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Cómo usar de forma inteligente su tarjeta de crédito para evitar gastar más de la cuenta

Junio 29, 2017
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Este año 2017 va a ser otro gran ejercicio para el sector de las tarjetas de crédito en España. Después de aumentar su parque en 3,9 millones más de plásticos (un 8,77%), y alcanzar los 48,75 millones, este año romperá con claridad la barrera de los 50 millones de tarjetas emitidas. El final de la crisis, el aumento del consumo y el mayor empuje en concesión de Bancos y Entidades Financieras de Crédito conduce a que se multipliquen en su número y en uso. De hecho, las tarjetas de crédito están diseñadas precisamente para lo siguiente.

La grave crisis financiera que parece que por fin se está superando ha puesto en muchos de los casos una cruz al endeudamiento. Desde luego, buena parte de los problemas que se han enfrentado Bancos y miles de familias ha tenido como origen el excesivo pasivo y en no poder hacer frente a los pagos de estas deudas cuando las circunstancias económicas -especialmente el desempleo-, se volvieron adversas. Una lección que se debe sacar de esta crisis no debe ser renegar de cualquier tipo de financiación, sino centrarnos en conocer bien los costes de la misma y, como cualquier decisión de préstamo, afecta globalmente al presupuesto familiar.

Esto ocurre con las tarjetas de crédito. Si su uso no incrementara el gasto, nos encontraríamos con un producto financiero “fracasado”, ya que su fin es justamente este: facilitar las compras. Desde aplazar unos días el pago sin conllevar ningún coste -por ejemplo, del 20 al 20 de cada mes, para abonar todas las compras el día 1 del mes siguiente-, hasta fraccionar o financiar las mismas durante muchos más meses. Todo ello permite comprar productos que de otra forma tendría que esperar para su adquisición. Con ello se incentiva el consumo sin que necesariamente cause un grave perjuicio a su economía familiar.

Uso negligente frente al manejo inteligente de la tarjeta

Por supuesto, la utilización de la tarjeta de crédito tiene sus riesgos, especialmente si se realiza de forma negligente, sin considerar que todo lo que compre tiene que pagarlo añadiendo unos intereses. Los peligros más comunes de este mal empleo:

– No controlar lo que paga, acumular compras sin saber cuál es su importe total ni lo que supondrá las cuotas de pago sobre sus ingresos.

– Utilizar cuotas mínimas -hay tarjetas que incluso permiten pagos de 5 euros mensuales-, que pueden llevar a que ni se cubran los intereses y que cada mes deba más, eternizando su pago.

Estos errores son fáciles de subsanar. Incluso si no realiza la importante labor de llevar su presupuesto al día en el cual anote todos los gastos debe siempre acceder por Banca online al extracto de las operaciones con tarjeta. También debe conocer las condiciones de financiación (interés, comisiones…) y calcular cuál será el coste total de financiar nuestras compras.

Por todo ello, el uso responsable de la tarjeta es tan sencillo como hacer un ejercicio práctico basado en una serie de preguntas

1- ¿Necesita hacer esta compra? ¿Puede esperar? Es la primera y muy necesaria cuestión que les permitirá reflexionar sobre las necesidades reales de compra. Esto no significa que solo gaste lo estrictamente justo para vivir, sino que les ayudará a establecer prioridades.

2- ¿Cuánto más va a costar? Segunda pregunta clave: saber qué abonará por los intereses y en qué meses podrá pagarlo. Lo mejor, hacerlo en el menor plazo posible para aminorar el coste.

3- ¿Puede asumir estos pagos? Este coste hay que sumarlo a todos los demás gastos -con ello analizará si puede renunciar a alguno-, y confrontarlo con los ingresos para ver su capacidad de hacerlos frente. La situación futura puede variar por lo que es importante no alargar mucho en el tiempo los pagos y tener en cuenta cualquier eventualidad.

Si son responsables en el gasto y en el uso de la tarjeta de crédito, tendremos a mano una herramienta financiera que les ayudará a conseguir algunos de sus objetivos, con un coste, pero sin tener que esperar un largo tiempo para ello.