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Caso Rossi-Márquez: MotoGP no se merece estos árbitros y el italiano no debería llegar líder a Valencia

Octubre 29, 2015
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El deporte de masas, en este complejo siglo XXI, ya es algo más que un mero entretenimiento, es un gran negocio con miles de intereses y ramificaciones en todos los ámbitos de la vida. El fútbol, allá por el anterior siglo, marcó el camino y ahora, mal que nos pese, cualquier deporte que tenga tirón audiovisual, ha seguido la senda del balompié.

El último paso hacia el lado oscuro, ya sin retorno, lo ha dado el motociclismo. El deporte de masas más arriesgado del mundo, que se cobra su buena cuota de vidas año tras año, ha quedado tristemente marcado por el incidente del pasado fin de semana. Pero aún sin este hecho, el camino ya estaba marcado.

No nos engañemos, lo ocurrido en Malasia no nace por casualidad. Es el colofón a una laxitud preocupante por parte de quienes tienen que poner límites y arbitrar el campeonato.

Han dejado que prime el espectáculo, el más difícil todavía, la polémica más grande. En definitiva, la mejor audiencia. Poder, dinero e intereses se han mezclado de forma viciada.

Y  que MotoGP esté ahora tan acerca del fútbol, significa que el deporte ha perdido y que la política y los intereses están ganando.

Como hemos llegado hasta aquí

Las televisiones de todo el mundo pagan autenticas barbaridades por los derechos de cualquier deporte. Dinero, que a su vez, sustenta que los campeonatos crezcan. No nos engañemos, si el Mundial de Motociclismo es cada día más grande, con más carreras, con más marcas, es gracias a la TV.

Hace años, parecen siglos, el Campeonato lo sustentaban básicamente los fabricantes de motos y los organizadores nacionales de cada carrera. Hoy eso es impensable. La fabricación y venta de motos en todo el mundo ha caído hasta límites insospechados, así como sus márgenes de beneficio. Unos números que quedan ocultos globalmente por la ingente cantidad de motocicletas utilitarias de baja cilindrada que se fabrican y venden en países asiáticos.

Tras las marcas, llegaron las compañías tabaqueras que, con sus millonarias inversiones publicitarias, dieron lugar a una época de oro en los deportes del motor. Los míticos duelos Honda-Yamaha-Suzuki, léase Lawson-Spencer-Rainey-Schwantz-Doohan, no se entenderían sin los colores de las marcas de cigarrillos que lucían en sus carenados.

Tras la prohibición publicitaria del negocio del humo, llegó la crisis al motor. Dorna, organizadora del Mundial, con buen criterio comenzó a repartir sus ingresos por derechos de TV entre todos los equipos participantes, para asegurarles unos ingresos fijos y apuntalar sus presupuestos.

Hasta ese momento, las televisiones públicas de todo el mundo, principalmente las europeas, pagaban unos derechos de imagen casi testimoniales. Fueron otros deportes, el primero el  futbol, los que comenzaron a elevar la cuantía del canon visual y el motociclismo no fue ajeno a ello. Había que repartir. Las TV controlaban la mayor parte del mercado publicitario y podían ingresar, vía anuncios, el dinero que invertían.

La siguiente vuelta de tuerca fue el “pay per view”, la televisión de pago. La publicidad se mantenía o incluso bajaba y los derechos televisivos seguían aumentando. Había que hacer caja. Por todo el mundo nacieron canales deportivos especializados, con cuota de suscripción para rentabilizar el negocio. Ya muy pocos, poquísimos países, pueden decir que sus deportes de masas, en este caso el motociclismo, son ofrecidos gratis en abierto y durante todo el año.

Y ojo, en este apartado no hay que demonizar en absolutamente ningún caso a los periodistas y grandes profesionales que llevan a cabo su labor en esos medios. La especialización ha traído como parte positiva un nivel de conocimiento e información nunca visto. Nadie soñaba hasta ahora con ver un Gran Premio desde que llegan los pilotos al circuito hasta que se apagan las luces el domingo, emitiendo en directo hasta el último lamento de cualquier protagonista. En el caso español, la labor de Movistar TV es absolutamente impecable e intachable, como demostró el pasado fin de semana en Malasia.

El actual modelo promueve el espectáculo por encima de todo

Así funciona el sistema. No hay vuelta atrás. El problema es que, para que el sistema funcione, el espectáculo debe continuar bajo cualquier premisa. Una situación que ha impregnado todo, pilotos, equipos, entornos, organizadores, jueces, etc.

