a manejar situaciones llenas de contradicciones y plagadas de intereses contrapuestos en las que fue importante no decir siempre la verdad, o quizá decirla a medias para con ello llevar a buen puerto la restauración de la monarquía y lo que él siempre consideró los intereses de España.

Zarzuela: “Nosotros somos una noticia barata”

No sorprende, por tanto, que sea la voz de Corinna zu Sayn-Wittgenstein-Sayn quien tenga que venir a recordarnos la dimensión humana y la soledad de un rey cuya salida final por la puerta de atrás muchas personas lamentan. Por otra parte, queda clara la constatación de que la familia real y todos sus avatares generan siempre noticias de enorme interés, pues como nos confesaba alguien del gabinete de prensa de Zarzuela hace unos meses “nosotros somos una noticia barata, pues no costamos nada a los medios”. De ahí que la casa real sea un auténtico filón mediático y que ya se anuncien nuevos títulos editoriales dedicados a varias figuras de la familia real o en los que se hace referencia a ellas; un carro al que el primero en apuntarse ha sido Jaime Peñafiel, el mayor crítico confeso de la reina doña Letizia a quien no ahorra los ataques de toda suerte, que está en plena campaña de promoción de su nuevo libro Reinas y princesas sufridoras, en el que incluye a la nueva reina, dejando ir frases como “para mi la monarquía se ha terminado con don Juan Carlos .

Pero, claro está, España no es como Dinamarca donde hace tan solo unos días se destapaba que el consorte de la reina Margarita, el príncipe Enrique -aunque no asistió a las fiestas por el 75 aniversario de su esposa, celebradas con tan gran pompa, aduciendo padecer una gripe-, marchó de inmediato a pasar un fin de semana en solitario en Venecia por “ser aquel clima el más conveniente para su salud”. Otros, sin embargo, aducen que su ausencia en los actos que tuvieron lugar en Copenhague, dando sonoro plantón a sus primos reales de Europa, se debieron a un enfado monumental entre la pareja que sería la razón de fondo para tan notable ausencia y para su marcha a Venecia. Pero allí, a diferencia de España, lo privado no se utiliza como arma arrojadiza contra lo público en el caso de las personas reales y por ello esta nueva espantada del príncipe Enrique -no es la primera-, ha quedado circunscrita al terreno de lo anecdótico.