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Decepción por la brevísima presencia de los reyes eméritos don Juan Carlos y doña Sofía, sin ningún gesto de complicidad entre ambos, en el cumpleaños del rey de Suecia

Mayo 3, 2016
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Desde que hace algo más de una semana se anunciase oficialmente desde Zarzuela que don Juan Carlos y doña Sofía habrían de representar a la casa real española en las brillantes festividades por el cumpleaños del rey Carlos Gustavo de Suecia, la noticia de volver a ver juntos a los reyes eméritos en un gran festejo del Gotha europeo había generado una gran expectación en muchos foros. De forma lógica se esperaba que ambos compartiesen la jornada festiva del sábado pasado en Estocolmo en compañía de sus numerosos primos reales allí congregados y que, como colofón, los veríamos asistir a la gran cena de gala celebrada esa noche en el palacio real de Dottningholm.

Sin embargo ya el jueves desde el gabinete de prensa de Zarzuela nos indicaban que muy probablemente los monarcas decidirían regresar a España a última hora de la mañana como así ha ocurrido finalmente. De hecho, don Juan Carlos y doña Sofía volaron a la capital sueca a temprana hora de la mañana, y fueron de los primeros en llegar a la capilla del palacio real donde, sentados en la primera fila que les reservaba el protocolo por su alto rango, se les vio solos durante un rato hasta la llegada de los reyes Simeón y Margarita de Bulgaria, que se sentaron al lado de ella, y del príncipe Alberto de Mónaco, que se sentó al lado de él.

Ningún gesto de complicidad entre ambos

Ningún gesto de complicidad entre ambos, pero si rostros de jovialidad ante su encuentro con los otros invitados a quienes están unidos por íntimos lazos de amistad y de parentesco: los reyes Carlos Gustavo y Silvia de Suecia, la princesa Beatriz de Holanda, la reina Margarita de Dinamarca, los reyes de Bulgaria (con quienes don Juan Carlos ya se había encontrado una semana antes en una fiesta privada en Montecarlo), la princesa Benedicta de Dinamarca, los príncipes Aloys y Sofía de Liechtenstein, los príncipes Margarita y Radu de Rumania y los príncipes Alejandro y Catherine de Serbia. Por otra parte, contrastaba de forma notable el aspecto avejentado de don Juan Carlos con el mucho más juvenil de doña Sofía, que vestía un elegante y alegre conjunto color verde muy ligero y collar de perlas con colgante de rubíes.

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Los reyes eméritos esperando la llegada de los anfitriones

Las festividades por el 70 aniversario del monarca sueco habían comenzado el lunes pasado y se sucedieron durante toda la semana con numerosos actos de gran brillantez. El jueves el yate real danés, el Danebrog, llegaba al puerto de Estocolmo llevando a bordo a la reina Margarita de Dinamarca y a su hermana la princesa Benedicta que al día siguiente celebró en familia su 72 cumpleaños en la capital sueca. La jornada del viernes concluyó con un concierto de gala en el Museo Nórdico de la capital, pero era el sábado, día del cumpleaños real, cuando se esperaba la llegada de los invitados más notables. Sin embargo un día antes los reyes Harald y Sonia de Noruega cancelaban su presencia en todos los actos por un trágico accidente de helicóptero en la costa de su país, los grandes duques Enrique y María Teresa de Luxemburgo tampoco pudieron estar presentes ni enviar representación alguna, y como vemos la presencia española fue brevísima. No obstante, y a pesar de esas ausencias, la cena de gala, a la que se unieron otros invitados como Gunilla von Bismarck y el rey Felipe de Bélgica, que llegó en solitario, revistió todo el brillo propio de la corte sueca con todos los notables entrando en el comedor de acuerdo al protocolo de rangos, los caballeros de smoking y las damas en traje de noche y luciendo bellas piezas de joyería como la diadema de meandros de brillantes de la princesa Margarita de Rumania, la diadema de agujas de diamantes de la princesa Sofía de Liechtenstein, o los diamantes Rosenborg de la reina Margarita de Dinamarca, que cerraba el cortejo del brazo de su primo hermano el rey Carlos Gustavo de Suecia.

La casa real británica, sin representación

Sorprende que en esta ocasión la casa real británica no haya enviado representación alguna dada su cercanía a la familia real sueca, y también la ausencia de los reyes Constantino y Ana María de Grecia, que son primos hermanos del monarca sueco. Pero mucho más llamativa fue la ausencia, una vez más, de la princesa Charlene de Mónaco que siempre es la gran ausente en estos grandes eventos de la realeza europea. Un misterio que parece inexplicable a pesar del empeño de la pareja principesca de Mónaco por mostrar una imagen de matrimonio unido y bien avenido en el principado, que es el único lugar en el que Charlene se prodiga en público.

Por otra parte, y desde un contexto puramente español, son muchos los que lamentan la presencia cada vez menor de la casa real española en estos grandes actos de la realeza europea que restan glamour y dimensión internacional a los Borbones de España. Pero es bien conocido el escaso gusto de don Juan Carlos por esto tipo de eventos, y su falta de sintonía con doña Sofía, hechos que probablemente explican que se eviten viajes y estancias conjuntos de más allá de unas horas a pesar de la muy escasa agenda oficial del rey emérito. Más activa se mantiene la reina emérita en el ámbito público, pues el lunes pasado recibía en Madrid el Premio del Congreso Internacional de Excelencia por sus grandes labores humanitarias, y el miércoles asistía en la localidad zamorana de Toro, donde fue muy vitoreada, a la inauguración de la ExposiciónLas edades del hombre”. Por ello, y dada la falta de información sobre las actividades de índole privado de los miembros de la familia real, no puede descartarse que, no teniendo actos oficiales previstos para los próximos días, doña Sofía hubiera decidido quedarse el resto del fin de semana en Estocolmo a título privado para poder gozar de estos encuentros familiares que son mucho más de su gusto.

Ricardo Mateos