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Carles Puigdemont continúa esgrimiendo la bandera anti españolista con las ayudas, 332.000 euros, a largometrajes cinematográficos que ensalzan a Cataluña y se olvidan de España

Enero 13, 2017

La convocatoria de ayudas de la Generalitat no solo premia que los trabajadores residan en Cataluña, sino que lo hace con más puntos si los personajes principales habitan en la Comunidad Autónoma y los secundarios lo hacen en el resto del Estado español. Aún colea el fracaso de la afrenta de la Assemblea Nacional Catalana (ANC), y Òmnium Cultural para recibir a los Reyes Magos con los “Farolillos de la Estelada”.

puigdemont parlament

El adoctrinamiento es el conjunto de medidas y prácticas educativas y de propaganda encaminadas a inculcar determinados valores o formas de pensar en los sujetos a los que van dirigidas. Esta forma de control social -que adquiere su mayor crudeza cuando es destinada a niños privados de uso de razón-, ha sido históricamente utilizada por grupos religiosos o ideológicos extremistas contrarios al orden establecido. Es precisamente eso en lo que se ha convertido el independentismo catalán: una ideología extremista contraria al orden establecido. Y en eso sigue empeñado el presidente de la Generalitat, Carles Puigdemont, que acaba de señalar que “no tiene ninguna vocación” de ser candidato a la presidencia, puesto que su “compromiso” es el de culminar el proceso independentista, una “nueva etapa” que requiere “nuevos liderazgos”.

El último intento de influenciar la opinión todavía no formada de los pueriles infantes se lo han adjudicado la Assemblea Nacional Catalana (ANC) presidida por Jordi Sánchez i Picanyol y Òmnium Cultural dirigida por Quim Torra, quienes iniciaron una campaña para animar a la población a recibir a los Reyes Magos con los “Farolillos de la Estelada” en la cabalgata del Ayuntamiento de Vic, ayuntamiento regido por el independentista Josep María Vila d’Abadal i Serra. La iniciativa ha sido criticada por múltiples instituciones especialmente por ir enfocada hacia los niños. Un método nada sutil de mezclar, una vez más, churras con merinas: la independencia catalana vinculada a la ilusión y a la magia que sienten los niños en Navidad.

No es la primera vez que desde Cataluña intentan que independentismo, secesionismo o singularidad vaya unido inexorablemente a la cultura. El Instituto Catalán de las Empresas Culturales (ICEC), es un organismo dependiente del Departamento de Cultura de la Generalitat de Cataluña creado en el año 2000. Dirigido por Xavier Díaz i Vilanova, tiene el objetivo de impulsar la creatividad artística y la producción, la distribución y la difusión de contenidos culturales, mediante el desarrollo de las empresas culturales, y también fomentar el consumo cultural y la ampliación de mercados para la cultura catalana, pero en sus criterios de actuación se puede denotar cierta filia desmedida a la cultura catalana, como puede ser entendible, aunque llegando a tomar un cariz excluyente con otras formas de ver, percibir o expresar la cultura. Esto es, que la idea conspiranóica de la marginación a la que lleva sometiendo España a Cataluña desde el siglo XIV, se convierte en realidad en sentido inverso a la hora de atender al comportamiento de las instituciones catalanas.

Catalanofilia recalcitrante

La Generalitat de Cataluña, a través de su Departamento de Cultura y este a su vez mediante el Instituto Catalán de Empresas Culturales (ICEC), publicaba a finales de 2016 la convocatoria 22 de diciembre para la concesión de subvenciones, en régimen de concurrencia no competitiva, a la amortización de largometrajes cinematográficos detentores de méritos artísticos y culturales. Una línea de ayudas que tendrá una dotación máxima de 332.000,00 euros.

Hasta aquí todo normal, pero es a la hora de atender a los criterios de valoración de las solicitudes donde se demuestra una catalanofilia recalcitrante. El importe de la subvención, que no podrá superar los 182.000 euros por obra, es el resultado de multiplicar el importe máximo otorgable por el cociente resultante de dividir entre 160 los puntos obtenidos, de acuerdo con los parámetros regulados en la orden. Baremos como que el o la protagonista primero/a del largometraje cinematográfico sea residente en Cataluña (15 puntos), que el o la protagonista segundo/a del largometraje cinematográfico sea residente en el Estado español (10 puntos), que el o la protagonista tercero/a del largometraje cinematográfico sea residente en el Estado español (cinco puntos), y que más del 60% del equipo artístico corresponda a actores/actrices secundarios/as residentes en Cataluña (cuatro puntos). Es decir, no solo se premia que los trabajadores residan en Cataluña, sino que se valora con más puntos que los personajes principales residan en Cataluña mientras que los secundarios lo hagan en el resto del Estado español.

Más puntos para los residentes en Cataluña y a los largometrajes que se desarrollen en la Comunidad Autónoma

Pero estos criterios no terminan aquí. Aquellos largometrajes cinematográficos en que la trama narrativa se desarrolle en el territorio catalán y en que este hecho quede expresamente reflejado en el film se llevarán seis puntos. Por lo tanto se ve claramente que al Instituto Catalán de las Empresas Culturales no le importa que la trama del filme se desarrolle en Cataluña, sino que este hecho quede suficientemente patente. También los largometrajes cinematográficos basados en hechos reales documentados de la historia de Cataluña se llevarán otros seis puntos, por lo que, como no podía ser de otro modo, la historia y la tradición catalana -esa que muchos independentistas consideran superior a la española- es premiada frente a otras historias y culturas paralelas.

El presidente de la Generalitat de Cataluña, Carles Puigdemont, no hace más que reafirmarse en el independentismo vacuo y absurdo con esta convocatoria de ayudas. Es obvio que desde el Departamento de Cultura de su Generalitat se debe fomentar y promocionar todo lo que concierne a Cataluña: tradición, cultura, historia, gentes, idioma, folclore… Pero al hacerlo mediante una resolución que obligue a los creadores a mostrarlo en sus obras de un modo superior y chauvinista frente a otras realidades solo ayuda a alimentar la catalanofobia de unos y la hispanofobia de otros, en un discurso agotado que no llegará a ninguna parte.

Doinel Castro