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Don Felipe VI deja claro que tiene un concepto de dinastía en el funeral del difunto infante don Carlos en el que Zarzuela evidenció problemas de organización

Noviembre 17, 2015
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El pasado jueves el nuevo duque de Calabria, don Pedro de Borbón-Dos Sicilias, recibía un caluroso apoyo a su persona y a su posición dinástica como jefe de la casa real de las Dos Sicilias con ocasión del funeral de su padre, el difunto infante don Carlos, que como muestra de afecto quisieron presidir los cuatro reyes de España. Un acto multitudinario al que nadie quiso faltar, y que una vez más generó algunos problemas de organización en Zarzuela que finalmente tuvieron que solventarse con largas listas de invitados a quienes se pidió acudir con una copia impresa de invitación a la ceremonia y su documentación personal para evitarse pesadas colas a las puertas del Monasterio de El Escorial.

Capítulo aparte fue que la mayor parte de los tratamientos de las personas notables invitadas estaban errados y tuvieron que ser corregidos a última hora por parte de expertos cercanos a los Borbón-Dos Sicilias, pues se confundían las altezas reales con las altezas serenísimas, y los grandes de España constaban como ilustrísimos señores en lugar de excelentísimos. De Italia, de Francia, de Alemania y de otros países habían llegado con sus capas azules los miembros de la orden Constantiniana de San Jorge, que se mezclaban con las capas de los representantes de otros estamentos como las órdenes militares, las reales maestranzas, o las órdenes de Malta y del Santo Sepulcro por solo citar algunos. Además, era una gran ocasión para poder ver de cerca a los muchos miembros de la extensa familia del rey que como la infanta Elena (que llegó acompañando a sus padres), la infanta Pilar (que no pudo asistir al entierro del infante por encontrarse en los Estados Unidos), los condes Zamoyski, los Moreno Borbón-Dos Sicilias, los Morales Borbón-Dos Sicilias, los Álvarez de Toledo y Marone, los príncipes Czartoryski (grandes amigos de la infanta doña Margarita a quien suelen acompañar), o la princesa Tessa de Baviera y sus hijas quisieron estar presentes.

La Basílica de El Escorial, repleta de gente

La Basílica de El Escorial estaba totalmente repleta de gente y, como no podría ser de otra forma, la representación de príncipes extranjeros fue muy extensa reconociéndose entre los asistentes a la princesa Hélène de Orleans, los duques de Braganza, la margravina de Baden, el infante don Miguel de Portugal, el príncipe Franz Wilhelm de Prusia, la princesa heredera de Liechtenstein, el archiduque Martin de Austria, la princesa Alexia de Grecia y su esposo Carlos Morales, la princesa Margarita de Luxemburgo, los duques de Angulema y de Cadaval, otros varios archiduques de Austria, algunos duques de Wurttemberg, y hasta una princesa de Jordania. Todo un colectivo de primos y parientes que se mezcló con el gran contingente de nobles y de miembros notables de la sociedad española entre quienes se contaban el duque de Alba y dos de sus hermanos, el marqués de Griñón, Adolfo Suárez Illana, Juan Abelló, los marqueses de Astorga y de Gironella, el presidente del Consejo General del Poder Judicial, o Gonzalo de La Cierva; y con el nutrido grupo de representantes del Partido Popular como Íñigo Méndez de Vigo, Jesús PosadasJorge Fernández Díaz (caballero de la Orden Constantiniana), Pío García Escudero, o Esperanza Aguirre que llegó con su esposo el conde de Bornos.

Todos querían dar su apoyo al jefe de la casa real de Nápoles y Sicilia, a quien se reconoce una gran valía y quien hace tan solo unos días asumía para sí el título de duque de Calabria y declaraba que en adelante su primogénito y heredero, el príncipe Jaime, es a partir de ahora duque de Noto abandonando el ducado de Capua que hasta ahora había ostentado. Así la viuda del infante y sus cinco hijos recibieron el pésame de tan multitudinaria concurrencia y el acto, tras el cual se sirvió un sobrio refrigerio en el mismo Monasterio, fue a gusto de todos y no pudo contentar más a los presentes y en especial a los Borbón-Dos Sicilias y a los caballeros de sus órdenes dinásticas, algunos de los cuales gozaron de un lugar de asiento preferente en la Basílica.

Se cierra un capítulo de la historia de la casa real española

Sin embargo llamó fuertemente la atención la ausencia del conde de París, tío carnal de don Pedro y jefe de la casa real de Francia, hecho que ratifica una vez más la mala entente existente entre los distintos príncipes Orleans, aunque fue aún más comentada la ausencia de los duques de Castro, los multimillonarios Carlo y Camilla de Borbón-Dos Sicilias, que residentes en Mónaco y en su nuevo castillo de Saint Tropez, mantienen la oposición a don Pedro como jefe de la casa real de las Dos Sicilias a pesar de la reconciliación que se produjo entre ambas ramas  familiares hace tan solo un año. Sin olvidar que quien tampoco quiso hacerse presente en esta ocasión fue la infanta Cristina, cuya ausencia  (sin duda alguna la más comentada), alivió las molestas tensiones que se produjeron en el entierro del infante hace poco más de un mes.

Pero quizá lo más importante de este funeral, que cierra un capítulo de la historia de la casa real española, es que no hay duda de que, contra lo que muchos podían esperar, don Felipe ha querido honrar con todos los honores oficiales al que fue un miembro de pleno derecho de la casa real española que, aunque no albergó derecho alguno a la corona desde la Constitución de 1978, fue hijo de un heredero al trono y durante toda su vida fue considerado como un príncipe español amén de ser una figura de absoluta confianza a lo largo de todo el reinado de don Juan Carlos I. El infante ha sido despedido con un funeral muy solemne y emotivo según los que estuvieron allí en el que nobleza, sociedad y corona estuvieron presentes, y ahora que ya sabemos que don Felipe tiene un claro sentido de dinastía solo queda abierta la pregunta de si se decidirá en algún momento elevar a un primo tan querido como don Pedro a la dignidad de infante de España, como ya se reclama desde algunos foros.

Ricardo Mateos