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Llamó "hija de puta" a Eva Carreño

Charo Manzano, la gran enemiga de Carmina

Diciembre 20, 2010

Charo fue una de las personas que acompañó a Carmina en su última noche. Hay constancia de que estuvo allí porque, entre otras cosas, la Divina envió incesantes mensajes de texto a Eva Carreño para que se uniera a la fiesta. Eva rechazó la invitación en varias ocasiones. No podía soportar a la Manzano: “Yo con esa no voy a ningún sitio”, le respondió brevemente. Hacía mucho tiempo que la tenía atravesada.

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Está viva aún estando muerta. Carmina Ordóñez vuelve a estar de actualidad desde que Telecinco emitiera el documental “Carmina: devorando la vida”. Un emotivo recorrido por la trayectoria personal de una de las musas de la prensa rosa que falleció en circunstancias todavía sin aclarar a la edad de cuarenta y nueve años. Ahora, son muchos los que está aprovechando el momento para sacar tajada. Falsos amigos que circulan por los platós de televisión azuzándose la melena y dándose golpes en el pecho. Es el caso de la deslenguada Charo Manzano, una especie de ninja regordeta que más que amiga podría ser calificada como una de las enemigas más directas de la Ordóñez. Charo nunca fue buena influencia para Carmina. Me cuentan que las discusiones entre ellas fueron más que sonadas. De hecho, al parecer, en una ocasión tuvo que ser la policía la que la sacara del domicilio de Carmen ante el tremendo desbarajuste que estaba provocando.  
Charo fue una de las personas que acompañó a Carmina en su última noche. Hay constancia de que estuvo allí porque, entre otras cosas, la Divina envió incesantes mensajes de texto a Eva Carreño para que se uniera a la fiesta. Eva rechazó la invitación en varias ocasiones. No podía soportar a la Manzano: “Yo con esa no voy a ningún sitio”, le respondió brevemente. Hacía mucho tiempo que la tenía atravesada, quizás porque recordaba con absoluta nitidez el día en que la llamó “hija de puta” cuando Carreño se negó a regalarle un cachorro de su propia camada. Ya entonces sabía de las malas artes de Charo y de su evidente interés. Me cuentan que la Carreño vivió angustiada durante los siguientes tres años. Con un fuerte sentimiento de culpabilidad. Triste y descangallá. Sin apenas salir de casa y con una incapacidad otorgada por los estamentos públicos. Más que desesperada, Eva se sentía atrapada en un pensamiento que, en la actualidad, todavía sigue latiendo fuerte. De alguna manera no puede borrar su no presencia la noche de los autos. Todavía se pregunta qué hubiera pasado si ella hubiera aceptado la invitación de su amiga para estar esa noche en su casa. El destino hubiera actuado de forma similar, quizás porque el fatal desenlace de Carmina ya estaba escrito. No hay culpables.