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El polémico matrimonio de Carla Goyanes y Jorge Benguria

Cómo hacer de tu Boda un Gran Negocio. Por Goyanes & Cia

Julio 20, 2011

Desde esta columna siempre hemos criticado la elección del traje diplomático para acudir a una boda. Esto lo hemos hecho en base al hecho de que este tipo de traje es el traje por excelencia de los negocios y una boda nunca debería considerarse negocio alguno.

Sin embargo, y a tenor de lo que últimamente se ve en la supuesta “alta sociedad”, solo el traje diplomático, como tan elegantemente lo viste el duque de Feria, debería tener cabida en estas bodas-negocio-todo por la pasta.

Siempre he sido de la opinión de que tiene mucha más clase aquel caballero que se casa en su viejo coche, celebra su enlace en un restaurante de segunda clase y se marcha de viaje de novios a cualquier destino de la geografía nacional que aquellos otros señores que presumen de vivir en la abundancia y no tienen ni el mínimo señorío de pagar con su propio dinero la boda de su propia hija y la tienen que subvencionar vía patrocinios y exclusivas.

¿De qué sirve casarte en un gran casoplón, que te sirva el catering un conocido restaurante, que te vayas de viaje de novios a un exclusivo resort en una isla perdida del Pacífico si hasta los vestidos de novia te los han tenido que regalar para que hagas promoción de la marca que lleva en su interior?

Cuando de verdad se tiene poderío económico y, sobre todo, señorío, pero del de verdad, todo esto sobra. ¿Alguien se imagina un señor “de los de toda la vida” vendiendo la intimidad suya y de su familia para hacer frente a los pagos de una boda?

La opulencia no es bella en ninguna de sus manifestaciones y mucho menos si dicha opulencia es además prestada. ¿De qué sirve lucir unas preciosas joyas si al día siguiente te toca devolverlas a la joyería que te las ha prestado?

Si bien la ausencia de señorío entre esa supuesta alta alcurnia “Made in Spain” y el querer aparentar lo que sencillamente no se es daría para terminar este artículo no queremos hacerlo sin antes detenernos en el atuendo de los caballeros allí presentes.

Si nuestros lectores pensaban que Francisco Ortiz, hijo de Gunilla von Bismarck, después de su desastrosa puesta en escena en el día de su boda había decidido rectificar y entrar en la senda del sentido común, se equivocaba. Un cuello muy poco apropiado para su contorno de cara, una corbata que asomaba por debajo de la chaqueta y lo que es mucho peor, unos mocasines puramente de sport, Louis Vuitton, fueron su tarjeta de presentación.

Aunque es de justicia admitir que la gran mayoría de los invitados vistieron acorde con la formalidad del evento, hubo caballeros que lo hicieron con más acierto que otros.

Como no podía ser de otra forma debemos comenzar con un rápido análisis del chaqué del novio, Jorge Benguria. Si como parece ser su intención al desabrocharse uno de los botones de la levita, quiere que todo el mundo sepa que su traje no es de confección sino de sastre, ya podía haberse cerciorado de que éste no bailase continuamente sobre su cuerpo.

Si tenemos en cuenta, a tenor de lo que nos muestran las imágenes, el desplazamiento continuo del chaqué mejor hubiera sido dejarse ese botón abotonado y dejar abierta la puerta a la posibilidad de que el chaqué fuera de confección.

Igualmente, alguno de sus conocidos allí presentes le debería haber dicho al joven novio que el chaqué es un conjunto que al contar con tres piezas se puede vestir con la levita abierta. Esto nos hubiera permitido ver el bonito chaqué cruzado que se adivina debajo de la chaqueta. También hubiera sido de agradecer que se hiciera un nudo de corbata acorde a la formalidad que una prenda como el chaqué requiere y que hubiera huido de los puños blancos y por el contrario optara por, manteniendo el cuello blanco, unos puños también azules.

José Campos seguro que hubiera hecho un favor a los novios de cara a las fotos de la exclusiva del HOLA si se hubiera quedado en casa. No es de recibo presentarse a una boda en el sur de España con una camisa guayabera y más si como es su caso eres originario de Santander.

Los zapatos no son el fuerte de los españoles; se sea de sangre azul o de la del color de la mayoría de los mortales. Así pudimos ver a Marco Severini, marido de Nieves Álvarez, vistiendo un modelo full brogue, a José María Pasquín, marido de Nuria March, escoger unos mocasines.

D. Jaime de Marichalar a quien tantas veces hemos defendido de las casi siempre infundadas críticas le recomendaríamos que cuando llegue la noche guardara las gafas de sol o al menos no las mostrara de forma tan llamativa.

Al Sr. Fernando Fernández-Tapias siempre le hemos reconocido su valentía por hacer acompañar a su chaqueta del obligado pañuelo de bolsillo. No obstante, seguro que un pañuelo de bolsillo algo diferente al de la corbata conseguiría un mejor resultado.

Luis Medina a quien por el contrario no siempre hemos tratado con el mismo respeto que hemos hecho históricamente con su hermano, en esta ocasión vistió, a falta de ver los zapatos, muy acorde a la formalidad que requería la celebración de esta boda.

Si para algo ha servido esta boda es para demostrar a los señores de a pie, que la clase y la distinción no la aportan ni los apellidos ni la fama de los invitados. Por el contrario, el verdadero señorío está en esos desconocidos caballeros que no necesitan vender boda alguna ni patrocinar marca alguna como para que les sobre caché para correr con la totalidad de los gastos del enlace de su hija.

PD Ninguna de las fotos de este artículo pertenecen al enlace celebrado entre la señora Carla Goyanes y el señor Jorge Benguria al estar todas ellas vendidas en exclusiva a la revista HOLA

Jeeves

elmayordomo@extraconfidencial.com