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Ha salido a subasta pública por los múltiples impagos y se la ha quedado el BNP Paribas Fortis por un millón y medio de euros

De “Dios” a desahuciado: José María Ruiz-Mateos, abandonado por su familia, pierde su mansión de Somosaguas

Noviembre 3, 2013

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Sin embargo, el empresario jerezano no será expulsado de su histórica residencia madrileña por “motivos humanitarios”
Vive solo, está enjuto, apenado, abandonado por el Opus Dei, enfermo y cuidado por una de las testaferros de Nueva Rumasa, Susana Álvarez Ampuero
Sus hijos varones no le hablan y le culpan de ser el causante de todos los males; mientras que su mujer, Teresa Rivero, vive en Jerez cuidada por sus hijas

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El empresario gaditano José María Ruiz-Mateos, con 82 años de edad, está en la picota. Muy lejos quedan ya esos años de esplendor, de bonanza, de unidad familiar y de extravagancias en casa de los Ruiz-Mateos. Lo último: han perdido hasta su histórica mansión de Somosaguas, situada en una de las urbanizaciones de elite a las afueras de Madrid. La propiedad ha salido a subasta pública por los múltiples impagos y problemas judiciales y se la ha quedado el Banco BNP Paribas Fortis, la unión del banco francés BNP Paribas y el belga Fortis Bank. Precisamente con este banco belga Ruiz Mateos tenía una hipoteca por 5,9 millones, firmada en su oficina central de la calle Claudio Coello, en Madrid. Fue esta entidad belga-francesa la que inició el proceso legal de ejecución.

La mansión de Somosaguas ha sido el cuartel general de la familia Ruiz Mateos desde los años 80. Allí fijaron tanto su residencia privada como las oficinas de su holding empresarial, Nueva Rumasa. Desde allí el patriarca y sus hijos varones dirigieron todos los hilos de sus múltiples negocios. Allí recibían a los empresarios que les pedían ayuda, a los que presuntamente han estafado con los pagarés de Nueva Rumasa, y era el cuartel general de todos sus trapicheos a través de sus dos plantas.

Embargo fracasado en la expropiación

El Gobierno socialista de Felipe González ya intentó en su día embargar la mansión de Somosaguas tras la expropiación del holding Rumasa, y ante los reiterados impagos a la Seguridad Social y a Hacienda. Pero el proceso no pudo llevarse a cabo porque para protegerse Ruiz-Mateos puso la casa a nombre de su mujer, Teresa Rivero. La finca tiene 7.000 metros cuadrados y está valorada, según los expertos inmobiliarios consultados por Extraconfidencial.com, entre 6 y 8 millones de euros.

Ahora es historia. Nadie ya visita la casa salvo sus ex empleados que han hecho guardia a sus puertas para poder reprochar a José María Ruiz-Mateos su gestión en los diferentes negocios y todos sus impagos y promesas no cumplidas.Sin embargo, el empresario jerezano no será desahuciado de su histórica residencia madrileña por “motivos humanitarios”. Así lo han decidido los responsables bancarios, que por ahora han determinado que por las características peculiares del personaje: sólo, enjuto, apenado, abandonado por el Opus, enfermo y cada vez más mayor, siga viviendo en su casa. El empresario gaditano sufre una enfermedad de parkinson, agravada con los problemas seniles. Una enfermedad que ya se le diagnosticó en el año 2004

Sin familia

El chalé está  ubicado en la calle Alondras de Somosaguas (Madrid), donde ahora el empresario se refugia en sus horas más difíciles de su existencia y de donde prácticamente ya no sale para nada. Y en el que apenas ya es visitado por nadie. Fuentes cercanas a la familia aseguran a Extraconfidencial.com que María Teresa Rivero a penas va ya por Somosaguas. Vive en Jerez al cuidado de sushijas. Dicen que su mujer, Teresa Rivero, con la que se casó en 1958 y con la que tiene 13 hijos, hace su vida aparte desde hace meses. Mientras que José María Ruiz-Mateos vive en soledad en la planta superior del chalé de Somosaguas, donde otrora estuvieron los despachos de sus hijos. Y lo que antes era un ir y venir de empresarios en busca de boyantes negocios ahora es prácticamente un cementerio. El silencio impera y no recibe la vista de casi nadie. Una residencia donde apenas quedan algunos miembros del servicio personal.  

Sus hijos varones no hablan ya con el patriarca. Algunos de ellos ni siquiera le le cogen el teléfono. Le culpan de todos los males acaecidos.  Dicen que al margen de su hija Begoña, la que mas le visita, está únicamente cuidado por una de las testaferros de holding Nueva Rumasa,  la peruana Susana Álvarez Ampuero.

El papel de la testaferro

Precisamente fue a ésta testaferro de Ruiz-Mateos, a quien también hace unos años la Agencia Estatal de Administración Tributaria le embargó ý sacó a subasta por 5,27 millones de euros una finca urbanizable en Jerez de la Frontera propiedad de una sociedad que ella gestionaba. La finca era propiedad de la sociedad Resplandecencia, al frente de la cual y como administrador única figuraba Susana Álvarez Ampuero, uno de los principales testaferros de la familia Ruiz-Mateos, con cerca de 60 sociedades bajo su aparente gestión.

La Agencia Estatal de Administración Tributariaejecutó entonces la hipoteca de esta finca para responder de un principal de 5,27 millones de euros, unos intereses de demora de 1,13 millones y 1,6 millones de euros de costas y gastos. Pero la familia Ruiz-Mateos, tanto los hijos como las hijas, podrían perder más de una veintena de propiedades, tanto en Madrid como en la costa española con los procedimientos judiciales que mantienen abiertos.

Lo que sí es evidente es que la llama del patriarca de Rota se apaga. Aquel empresario que se hacía los trajes a medida- muy entallados al estilo jerezano-, que mandaba venir al sastre a su casa para tomar medidas. Aquel hombre que investigó a media España, entre políticos, banqueros y empresarios de postín, cuyos informes luego filtraba a las redacciones de los medios informativos. Aquella persona cuyo principal objetivo era la formalidad en el interior del hogar, manteniéndose siempre como un pincel en casa y exigiendo el mismo comportamiento a los suyos, ahora se ha quedado solo, enfermo y sin fuerzas para salir de un agujero donde se introdujo con la ayuda de sus hijos, en los que confiaba y creía. Y ahora ha perdido hasta su histórica residencia de Somosaguas en un final desdichado, angustioso y nada feliz.

Juan Luis Galiacho