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La notoria presencia de la supuesta amiga de don Juan Carlos deja boquiabiertas a antiguas amistades del rey

Corinna Larsen y el club de las falsas princesas

Abril 22, 2012
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Se cuenta que en septiembre de 1910 una cantante francesa del Music Hall, la bella Gaby Deslys, amante del rey Manuel II de Portugal, tuvo que huir de Lisboa precipitadamente abordando un tren en marcha para escapar de un posible linchamiento público. Dos semanas más tarde caía la monarquía portuguesa. Los tiempos han cambiado pero las pasiones no, y por ello, frente a los detractores de la princesa de Asturias, que no se ahorran nada a la hora de afearle la imagen afirmando que todo comenzó a cambiar en Zarzuela a raíz de su llegada a la familia real, cabría preguntarse si ese cambio en las relaciones internas de la familia real no tendría mas que ver con la súbita irrupción en escena de la rubia Corinna Larsen, conocida falsamente como princesa de Sayn-Wittgenstein-Sayn. De hecho, y según nos cuentan, hasta antiguas amigas -sin duda más discretas-, de don Juan Carlos, están boquiabiertas ante la notoria presencia de Corinna en los más insospechados lugares. 

La ínclita Corinna, nacida en Frankfurt en 1965, es hija del danés Finn Bonning Larsen que en otro tiempo fue representante de la línea aérea brasileña Varig para Europa. Su escalada social comenzó con su noviazgo de juventud con Gert Rudolph (“Muck”) Flick, el heredero del imperio automovilístico Mercedes luego casado con la princesa rusa Donatella Missikoff. Aquella relación no prosperó y ella contrajo un primer matrimonio con Philip Atkins con quien fue padre de su primera hija, Nastassia, tras cuyo nacimiento se divorció en 1993 haciendo también anular su matrimonio.

Salto a la alta sociedad internacional
Pero su gran salto a la alta sociedad internacional fue su brillante boda en Londres (seguida de una boda religiosa en Austria) en el año 2000 con el príncipe Johann Casimir (“Cassi”) de Sayn-Wittgenstein-Sayn (Alteza Serenísima), un banquero de la city londinense e hijo de una importante familia del imperio alemán. Una boda que no gustó en absoluto a los discretos y muy católicos padre de “Cassi”, los príncipes Alexander y Gabriele de Sayn-Wittgenstein-Sayn. En 2002 Corinna y su príncipe, asiduos de las elegantes carreras de Ascot y de los más vistosos saraos de la buena sociedad londinense, fueron padres del príncipe Alexander pero su matrimonio terminó en un estrepitoso divorcio en 2005.

Fue entonces cuando “Cassi” inició una nueva relación con la multimillonaria norteamericana Tinsley (“Topper”) Mortimer, hija de un rico hacendado de Virginia y ex esposa de un magnate del petróleo, mientras Corinna se acercaba a España en su determinado deambular. Para ello le fue muy útil conservar su flamante apellido de casada que le ha permitido jugar con la confusión de una falsa pertenencia a una importante familia principesca que, en realidad, no hace de ella en absoluto una princesa puesto que dado que en Alemania los títulos de nobleza no son reconocidos por el Estado han pasado a ser el apellido de los antiguos príncipes.

De hecho, nada más distinto de la imagen pública de Corinna que el elevado perfil que su antigua familia política mantiene pues los Sayn, propietarios de castillo y fincas en Alemania y Austria, veneran de forma extraordinaria la memoria de su hija menor, la princesa Filippa, que habiendo fallecido junto a su esposo en un trágico accidente de coche se habla ahora de llevarla a los altares por su ejemplar vida cristiana y su bondadosa personalidad.

Las otras rubias
Pero su caso no es el primero, ni será el último, pues ya en 1987 la también rubia Gabriele Renate Homey comenzó su imparable ascenso social al adoptar el apellido de su padrastro, Bodo Thyssen (no confundir con los verdaderos Thyssen-Bornemisza de Caszón), para cuatro años después contraer un mas que controvertido matrimonio con el príncipe Karl Emich de Leiningen por entonces viudo de la princesa Margarita de Hohenlohe-Oehringen. Aquella primera boda, que horrorizó al padre del novio que llegó a obligar a su hijo a renunciar a sus derechos como jefe de esa importante casa principesca dando pábulo a mil habladurías en Alemania, acabó en divorcio cuando la nada ingenua Gabriele Thyssen ya había encantado a otro príncipe aún más rico: Karim Aga Khan. Pero este segundo matrimonio, que la convirtió en la Begum Inaara, también terminó en divorcio reclamando ella ahora a Karim Aga Khan la nada despreciable suma de 60 millones de dólares.

Otro caso similar es el de la fotógrafa alemana Catarina (Nina) de Zomer, también flamante rubia y ahora segunda esposa del príncipe Karl Friedrich de Hohenzollern-Sigmaringen que, habiendo provocado el divorcio del príncipe de su primera esposa, la condesa Alexandra Schenck von Stauffenberg, está poniendo patas arriba no solamente el castillo de los Hohenzollern en Alemania sino también las relaciones familiares en el seno de esa histórica familia. ¿Quién dijo que las rubias eran tontas?

Ricardo Mateos