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El heredero de la Corona británica posee el ducado de Cornualles que en 2011 facturó 18 millones de libras esterlinas

De los usos medievales del príncipe de Gales al arte ofensivo contra el rey Carlos Gustavo de Suecia

Octubre 8, 2012
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En una tarde lluviosa, tan solo hace unos días, el pequeño pueblo de Battlesbridge, en el condado inglés de Sussex, veía llegar a sus calles un imponente convoy de 15 vehículos de alta gama del que descendía la princesa Srirasmi de Tailandia (esposa del príncipe heredero Maha Vajiralongkorn) que, para sorpresa de todos los vecinos, durante ocho intensas horas vació las tiendas de los anticuarios locales (solo en una de ellas adquirió 200 objetos), gastando la enorme suma de 24.760 euros en objetos de cristal, plata y porcelana. Una actitud suntuaria que contrasta con los usos cada vez más frugales de las monarquías europeas que, a excepción de la casa real británica, van a la baja en sus demostraciones externas de gasto y de opulencia. De hecho, el costo total de la próxima gran boda europea, la del gran duque heredero Guillermo de Luxemburgo, está estimado en unos sobrios 350.000 euros.
 
Es por esas y otras razones que en los últimos días se han levantado numerosas voces para reclamar al príncipe de Gales la devolución al Estado del imponente ducado de Cornualles, del que es usufructuario vitalicio gracias al derecho de la costumbre establecido en el año 1337 por el rey Eduardo III en favor de su primogénito. Y es que en su calidad de heredero de la corona de Gran Bretaña el príncipe Charles, que es duque de Cornualles, tiene derecho a todas las rentas producidas por la explotación agraria de las tierras del extenso ducado y por los dividendos de alquileres y otros muchos derechos auténticamente medievales.
 
Un beneficio de más de 18 millones de libras
 
Tanto es así que solamente el año pasado el ducado produjo para el príncipe la astronómica suma de 18,3 millones de libras esterlinas, y que desde el año 2006 la administración del ducado se haya beneficiado de la percepción de más de un millón de libras esterlinas procedentes de bienes “in vacantia” de personas fallecidas sin testar y sin herederos por el derecho que el duque de Cornualles tiene sobre toda propiedad no reclamada. Enormes rentas que, sin embargo, el príncipe reinvierte en todo el entramado de pujantes empresas del propio ducado además de dedicar grandes sumas a la financiación de su fundación con fines asistenciales el “Duke of Cornwall’s Benevolent Fund”.
 
Esta legislación tan extraordinariamente regalista ha provocado que el pasado 29 de septiembre numerosos manifestantes se personaran en las tierras del príncipe Charles reclamando la devolución al estado del histórico ducado de 53.000 hectáreas valorado en 72 millones de libras en tierras, inmuebles e inversiones. Las críticas son muy duras y buscan “desenmascarar” lo que consideran ser las auténticas intenciones del príncipe de Gales, del cual un político local afirma: Charles no acepta sus responsabilidades constitucionales en relación con el ducado, pues lo único que quiere es dinero. Él dice estar a favor de los granjeros y de la vida rural, pero luego construye supermercados y cientos de casas en los buenos terrenos de labor”.
 
La irritación del rey Carlos Gustavo de Suecia
 
Dolores de cabeza que el siempre polémico príncipe de Gales comparte con su primo el rey Carlos Gustavo de Suecia, que se muestra profundamente irritado por la última manifestación artística de la pintora sueca Elisabeth Ohlson Wallin, representante del llamado “arte ofensivo”. La obra en cuestión es un gran cuadro que incluye el retrato de algunos de los hombres más poderosos del país que, en compañía del rey, comparten porciones de una pizza extendida sobre el cuerpo desnudo de la cantante de pop Camilla Henemark, la misma con la que se supone que Carlos Gustavo XVI mantuvo una relación amorosa durante al menos un año. Pero esta expresión del arte ofensivo va a aún más allá incluyendo en el cuadro a la reina Silvia fregando en el suelo las huellas de una gran svastika nazi en alegoría a sus intentos por borrar el para ella inquietante pasado nacionalsocialista de su padre Walter Sommerlath. La obra pictórica ya ha sido mostrada en una exposición en Belgrado y será próximamente publicada por un medio de prensa sueco afín al partido Socialdemócrata.
 
Pero la ira del monarca sueco es notable y ya se ha hecho manifiesta a través del gran mariscal de la corte sueca, Svante Lindqvist, que ha declarado a la prensa: “Hay un límite a lo que las personas pueden soportar. El cuadro es ofensivo, dañino y malicioso”. Y todo ello a tan solo dos semanas del nuevo gran encuentro de la realeza europea en la capital del gran ducado de Luxemburgo.
 
Ricardo Mateos