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A QUIÉN CORRESPONDA

A QUIÉN CORRESPONDA

ComScore, muy lejos de volver a cotizar en Bolsa, recibe una nueva carta de advertencia del Nasdaq por sus retrasos en complementar su información financiera, mientras que los anunciantes españoles cuestionan ya las estadísticas que proporciona

Abril 6, 2017
comscore

El proceso de hundimiento de credibilidad de comScore, la empresa medidora de audiencias de medios digitales, sigue imparable y, por fin, más allá de las informaciones que desde este medio publicamos periódicamente, parece que en España empiezan a tomar nota.

Las dos organizaciones más representativas del sector de la publicidad, Interactive Advertising Bureau (IAB Spain), y Asociación para la Investigación de Medios de Comunicación (AIMC), han decidido convocar el año que viene un concurso ante las numerosas deficiencias técnicas que presenta el actual sistema gestionado por comScore que mide -con tan sólo 1.624 dispositivos en teléfonos móviles, exclusivamente Android-, una audiencia que alcanza ya en España casi los 27 millones de usuarios y que no para de crecer, a un ritmo del 16% anual. En el lado contrario, un segmento menos numeroso, el de los usuarios de Internet a través del ordenador, que ya sólo alcanza los 22,1 millones de personas, se controla a través de la medición de 39.436 ordenadores.

Este desfase en la medición de las cifras, que siempre es estimada, nunca real, da como resultado deficiencias que han colmado la paciencia de algunos de los anunciantes más críticos que opinan abiertamente que están en una situación de indefensión. ComScore se comprometió desde hace tiempo a desarrollar y mejorar sus herramientas de medición, pero apenas hay avances. Con ello, muchas empresas anunciantes pueden diseñar Campañas de forma deficiente ya que se subestima el peso de los dispositivos móviles.

Dura advertencia desde el Nasdaq

Incumplir promesas parece ya ser una norma para la empresa estadounidense de medición de audiencias, que acaba de recibir una segunda y dura carta por parte del Nasdaq, la Bolsa estadounidense de acciones tecnológicas-, que suspendió ya su cotización en el mes de febrero. En esta ocasión ha remitido una misiva adicional en la que señala que aún no ha recibido el Informe Fiscal sobre el año terminado el pasado 31 de diciembre. Igualmente, también señala que tampoco ha celebrado la reunión anual de accionistas para el año fiscal 2015 ni tampoco ha remitido los Informes trimestrales de los periodos finalizados el 31 de marzo de 2016, 30 de junio de 2016 y 30 de septiembre de 2016.

La carta, aunque esperada, es otro duro golpe para la empresa que ve más alejado su vuelta a cotizar en Bolsa. Y es que, a pesar de conceder a la empresa un plazo más que dilatado para cumplir con sus obligaciones de información, comScore es incapaz de reformular sus cuentas, lo que a su vez genera más incertidumbre a los inversores.

La sospecha más generalizada es que los máximos ejecutivos podrían haber manipulado los ingresos para así elevar el precio de las acciones de la Compañía y alcanzar los objetivos establecidos por la empresa para cobrar cuantiosos bonus económicos, pero no es el único posible motivo, y tampoco el que tiene más trascendencia.

En el año 2015, con las acciones en máximos históricos, y con un valor de 800 millones de dólares, comScore adquirió la empresa Rentrark Corporation con la intención de ganar peso frente al gigante de la medición de medios Nielsen, cuyas valoraciones son la base para las tarifas de publicidad de televisión en la mayor parte de los países del mundo, especialmente en Estados Unidos. Con la compra de Rentrak, comScore entró en el negocio de la medición de cine y televisión y lo hizo, no adquiriendo la citada sociedad mercantil con dinero, sino intercambiando unas acciones infladas.

De momento tiene atrapados a miles de accionistas mientras que muchos clientes ya debaten abiertamente sobre la credibilidad de su modelo de medición. Peor es difícil, aunque mes a mes comScore se empeña en sorprender a todos negativamente.