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Después del baile de pilotos llega el de ingenieros. La guerra silenciosa

Septiembre 15, 2013

Detrás de un gran piloto, siempre hay un gran… ingeniero. Lo uno sin lo otro no funciona. Un caballero con una mala espada perderá en la batalla y es por ello que suele ser tendencia el que detrás de los mejores volantistas estén los más agudos filósofos de las formas, aliados del viento, y fabricantes de proyectiles. Esto que se sobreentiende per se, se reduplica para la temporada 2014 debido a los enormes cambios técnicos a los que se enfrenta un Mundial de F1 algo varado en el plano normativo.

La principal revolución llega en los motores. Llegan propulsores de la capacidad de los de un Opel Corsa, sistemas de recuperación energía que necesitarán baterías más grandes y pesadas, turboalimentación que añadirá potencia, kilos y desgastarán las ruedas antes, modificaciones aerodinámicas, limitación a 100 kilos de combustible con depósitos más pequeños… Todo ello hace que el valor de un buen ingeniero se eleve y de ahí el baile de cerebros en dirección, básicamente, de Ferrari. Cazados a lazo, varios hombres clave viajan ya hacia Maranello con la idea de reforzar un plano en el que la Scuderia sufre: el diseño de sus bólidos, con ideas poco originales o problemáticas en años recientes.

La temporada pasada varios hombres clave hicieron este viaje hacia Mercedes y pasaron de estar tres años con un coche que en manos de Schumacher no acumuló ni una sola victoria a otro que sólo en doce pruebas lleva ya tres. Músculo había; lo que no había era cerebro. El año que viene crecerán aún más.

Nuevos nombres y cheques en blanco

Por su parte, Ferrari se ha fijado especialmente en hombres del equipo Lotus, anteriormente Renault, el mismo equipo que dio a Alonso un coche ligeramente inferior al Ferrari de Schumacher, pero lo suficientemente bueno como para arrebatarle dos veces su corona. Nombres como James Allison o Dirk de Beer pasan del negro al rojo, sin perder de vista que crearon un diseño que ganó la primera prueba de la temporada y mantuvo el tipo hasta que las limitaciones financieras lo sometieron a una congelación mecánica. Estos dos técnicos-franquicia se unen al grupo de gurús que poco a poco ha ido fichando Ferrari durante todo este año, reforzados por un histórico de la firma: Rory Byrne.

Este sudafricano fue el que diseñó los coches rojos con que Michael Schumacher enlazó cinco títulos consecutivos. Sus monoplazas siempre se caracterizaron por ser originales, fiables y distintos… justo lo que le pasa hoy a los Red Bull de Newey, el ingeniero de los ingenieros. El progenitor de los coches de Sebastian Vettel es, de largo, la pieza más codiciada por todas las formaciones y Ferrari ya ha pegado en su puerta con un cheque en blanco al menos en dos ocasiones. Se rumorea que andan intentándolo otra vez.

Newey es el mejor amigo del viento en todo el paddock, justo la asignatura que se les atasca a los italianos. Por ello estarían dispuestos a abonar un sueldo mayor que el que le pagan los de la bebida energética; una nómina con el que se podría satisfacer la mensualidad de pilotos de casi media parrilla. Newey estudió aeronáutica y astronáutica en la Universidad de Southampton. Debe pesar unos 75 kilos. Si estuviera hecho de oro, costaría al cambio de hoy, unos dos millones y medio. Bueno, pues cuesta cuatro veces más según Red Bull (diez millones de euros anuales), aunque en Italia pondría unas cuentas onzas más en la balanza con tal de que se fuera con ellos. Ese es el valor de los que hacen coches ganadores. Ya mismo, como los fichajes de fútbol.

José M. Zapico/Virutas

@VirutasF1