Allá por la década de los 80, comienzo de la edad de oro de la categoría reina, a la que tanto ayudó la TV en directo, solo se emitían las carreras. Ni siquiera existía la figura de la rueda de prensa oficial de los jueves. Si un piloto comentaba algo fuera de tono a algún periodista, como mucho sus declaraciones salían publicadas al día siguiente en algún periódico deportivo. La mayor de las veces ni eso. La información podía leerse en las revistas semanales especializadas, generalmente la semana siguiente y con la carrera concluida, o con alguna reseña del comentarista de TV en el transcurso de la misma.

Ahora todos los pilotos, sea en la rueda de prensa oficial o fuera de ella, dan declaraciones diarias los cuatro días del gran premio. La gran mayoría con presencia de la TV. Los protagonistas del circo saben que sus palabras trascienden tanto como sus acciones en pista. Esto da lugar a comportamientos que rozan una mala fotonovela, con pilotos con un guión preparado durante la semana, que repiten como un mantra en cada ocasión.

Dirección de Carrera, organismo dependiente de la organización

Uno de los problemas de Dirección de Carrera es su propia idiosincrasia. Un cuerpo arbitral que depende y está a sueldo del propio organismo organizador del Mundial. Una paradoja que ya de por sí genera dudas.

El primer fallo de Dirección de Carrera, siempre a remolque de las circunstancias, es que es incapaz de sentar a dos pilotos para leerles la cartilla antes de que la sangre llegue al río. Al igual que existe la “Safety Comission” que se reúne cada viernes con los representantes de los pilotos para prever y corregir problemas de seguridad, Dirección de Carrera debería dar una llamada de atención si ve que la tensión dialéctica entre dos pilotos comienza a superar lo estrictamente deportivo. Simplemente un “os estamos vigilando y no vamos a dejar que esto lo arregléis en la pista”.

Pero los problemas de Dirección de Carrera no acaban aquí. Se lo piensan mucho antes de poner los puntos sobre las íes en cualquier sanción que afecte a MotoGP y, sobre todo, a sus estrellas. Una sanción que provoque una merma del espectáculo  y por ende, de las audiencias.

Dirección de carrera, en muchos, muchísimos aspectos ha aportado coherencia y mano dura en el Mundial de Motociclismo. Como ejemplo basta señalar la campaña que mantienen esta temporada con los pilotos de Moto3, que se paran en medio de la pista para buscar rueda y que comienza a dar sus frutos. Pero acaban emborronando esta trayectoria cuando esa misma vara de medir no la aplican en MotoGP, como vimos el pasado sábado durante el tercer entrenamiento libre de la categoría reina. Rossi y Márquez jugaron al ratón y al gato esperándose mutuamente en pista a baja velocidad. Un comportamiento que se sanciona con la pérdida de tres puestos en la parrilla en Moto3  y que Dirección de Carrera no penalizó, con el agravante de que el vídeo de la acción fue difundido con alegría por parte de la organización en sus redes sociales.

Otro ejemplo de este año y que no tiene nada que ver con el incidente del domingo: Andrea Iannone se saltó escandalosamente la salida durante el Gran Premio de Italia en Mugello. Pero el italiano, también con la italiana Ducati, no fue sancionado con el preceptivo ‘ride through’ o paso ralentizado por la calle de boxes. Iannone acabó la carrera subiendo al podio como tercer clasificado. En Australia, el español Axel Pons, que se estrenaba en la primera fila de parrilla de Moto2 tras siete duros años en el Mundial, fue sancionado con ‘ride through’ por un movimiento apenas imperceptible (comparado con Iannone), en la salida. Sancionar a un italiano de MotoGP en el GP de Italia era más complicado que penalizar a un españolito de Moto2, la categoría con menos tirón mediático, en Australia.

Rossi-Márquez, de aquellos polvos, estos lodos

Dirección de Carrera se inhibió de tomar medidas en los dos incidentes previos entre Rossi y Márquez de esta temporada. En Argentina ambos se tocaron y el español acabó por el suelo. En Holanda, volvieron a tocarse en la entrada de la chicane, en la última vuelta y Rossi ganó la carrera tras saltarse la curva y trazar por la grava. Sin entrar en culpabilidades, ninguno fue amonestado.

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Todo parecía ir bien, pero de fondo se estaba cociendo una olla a presión que iba a estallar en cualquier momento. Y llegó Australia, la mejor carrera de los últimos años, pero resulta que, según Rossi, estaba adulterada por un Márquez preocupado en fastidiarle el campeonato. El italiano preparó su guión a conciencia y lo vomitó el jueves con chuleta de tiempos incluida. El propio Márquez, Lorenzo y hasta el último mecánico del campeonato entraron al trapo de sus declaraciones. El agua comenzaba a hervir y nadie hizo nada.

