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EXCLUSIVA
A pocas horas de conocerse el resultado de la prueba de paternidad de su hijo Borja, la Baronesa Thyssen se pronuncia

Carmen Cervera: “Sé que mi hijo volverá a mi lado”

Diciembre 30, 2008

En su residencia de San Feliu de Guíxols, la Baronesa Thyssen responde a las preguntas pocas horas antes de que se haga oficial el resultado de las pruebas de paternidad a las que su hijo, Borja, se sometió para comprobar si es el padre de Sacha.

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Éstas son las Navidades más tristes para Carmen Cervera. La distancia que le separa de su hijo ha impedido que su característica sonrisa envuelva a todos los que la rodean. Las lágrimas ruedan por el rostro de la Baronesa. Su mirada habla por sí sola. Es consciente de que la relación con su hijo se ha resquebrajado más de lo que jamás hubiera imaginado. Y no puede más. Tanto sufrimiento está consiguiendo desestabilizarla. Llora de impotencia, de terror e incluso de locura. Encontrarse frente a frente con esa soledad heladora ha perfilado en su mirada una tristeza prácticamente inconsolable. Tanto, que ha pedido que los Reyes Magos de Oriente le permitan reconciliarse con su hijo y descubrir la verdad que se halla envuelta en un manto de traiciones todavía por ventilar. Para la aristócrata, Borjota sigue siendo aquel tierno infante, alegre y dadivoso, que siempre estaba dispuesto a ayudarla desinteresadamente. Por eso no sorprende ni rechina que la Cervera se muestre lánguida y sorprendida ante los últimos acontecimientos. No es para menos, pues su hijo ha rechazado, en un sinfín de ocasiones, colaborar activamente en la Fundación Thyssen que tan cómodamente le ha permitido vivir. Tal vez sea uno de los puntos más conflictivos, aunque seguro que salvable, de su controvertida relación materno-filial. Eso sí, la aristócrata sigue sin entender que se deje llevar por las directrices de una Blanca acostumbrada a una vida poco –o nada- productiva, repleta de banalidades y excentricidades. Doloroso, incluso humillante, resulta que tampoco pueda abrazar a su nieto, Sacha, salvo en tiempos de tregua parental. Que le impidan ver sus avances abofetea, con saña, la ilusión que siempre tuvo por ser abuela. Pero deberá estar segura de que el bebé es hijo de Borja, y no de otro señor al que ella misma decidió despedir cuando recibió en su teléfono móvil unas imágenes comprometidas. A pesar de lo que se ha comentado en los mentideros de lo rosa, los resultados de la última prueba de paternidad realizada a Borja, todavía no han sido comunicados a ninguna de las dos partes. Será hoy, martes, cuando un abogado de Tita, secundado por un notario ecuánime, abran el sobre que pondrá el punto final a las elucubraciones. Si ha dudado en vano, Carmen inclinará la rodilla y pedirá perdón. Siempre lo ha hecho cuando ha sido necesario. Y si su incertidumbre era fundada, el mundo del corazón se enfrentará a uno de los mayores escándalos de la Historia. Y cerrará uno de los capítulos más controvertidos de su vida.
De momento, Carmen Cervera se muestra desconfiada. En su residencia de San Feliu de Guíxols, atendió a mi llamada telefónica con una simpatía y elegancia poco habituales en el farragoso circo mediático. Su voz sonaba dulce y melódica, aunque se percibía esa melancolía que ya no puede esconder. Es mucha la tensión que lleva a sus espaldas. Mucho el sufrimiento y la desilusión. La Baronesa, que en ese mismo momento abría las puertas de su estancia a una amiga que llegaba cargada de ilusiones para repartir, se mostró sincera cuando le pregunté sobre las ya famosas pruebas de paternidad: “Es injusto todo lo que me está pasando. De todas formas estoy esperando tranquilamente a que se resuelva este escándalo de las pruebas de paternidad que es muy triste y lamentable. No puedo ocultar que, realmente, pedí esas pruebas y que se han hecho conforme se ha contado en todos los medios de comunicación. Se ha enterado todo el mundo, quizás no era mi intención. El martes –añade con fervor- se sabrá algo más. Irá mi abogado para comprobar el resultado y entonces se sabrá todo”. No puede más y su voz parece fatigada cuando, a calzón quitado, me confiesa sus verdaderos deseos: “Yo espero que mi hijo sepa que su madre siempre ha estado ahí y que seguirá estándolo pase lo que pase. Lo quiero con todas mis fuerzas. Sé que volverá a mi lado. Eso sí, debería pasar más tiempo conmigo porque nunca se sabe lo que puede pasar. Madre no hay más que una”. Quizás por eso dio su brazo a torcer y organizó una reunión navideña que transcurrió como se esperaba: “Por lo menos lo vi. Pasamos juntos un día importante, pero no sé si en Nochevieja también nos veremos. No sé qué va a pasar”, me dijo embriagada por la emoción. Si algo parece haberle ofendido especialmente es la poca participación que Borja tiene en la Fundación, que pronto hará realidad algunos de sus proyectos más inmediatos: “Hace muchísimos años que no se implica en algo tan importante y a mí, como madre, me llenaría de orgullo verlo trabajando en la Fundación, es algo que debería hacer, no sólo por mí, sino por él”. A pesar de los pesares, Tita es optimista en tiempos de enfriamiento: “Deseo que se solucione todo y espero, muy pronto, poder decir que no hay impedimentos entre él y yo”. Que así sea.