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La UEM no renueva su matrícula
"Se han dejado llevar por los medios", dice

Campanario, hundida porque no le dejan estudiar

Septiembre 4, 2011

María José Campanario está hundida. Tiene el alma hecha jirones desde que la Universidad Europea de Madrid decidiera no renovar su matrícula. Asegura que se han dejado llevar por el poder de los medios y anuncia que iniciará acciones judiciales para volver a poder estudiar.

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María José Campanario nunca pensó que tendría que pagar un precio tan alto por haber sido condenada a un año y once meses de cárcel por un delito de falsedad documental y otro de estafa en grado de tentativa. La Universidad Europea de Madrid ha decidido que la mujer de Jesulín de Ubrique no continúe sus estudios de odontología. Me cuentan que fue el Consejo de Gobierno de la universidad el que, el día veintinueve de agosto, ordenó la no renovación de su matrícula anual. Insisten en que no se trata de una expulsión, sino de una prohibición expresa e irrevocable para cursar estudios en esta facultad privada. Sí podrá continuar la carrera de odontología en una universidad pública, donde prevalecen los derechos fundamentales como el derecho a la educación. Es, pues, una decisión tomada de forma automática, fundamentada en el artículo tres de la normativa general de la universidad para las enseñanzas de grado. En él se recoge que la UEM se reserva el derecho de admisión en aquellos casos en los que los alumnos se vean involucrados en procedimientos penales dolosos: “no necesariamente debería estar condenada por la Audiencia Provincial de Cádiz, únicamente por haber sido implicada podría haberse ordenado su no renovación”, me advierte una de las máximas responsables del centro. Al no considerarse una expulsión, María José no tendrá derecho a las alegaciones, aunque podrá presentar su “no conformidad” ante el rector de dicha facultad.
A pesar de que este tipo de decisiones no son habituales, no es la única ocasión en la que los responsables de la UEM se enfrentan a situaciones similares. De hecho, el mismo día en el que decretaron la no renovación de Campanario, establecieron expulsiones e impusieron sanciones a otros alumnos que, de alguna forma, mostraron una conducta errática que supone un mal ejemplo para la universidad y para el resto de los estudiantes: “lo que sí se puede garantizar es que en este caso sólo se nos presentó el caso de la señora María José Campanario, a quien se decidió de forma unilateral no renovar su matrícula”, advierten. Otras fuentes aseguran, además, que la Comisión Disciplinaria de la facultad había sido alertada, en varias ocasiones, de la responsabilidad penal que la castellonense podía tener en el proceso por el que, finalmente, ha sido condenada. Apreciación que no sorprende, pues la citada comisión permite que alumnos y profesorado que tengan conocimiento de hechos constitutivos de delito, puedan comunicarlo.  
No tiene nada que hacer. María José Campanario no volverá a pisar la Universidad Europea de Madrid, aunque ya haya dado órdenes a su abogado para que inicie las acciones civiles pertinentes para requerir su inmediata readmisión. Campanario está completamente hundida. Ojerosa y con el alma hecha jirones. Avergonzada, considera que la decisión está mediatizada: “se han dejado llevar por el poder de los medios”, ha dicho. Llora sin consuelo. De hecho, va a exigir responsabilidades a la cúpula directiva por haberse dado traslado público a una decisión que únicamente debería tener competencia privada. Es cierto. Cuanto menos sorprende que una universidad contribuya a menoscabar el honor de la joven regodeándose en una polémica decisión que será radiada hasta el extremo. Parece que hayan querido ridiculizarla por un interés comercial. Más fama y renombre. Lo que se desconoce, hasta el momento, es si María José y Jesulín aceptarán definitivamente la importante oferta de un ecléctico programa de televisión para conceder su primera entrevista en la pequeña pantalla.