El viernes más de lo mismo. Don erre que erre, léase Rossi, continuaba con sus declaraciones y Lorenzo era el primero en advertir “ojo, que el tiro puede salirle por la culata, esto no va a sentar nada bien a Marc” y exclamó una frase que tiene todo un triste sentido: “Aquí nadie es el jefe del paddock ni está en disposición de influenciar a los demás pilotos”. Aunque el balear la dijo refiriéndose a Rossi, sin querer mencionó el quid de la cuestión. Dirección de carrera es quien tiene que ser el jefe del paddock, el sheriff del poblado, quien influya a los pilotos con su sola presencia. Pero no es así. El guiso se preparaba y nadie hizo nada.

El sábado, colofón a tres días de declaraciones calentitas, con el show en entrenamientos antes comentado. Pero nadie de Dirección de Carrera abrió la boca.

Rossi: Sacar de la pista a Márquez como sea

Llegamos al domingo. La carrera. La tensión era palpable y la idea de que algo podía pasar estaba en el ambiente. Dirección de Carrera debía estar más preparada que nunca para analizar con lupa cada acción, cada adelantamiento. Para reaccionar inmediatamente y con contundencia, pero tampoco fue así.

Ocurrió el incidente y todos esperábamos una bandera negra o un ‘ride through’ -paso ralentizado por la calle de boxes-, que hubiera impedido al italiano sumar los puntos correspondientes al tercer puesto, el premio que se llevó de Sepang. Pero no llegó. En su lugar, y mucho más tarde, tres míseros puntos de penalización en el carnet que le envían a final de parrilla en Valencia porque ya arrastraba uno de Misano, si no, ni eso.

En los últimos días todo parece haberse ceñido al uso de la palabra patada. Da igual si fue patada, rodillazo, empujón o como quieran llamarlo. El hecho es que el propio Rossi declaró que su intención era sacar a Márquez de la pista y con eso basta.

En cualquier deporte, lo que cuenta para sacar tarjeta roja o descalificar a un participante, es la intención alevosa de la acción, no el daño final causado al rival. Muchos han visto paralelismos con el incidente entre Zidane y Materazzi en la final del Mundial de Futbol. El resultado de aquello fue que todo el mundo recuerda que Zidane fue expulsado, pero nadie recuerda al árbitro, su decisión fue justa y no hubo polémica posible. En este caso, el árbitro no actuó y cuando lo hizo mostró una mísera tarjeta amarilla.

Y el español Javier Alonso, director general de Dorna, a favor del italiano

Javier Alonso, director general de Dorna y unos de los tres miembros de Dirección de Carrera, declaró a COPE esta semana: Marc no hace nada ilegal pero lleva la situación a un límite que tiene poco sentido, y por eso Rossi hace lo que hace, aunque no es justificable”; y añadió sobre la sanción: “No creemos que la culpabilidad de Valentino conlleve una sanción mayor”.

Conclusión de Dirección de Carrera: Rossi ha explotado ante las provocaciones de Márquez, que no justifican su acción pero la hacen más “esperable”, una acción que además no ha sido ¿para tanto?

Pero aún faltaba el culmen del despropósito, que llegaría horas más tarde. El equipo Movistar Yamaha apeló la sanción a la Federación Internacional de Motociclismo, aún en contra de los intereses de su otro piloto, Jorge Lorenzo. La FIM, que hace años vendió los derechos del campeonato a Dorna, tenía en su mano cancelar la sanción o aumentarla tras estudiar el caso. Pero tampoco movió un dedo.

Muchos son los ex Campeones del Mundo que mostraron su asombro con la decisión. Expilotos que saben bien de lo que hablan:

Giacomo Agostini, 15 veces Campeón del Mundo en AS: “La sanción tenía que haber valido para la carrera de Sepang, no para la próxima. Los hechos ocurrieron en Sepang, no en Valencia”.

Casey Stoner, bicampeón del Mundo de MotoGP: “Si cualquier otro hubiera hecho lo que ha hecho Valentino, se le hubiera sacado bandera negra inmediatamente y sin discusión”.

Carl Fogarty, cuatro veces Campeón del Mundo de Superbikes: “Estoy seguro de que cualquier otro piloto hubiera sido descalificado”.

La conclusión es triste, como todo el incidente en sí. Valentino Rossi no se merece llegar al Circuito Ricardo Tormo de Cheste con siete puntos de ventaja sobre Lorenzo, por muy último de la parrilla que salga. El Mundial de Motociclismo no se merece unos árbitros como estos. Pero las audiencias mandan, no había que quitar emoción al último Gran Premio de la temporada y menos acabar prácticamente con las aspiraciones de Rossi por ganar su décima corona. ‘Business is business’

José M. Tamajón