Menú Portada
"He puesto todo en manos de mis abogados"

Chiquetete responderá a Raquel Bollo en los tribunales

Abril 28, 2011

Al otro lado del teléfono, la Gahona es fría. Tremendamente tajante. Beligerante, incluso. Distante, con tono combativo, reitera que su novio no es ese que dibujan en la pequeña pantalla. Habla de llantos y de miserias. De soledad. De tristeza y amargura: “Lo hemos pasado muy mal, pero Antonio lo ha puesto todo en manos de los abogados, le ha puesto ya dos querellas –se refiere a Raquel- y seguirá por la misma línea”.

pq_927_chiquetete.jpg

La misma cantinela de siempre. Rentabilidad y porcentajes, aunque ahora la ponen injustamente contra las cuerdas. Raquel Bollo vive un auténtico martirio desde que tuviera que recordar su turbulenta relación con Chiquetete en esa Caja reveladora de filias y fobias. Salió escaldada y maltratada. La justicia le dio la razón en un conflicto que fue igual de polémico que televisado. Las fotografías de los malos tratos golpearon a los seguidores de la prensa rosa y, desde entonces, ambos protagonistas viven entre tinieblas. Una por el recordar de los acontecimientos y, el otro por ser objetivo indiscriminado de críticas. Sin embargo, resulta hilarante que haya quien cuestione la veracidad de los hechos contados por la Bollo, sobre todo porque le avala la justicia. Durante su romance, la colaboradora de ‘Sálvame’ aguantó carretas y carretones. Sufrió y lloró. A punto estuvo de perder la cordura que le caracteriza, a pesar de que Pepa Caballero, otrora representante artístico y ahora danzarina azotadora, reste importancia a las palizas que le propinaba. Es probable que Raquel haya errado en alguna ocasión, pero nunca deberían ponerse en entredicho sus argumentos y experiencias. Son ley y justicia.
 
A pesar de todo, se entiende el desgaste de Chiquetete, incluso el aluvión de años que le han caído encima. No parece el mismo. Tiene mayores hechuras y grandes bolsas en los ojos, aunque dicen que aún conserva el vozarrón con el que cantaba aquella cobardía inimitable. Qué tiempo tan feliz. Vivir de ese recuerdo le ha pasado factura. No le queda otra, teniendo en cuenta que en televisión siguen condenándole a cadena perpetua: “Tendrían que verlo ahora”, repite con tono alterado uno de sus más íntimos. Antonio apenas ingiere alcohol, fuma poco y no consume sustancias tóxicas. Está reinsertado. Es cierto que todavía mantiene contacto con amistades poco recomendables, pero su rutina actual dista mucho de la que le tocó vivir a una Raquel Bollo que se relame las heridas. Chiquetete ha aprendido a querer. O tal parece. Pasa las tardes enteras presenciando capeas de amigos, haciendo que torea vaquillas o viendo corridas de primera, segunda o tercera. Sale poco. Frecuenta una cafetería cercana a su casa y, de vez en cuando, se deja caer por el gimnasio del barrio. Cuentan que apenas se le puede ver pasear por las calles de Sevilla. Y menos en compañía de su novia, Carmen Gahona, quien hace las veces de secretaria telefonista.
 
Carmen es la que le protege. Viven una relación de ida y vuelta. No obstante, es la que filtra las llamadas y la que lleva sus asuntos más triviales. Antonio sigue siendo igual de machista, pero empieza a entender que las mujeres tienen mismos derechos y obligaciones. Al otro lado del teléfono, la Gahona es fría. Tremendamente tajante. Beligerante, incluso. Distante, con tono combativo, reitera que su novio no es ese que dibujan en la pequeña pantalla. Habla de llantos y de miserias. De soledad. De tristeza y amargura: “Lo hemos pasado muy mal, pero Antonio lo ha puesto todo en manos de los abogados, le ha puesto ya dos querellas –se refiere a Raquel- y seguirá por la misma línea”, responde cuando le pregunto. Él está en los toros. Aplaude con fuerza cada embestida y mueve su pañuelo para que le den el rabo: “Yo ya la he denunciado y he puesto todo en manos de mis abogados”, asiente con tranquilidad a través de su teléfono móvil. No hablará públicamente de sus cacareados desencuentros con Raquel. Para eso necesitaría bajar a los infiernos y reencontrarse, frente a frente, con un pasado que quiere olvidar. Tiene derecho a una segunda oportunidad…
 
Por Saúl Ortiz