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Un discurso grande con cuatro pilares: don Juan, la reina y los príncipes de Asturias

Con la abdicación del rey ahora se explican muchas cosas: la asistencia de doña Sofía a la reunión del Grupo Bilderberg (“Amos del Mundo”) y la entrega en Naciones Unidas del premio “Camino para la Paz”

Junio 3, 2014

Doña Sofía es la última reina consorte de Europa nacida en “la sangre”
Todas las miradas y todas las preguntas giran ahora hacia la princesa de Asturias que no deja de estar en el punto de mira de todos

Son muchos los enemigos con los que cuenta doña Letizia, no así don Felipe, entre el establishment. ¿Cómo responderá la nobleza que tan poco la quiere?


El anuncio de la abdicación del rey nos dejó estupefactos ayer y generó de inmediato una gigantesca movilización mediática tanto en España como en toda Europa; teléfonos echando humo en las redacciones (de España, Francia, Inglaterra y hasta en Brasil), y entre los expertos que nos transmiten una idea clara de la enorme importancia de una monarquía como la española, que algunos consideran que pasa por momentos tan difíciles, no solamente en nuestro país sino en todo el mundo. Porque los símbolos son eternos y no pueden frivolizarse. Y sobre la una del mediodía vimos a don Juan Carlos declamando un discurso grande y ejemplar que se hace eco de los nuevos tiempos.

Una decisión larvada desde el pasado mes de enero, pero que quizá nos permite entender muchos de los acontecimientos de los últimos meses con un rey esforzado y aplicando sus escasas energías en agotadores viajes de hondo calado al mundo árabe que es el que controla el petróleo, y por tanto gran parte de la economía mundial. Pero también el por qué de la inesperada presencia este pasado fin de semana, después de una larga ausencia, de doña Sofía en el encuentro celebrado en Copenhague del poderoso Grupo Bilderberg, al que muchos califican de “amos del mundo”. Una reina que este miércoles recoge en la sede de Naciones Unidas el último gran homenaje de su vida como consorte de un soberano reinante, al ser merecedora del premio “Camino para la Paz” por sus innumerables e históricos actos de apoyo continuado a los desfavorecidos del mundo. Intentos muy loables de don Juan Carlos y de doña Sofía por dejar las cosas lo mejor posible para el futuro de una España en proceso de renovación (ahí está la potente irrupción de Podemos), ante el nuevo reinado de don Felipe y doña Letizia.
 
Doña Sofía, última reina consorte de Europa nacida en “la sangre”
 
Una decisión que sin duda ha sido durísima para el rey, cuya afirmación de “haber dedicado mi vida a España” no es falacia alguna habida cuenta de una existencia jalonada de enormes dificultades desde aquel frío día del invierno de 1948 en el que salió de la estación lisboeta de Santa Apolonia camino de una España sumida en las tristezas de postguerra en la que había que restaurar la monarquía y llevar de vuelta la democracia. Durante los últimos años personas muy cercanas a don Juan Carlos nos han reiterado su deseo de no abdicar y de “morir con las botas puestas”, pero es sin duda el deseo legítimo de regeneracionismo el que le ha impulsado a tomar esta decisión tan dolorosa para dar paso a “una nueva etapa de esperanza” desde su voluntad de siempre de “que los ciudadanos fuesen protagonistas de su propio destino”. Sin olvidar, por supuesto, lo dolorosa que es la deriva independentista en Cataluña para alguien como él que es heredero de aquel deseo de ser “rey de todos los españoles” ya manifestado por Alfonso XII en 1875.
 
Por ello no faltó en el discurso una generosa mención a la figura de su padre, don Juan de Borbón, de cuyos anhelos él siempre ha sido portador; una mención que deja claro como para don Juan Carlos la legitimidad de ejercicio no procedió en su momento de Franco, sino de su padre como detentador de los derechos que surgen de la historia. Pero también hubo espacio en el breve discurso para un merecido agradecimiento sincero a doña Sofía, de recorrido ejemplar en su posición de reina consorte (la última reina consorte de Europa nacida en “la sangre”), y por supuesto para hablar del príncipe de Asturias que “contará con el apoyo de la princesa Letizia. Cuatro grandes pilares de este discurso de salida, que cierra definitivamente la puerta a la desde hoy ya antigua Transición política.
 
Y doña Letizia será la primera reina consorte de España no nacida en la sangre
 
Llega pues Felipe VI, y todas las miradas y todas las preguntas giran ahora hacia la princesa de Asturias que no deja de estar en el punto de mira de todos. Tendremos que acostumbrarnos a decir reina Letizia, cosa que no nos resultará tan sencilla pues la princesa se enfrentará ahora al altísimo listón colocado durante años por doña Sofía a quien sin duda contemplaremos con nostalgia. Son muchos los enemigos con los que cuenta la princesa de Asturias, no así don Felipe, entre el establishment (¿cómo responderá la nobleza que tan poco la quiere?) y cabrá ver como ella, a partir de ahora todavía más observada si cabe, comienza a calzarse un traje enormemente grande y difícil de llevar en el que el elemento simbólico y de representación tiene una muy notable importancia.
Doña Letizia será la primera reina consorte de España no nacida en la sangre, y el vértigo debe de ser grande; y la infanta Leonor devendrá princesa de Asturias, la primera mujer en serlo desde que en 1886 lo fuese la infanta Mercedes, hermana de Alfonso XIII. Pero también se abren ya muchas preguntas, que aún no podemos responder, sobre la vida futura de don Juan Carlos y doña Sofía mientras los medios de prensa de medio mundo continúan buscando con interés el comentario de los expertos sobre la gran noticia.
Ricardo Mateos