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Fue detenido un individuo con trastornos psiquiátricos, reconocido por un testigo, pero quedó absuelto en el juicio

Continúa libre el criminal que asestó 11 puñaladas, hace 18 años, a la joven ilicitana Trinidad Agulló

Mayo 18, 2014
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Trinidad Agulló Vázquez, de 24 años, fue apuñalada brutalmente cuando salía de un garaje de la avenida Oscar Esplá de Elche el 21 de mayo de 1996, cuando regresaba de una fiesta de cumpleaños. Un individuo esperó a que la joven descendiese de su vehículo, la golpeó inesperadamente contra la pared y luego le asestó once cuchilladas, cinco de ellas en zonas vitales como el hígado, el estómago o el ventrículo izquierdo. Trinidad sufrió tres paradas cardiacas durante su traslado al hospital, donde le fueron practicadas hasta cinco operaciones de urgencia. Falleció dos días más tarde.

Un machete de monte y un enfermo mental
 
Poco después de que los doctores certificasen su muerte, un vecino de la calle donde se cometió el asesinato encontraba el arma homicida: un machete de monte de 20 centímetros de hoja. La Policía desplazó un equipo especial de investigadores desde Madrid para trabajar a tiempo completo en el caso y, tres años después del crimen, era detenido un hombre de 28 años, Tomás B.S., que padecía esquizofrenia y que había sido reconocido por un vecino saliendo del garaje la noche de autos con la mano derecha ensangrentada y portando un objeto punzante en la izquierda.
 
El sospechoso resultó ser amigo del novio de Trinidad Agulló. En comisaría se declaró inocente y explicó que estaba en tratamiento psiquiátrico desde 1992: “Sufro una esquizofrenia paranoide –dijo- y a veces escucho voces en el interior de mi cabeza”. En el juicio, celebrado en septiembre de 2000, la Fiscalía le consideró inimputable debido a su estado de enajenación mental y pidió para él 15 años de reclusión en un psiquiátrico. La Acusación Popular, en representación de la familia de la joven asesinada, demandó una pena de 17 años de cárcel, mientras que la defensa solicitó la absolución por falta de pruebas.
 
Los celos como móvil del crimen

La defensa se afanó en desacreditar el testimonio del único testigo. El abogado del sospechoso explicó que su narración era increíble y dudaba de que tres años después del crimen una persona sea capaz de reconocer a otra que ha visto tres segundos a través de la ventanilla de un coche pasada la medianoche. El testigo se ratificó en su versión de los hechos e indicó que se acordaba perfectamente del rostro del sospechoso porque estuvo a punto de atropellarlo, mientras buscaba aparcamiento, cuando éste huía a la carrera. Indicó también que reconoció sin dudarlo al acusado en las fotos que le mostró la Policía y, después, en dos ruedas de reconocimiento.

El abogado de la Acusación Particular, en representación de la familia de la víctima, dijo que el acusado mató a Trinidad Agulló porque sentía celos de la buena relación de la joven con su pareja, frente a la mala situación que él atravesaba con su novia de entonces. Ambas parejas se trataban habitualmente. El acusado se declaró inocente y explicó que la noche del crimen estaba en su casa, versión que fue ratificada por su madre. Además, en el garaje no aparecieron restos biológicos del sospechoso.
 
Pesadillas, mentiras y sectas
 
Por su parte, la madre de Trinidad Agulló narró ante el tribunal que, meses después del asesinato de su hija, se presentó en su casa el sospechoso y le dijo que tenía algo importante que contar sobre la muerte de Trini, aunque acto seguido se echó atrás, indicó que ya no se acordaba de la información y se marchó. Este extraño comportamiento levantó recelos entre los familiares de la fallecida. Un inspector de policía declaró que el acusado les dijo en una ocasión a los investigadores que el crimen había sido obra de una secta dirigida por el padre de su novia de entonces, extremo éste al que los agentes no dieron ninguna credibilidad.
 
El 14 de junio de 2001, un jurado popular emitía, por unanimidad, un veredicto de no culpable al considerar que ninguna prueba situaba indubitadamente al acusado en el lugar del crimen. Al abandonar la sala, éste se felicitó por el final de dos años de pesadillas y mentiras, mientras que la familia de Trinidad Agulló sigue recordando que continúa habiendo un asesinato no resuelto y un criminal suelto.
 
José Manuel Gabriel