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De nación, ¿nacionalismo?

Octubre 18, 2012

A dos días del cierre de la campaña electoral gallega, los ánimos se caldean y la dialéctica se recrudece. Y es que las formaciones políticas que concurren a los comicios del próximo domingo no quieren dejar ni un fleco suelto en la puesta a punto de sus aspiraciones. Dos días –hoy y mañana- que pondrán el broche final a un camino arduo y por momentos farragoso, en el que han quedado atrás acusaciones, reyertas o impugnaciones, pero también –y esperemos que sea la parte que incline la balanza- programas, propuestas y estrategias de futuro.
 
Los últimos coletazos de campaña han dejado tras de sí un intenso intercambio de opiniones y un protagonismo casi exclusivo de la cuestión nacionalista. Un nacionalismo que se presenta –al menos en su ideología fundacional- segmentado en varios partidos, salidos la mayoría de las escisiones del BNG, y que cada uno de ellos perfila a su manera. Un nacionalismo que en otros lares ha provocado afrentas y desunión, pero que entendemos –a pesar del carácter antidemocrático de algunas máximas- se enarbolará desde su cariz más benévolo. Un nacionalismo de doble filo al que habrá que prestar ojo avizor ya que “en última instancia, está reñido con la democracia”. Lo dice el Nobel de Literatura 2010 y la sinuosa actualidad política que vive este país en su extremo más nordestal.  
 
Colisión frontal
 
La guerra fría de la cuestión nacional calentó motores el pasado lunes cuando Xosé Manuel Beiras aseguró –en un dislate sin parangón- que a través de las políticas de recortes, Alberto Núñez Feijóo “está matando a más gente que ningún grupo terrorista del Estado español”. El dardo asestado en la sede popular pronto infectó y el propio grupo político calificó las palabras de “lamentables”. El incidente no hizo sino avivar las brasas del debate nacionalista y poner frente a frente dos realidades antitéticas entre las que se divide España: el centralismo y los nacionalismos periféricos. Ideas que ya Manuel Machado describía en sus dos Españas y que Pío Baroja observaba como “enemigos irreconciliables”.
 
El candidato del PPdeG afirmó en Lugo -abierta la brecha- que existe “una radicalización y una fractura en el nacionalismo gallego”, al tiempo que alertó de la peligrosidad que presenta “introducir planteamientos soberanistas e independentistas en la política autonómica”. Las críticas de Feijóo pasaron por la consideración de una radicalización de las ideas nacionalistas y las propuestas de algunas formaciones para llevarlas a la práctica: “una parte del BNG dice que no hay democracia sin soberanía” –declaraciones pronunciadas el día del martes en Lugo por Jorquera-.    
 
Por alusiones
 
La cúpula del propio partido bloqueiro, personificada en su candidato, retomó el conflicto idiomático en un encuentro con el presidente de la Real Academia Galega, Xosé Luis Méndez Ferrín. El líder nacionalista aseguró que para el BNG “el gallego es lo primero, para el PP, first english” para a continuación rematar la faena afirmando que “el PP atacó al gallego” con su decreto lingüístico. Un decreto que procura la convivencia de las tres lenguas -gallego, castellano e inglés- en harmonía y con el 33% de las materias para cada una de ellas, en una circunstancia excepcional donde un tercer idioma elevaría las capacidades competenciales del alumnado de Galicia.
 
En las cohortes socialistas también cuajó la discusión nacionalista. Como las demás organizaciones políticas, el PSOE carbura a marchas forzadas su ingeniería para llegar con la mejor de sus caras al 21-O. El ex vicepresidente del Gobierno de González, Alfonso Guerra, acompañó a Pachi Vázquez en lo que resultó el mitin más multitudinario de su campaña. En Ourense y ante dos mil personas, Guerra criticó la política económica llevada a cabo por el PP y censuró un posible pacto de su partido con el BNG ya que “socialismo y nacionalismo son incompatibles, porque todo nacionalismo es excluyente”. En una clara muestra de las disensiones existentes en el seno del PSOE –y que recordó la rocambolesca gestación de sus listas-, el candidato socialista contradecía en menos de 24 horas al hombre al que un día antes calificaba como “la esencia por la que los socialistas estamos luchando”. Vázquez se guardaba bajo la manga el as de la coalición y describía a PSOE y BNG como “dos partidos diferentes, pero compatibles ya que seguimos gobernando en Vigo, Ourense y Pontevedra, y cada vez sumamos más apoyos”. Quizás Pachi olvidaba que el BNG se desvinculó totalmente de una facción del PSOE cuando el escándalo Pokemon agitó a la ciudad de las Burgas.            
 
Jesús Prieto