Menú Portada

Caza de humanos

Octubre 28, 2014

La historia no estimula un especial cariño al hombre blanco desde que penetró en estos territorios extendiendo epidemias y aniquilando a casi todas las poblaciones de indios que vivían aquí. La historia no ha cambiado en el cono sur americano.

pq_929_India.jpg

La historia no estimula un especial cariño al hombre blanco desde que penetró en estos territorios extendiendo epidemias y aniquilando a casi todas las poblaciones de indios que vivían aquí. La historia no ha cambiado en el cono sur americano.

La fiebre del caucho hizo que se desplazaran a zonas de mas difícil acceso por las luchas con buscadores de oro (garimpeiros), que mataban a todo indio que se cruzaba en sus caminos ya fueran mujeres o niños para apresarlos y torturarlos brutalmente. Se extendió un odio hacia ellos sin fundamento alguno.

Proliferaron escuadrillas de asesinos a sueldo para eliminarlos sobre el terreno o atraparlos y venderlos como esclavos en el mejor de los casos, rendidos a una muerte en vida. Hoy solo sobreviven porcentajes mínimos de indios por los miles que poblaron estas áreas, precedentemente a las guerras comandadas por la iglesia para evangelizar, los colonos para esquilmar o enriquecerse y el ejército para matar y esclavizar.


 

Persecución y asedio histórico

 
No es de extrañar, que algunas de estas tribus adoptaran comportamientos violentos con los blancos que capturaban. Las tzantzas (cabezas reducidas) de los Huambisas y Antipas de los Jíbaros, término que detestan por su alto contenido etnocéntrico y racista, fueron prácticas que justificaban para ellos la persecución de multitud de indios que poblaban enormes fajas de bosques vírgenes.

Prácticas que se gestaron con otras comunidades vecinas de blancos como leñadores o diamanteros que suponían una grave amenaza para su existencia. No obstante este sacrificio tan común fue empleándose para los que se atrevieran a traspasar territorios en los que regresar con vida parecía una labor cuanto menos imposible.

En 1989, Sydney Possuelo, presidente de la Fundación Nacional del Indio en Brasil (FUNAI), inició una expedición en busca de una etnia aislada de la cual se sabía por otros indios que les temían por su fiereza y hostilidad. Possuelo, solo quería atraerlos para averiguar por donde se movían, delimitar sus territorios y salvaguardarlos de los buscadores de oro, madereros y diamanteros cuyos encuentros acababan en matanzas la práctica totalidad de los casos.

Nunca quiso molestarlos únicamente protegerlos de intrusos. Quizá un repaso a la historia nos ayudaría a comprender porqué no quieren ni vernos. Para localizarlos, hubo de recorrer las selvas de los ríos Ituí e Itacoaí durante dos meses donde todavía hoy no se ha podido trazar mapas con exactitud en una región de muy difícil acceso. Para ello contó con la ayuda de una escuadrilla de más de 40 hombres – indios Matís en su gran mayoría- grandes rastreadores y armados hasta los dientes.

 

Un tesoro antropológico

Finalmente logró su propósito, pero tuvo que asumir un severo peaje. Ningún indio miembro del grupo de búsqueda deseaba enfrentamiento, les aterrorizaba un duelo, no se fiaban de ellos. Cuando hubo contactado con los indios uno de los componentes de la numerosa expedición murió asesinado. Esta etnia procede violenta y sorpresivamente asestando golpes de cacete (maza de madera de sección cilíndrica presente en danzas y ceremonias).

En Brasil se les conocía bajo el sobrenombre de “caceteiros” que viene a ser “aplastacabezas”. Probablemente los indios vieron a este hombre inocente el culpable, de la cacería que un grupo organizado de madereros emprendió meses atrás matando a cuatro de los suyos. La caza selectiva de salvajes es rentable por lo suculento de sus dominios.

Una persecución en toda regla pues cabe recordar que sus asentamientos son ricos en oro, diamantes, petróleo, gas, madera, biodiversidad…No se tiene constancia de un contacto fechado anterior a este, por tanto esta comunidad indígena se considera una joya antropológica ya que viven incomunicados preservando su cultura ancestral desde hace miles de años.

Durante otra expedición con el mismo fin meses después, Possuelo estableció otro acercamiento con el mismo grupo y con los presuntos asesinos del médico pero esta vez el desenlace fue amistoso, si bien, no permaneció con ellos mas de una jornada. Desgraciadamente otros reporteros sedientos de imágenes y de emociones fuertes del Discovery Chanel, hallaron la muerte en el Valle del Yavarí un año antes por los Marubo, una etnia de semejante ferocidad que recelan del hombre blanco. 

De estos últimos se tienen contactos fechados hace poco, (finales de los 80) pero en cualquier caso, también con fatal desenlace por parte de alguno de los integrantes que tuvo el mal de encontrarse con ellos. Los sucesos y las crónicas más recientes datan de 1997 y hablan sobre la muerte a manos de los Marubo de otros dos científicos americanos que se aventuraron para investigar y desarrollar una tesis sobre el impacto de un meteorito en la zona.

En 1999 Possuelo consiguió delimitar el Alto Yavarí en tierra indígena, estableciendo puntos estratégicos en las confluencias de ciertos ríos, expulsando a todo individuo que penetrara o viviera próximo a los límites de la región. Con ello intenta preservar a estas culturas para que sigan incólumes y aisladas ante la existencia de otros grupos -no se sabe cuantos- que todavía permanecen sin contacto.

Sydney Possuelo tendrá unos setenta años. En su perfil quijotesco, carácter áspero y salud de hierro, se crea la forja de un tipo inquebrantable fiel seguidor de sus principios. Sin su figura y la de su predecesor y mentor el ya fallecido sertanista -experto en localizar y contactar indios aislados- Orlando Vilas Boas, estos proyectos de conservación no existirían hoy día y muchas etnias se habrían extinguido.

Considerado un héroe, esta amenazado de muerte por mafias y empresas ilícitas. A pesar de ser un gran conocedor de los indios estuvo a punto de morir a manos de los Kayapó en el Alto Xingú. En la actualidad continúa trabajando duro con su equipo de la FUNAI. Su ayuda es capital para cuidar y hacer que estos humanos se salven de una caza sin escrúpulos por lobbies de poder.

 
Texto y fotos
Juanma Tobaruela