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Tras su esperada separación

David Bisbal no quiere hablar con Elena Tablada

Junio 16, 2011

Estaban tocados de muerte. David Bisbal y Elena Tablada han decidido poner el punto y final a su relación. El almeriense no podía más. Insisten en que está muy enfadado y que, ni siquiera, mantiene contacto telefónico con ella.

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Era una separación más que anunciada. Nadie se ha sorprendido de la ruptura entre el cantante David Bisbal y la empresaria Elena Tablada. Diversas fuentes confirman que la situación era realmente insostenible. A pesar de que ellos alegan que el motivo de su separación es la distancia física, quienes le conocen aseguran que las discusiones eran continuas. Recuerdan una pelea, en la que sólo faltó la mascletà, que tuvo lugar hace algo menos de una semana. No fue el desencadenante del adiós definitivo. Bisbal barruntaba desde finales del mes de marzo finiquitar su relación. Advierten que en las próximas horas la pareja remitirá un comunicado de prensa a los medios para hacer oficial lo que, hasta ahora, era un secreto a voces.
Nadie duda de que la singular personalidad de Elena ha influido en la decisión final, pero en esta ocasión mucho ha tenido que ver la falsa cordialidad reinante entre ambas familias. Aunque es evidente que ninguna de las dos partes pronunciaba públicamente una palabra más alta que la otra, en privado se desgañitaban a gusto. Apelaban al sentido común para demostrar que su relación no podría funcionar. Demasiadas diferencias estamentales. Ella, proveniente de una familia muy adinerada de Miami, poco o nada compartía con la humildad de los familiares de él. Advierten que no es algo nuevo. De hecho, algunos de sus más íntimos amigos recuerdan un episodio demostrativo de sus evidentes diferencias. Y es que los Tablada se llevaron las manos a la cabeza cuando, tras invitar a David a una comida familiar, éste se presentó con una mano delante y otra detrás. Consideraron una falta de consideración que el triunfito no se encargara del vino o de los postres. De esos lodos, vienen estos barros. Según fuentes cercanas a la pareja, Bisbal no quiere saber nada de su ex novia. Ni siquiera se hablan. De hecho, las comunicaciones más importantes –tales como la elaboración del comunicado- se harán a través de sus representantes legales.
Renglón aparte merecen las continuas filtraciones a la prensa. Insisten en que David, que es poco afín a que sus secretos sean aireados en televisión, ha puesto, en más de una ocasión, el grito en el cielo. De alguna manera se preguntaba quién se encargaba de contar a los periodistas españoles que cocinaba esto o que discutía por lo otro. Ay, ay, ay. La aparatosidad de Elenita podía con cualquier bache. Sin embargo,  llegado este punto no estaría de más que la joven, que de repente es diseñadora de joyas o imagen de zapatos para bebés, compareciera ante los medios y pedir perdón. Todavía me acuerdo del día en el que me crucificó en Facebook por haber publicado que su relación se tambaleaba. Se jactaba de decir que todos mentíamos, que ellos eran una pareja modélica. Turulato. Demasiada prepotencia. Rezuma ego y altivez. Debería soltar amarres y disculparse. No lo hará, como tampoco explicar qué papel jugó en la separación entre Bisbal y Chenoa. En ella están puestas, ahora, todas las miradas. ¿Qué pensará la mallorquina del descalabro sentimental? Miau.