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Miguel Ángel Silvestre estuvo locamente enamorado de una conocida presentadora

Cuando el Duque besa, besa de verdad

Marzo 26, 2008

El actor castellonense es uno de los rostros más deseados de la televisión. Pese a que su corazón está soltero, quienes han probado sus besos aseguran que es uno de los hombres que mejor besan.

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Que el actor Miguel Ángel Silvestre se ha convertido en un ídolo de masas es una realidad indiscutible. Las audiencias que cosecha la serie que protagoniza en Telecinco avalan su buen hacer en el mundo de la interpretación. Su éxito televisivo provoca que sus incontables seguidores empiecen a interesarse por su vida privada. Pues bien, pocos saben que El Duque comparte con dos personas más, un bonito apartamento en el centro de Madrid en el que reside desde poco después de que decidiera dejar su Castellón natal para probar suerte en la capital de España. Sus amigos cuentan que es un hombre excesivamente tímido, que tiene muchos complejos físicos y que, desde muy joven, tenía clara su vocación artística. Pese a que ha tenido varias novias formales, en la actualidad está soltero y disfruta de su libertad sentimental con asiduidad heladora. Me cuenta alguien que ha saboreado sus labios, que Miguel Ángel Silvestre es uno de los hombres que mejor besan, un conquistador de los que cautivan con las palabras y entusiasman con los halagos. Un apuesto mocetón, sensible y divertido, con el que se puede conversar de temas banales o realmente trascendentales. En definitiva, que El Duque no sólo luce un envoltorio envidiable, sino que además ilumina con su personalidad.
 
Amor imposible
 
Aunque de momento no parece dispuesto a rehacer su vida sentimental, hubo un tiempo en que Silvestre bebía los vientos por una conocidísima presentadora a la que intentó seducir con todo tipo de estrategias. Sus más allegados cuentan que ella ocupaba gran parte de sus pensamientos, sueños y fantasías. Y, aunque estuvo colgado de la mujer de la eterna sonrisa durante varios largos años, lo cierto es que nunca logró enamorarla. Ni siquiera su penetrante mirada consiguió enternecerla. Eso sí, ahora comparten una impagable amistad. Rarezas del ser.
 
Por Saúl Ortiz