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Acaban con 300 años de segregación por razones de sexo

Cambios de trascendencia histórica en la sucesión británica

Noviembre 6, 2011
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Cuando el pasado viernes 28 de septiembre la reina Isabel de Inglaterra mantuvo una reunión de alto nivel con los líderes de los 16 países de la Commonwealth británica, todo ellos estuvieron finalmente de acuerdo con promover un cambio en las sacrosantas leyes de sucesión a la corona británica; un cambio de carácter histórico que pone fin a cinco siglos de negación a los católicos de toda posibilidad de matrimonio con miembros de la casa real británica. Los tiempos cambian y, como afirmó el primer ministro James Cameron, “la idea de que un hijo segundo pasaría por delante en la sucesión a una hermana mayor simplemente por ser hombre, o de que un futuro monarca pueda casarse con personas de cualquier fe menos la católica, chocan de manera frontal con la sociedad moderna en la que todos nos hemos convertido”. Terminan así años de segregación que dan por obsoletas las férreas leyes de sucesión británicas que desde 1700 han determinado de forma muy estrecha sobre quien podía o no recaer el trono de la monarquía más representativa del mundo. Para proceder a tan delicado cambio ya se ha constituido una comisión que estudiará con detalle todos los supuestos, mientras algunas voces de la prensa británica también se apresuran a afirmar: “ya es tiempo de que concedamos mayor crédito y confianza a Camilla”.

Parece que la reciente boda de los duques de Cambridge y las brillantes celebraciones que rodearán al jubileo de diamante de la reina Isabel en 2012 mantienen muy en alto a la monarquía británica, que ahora emprende estos cambios afines a los nuevos tiempos.

De acuerdo a la nueva legislación se asegurará la igualdad de derechos a hombres y mujeres en la sucesión al trono, y se acaba con la prohibición histórica a los miembros de la familia real de contraer matrimonio con católicos (la nuera de la princesa Ana, Autumn, tuvo que convertirse a la Iglesia de Inglaterra para casarse con Master Peter Phillips). Así, veremos reivindicarse al príncipe Miguel de Kent, que tuvo que renunciar a sus derechos para casarse con la católica María Cristina von Reibnitz, al tiempo que asistiremos a como la princesa Ana, hija primogénita de Isabel II, pasa del número 8 en la sucesión al trono al número 4 desplazando con ello a sus hermanos los príncipes Andrés y Eduardo. Sin embargo, y aunque el matrimonio con católicos, tan fuertemente aborrecido por la casa real británica durante siglos, pasará a ser permitido, el futuro rey o reina continuará siendo la cabeza visible de la Iglesia de Inglaterra.

De Gran Bretaña a Alemania

Esta revolución sucesoria también ha hecho saltar a las páginas de la prensa alemana a la doctora homeópata Friederike von der Osten a quien, de haberse implementado estos cambios en otros tiempos, correspondería a día de hoy la corona británica. Friederike (reina Friederike I, según algunos comentarios bromistas de la prensa británica), es la hija primogénita de Felicitas de Hohenzollern y nieta del príncipe Guillermo de Prusia, y es la representante primogénita de todas las líneas de la amplísima descendencia de la reina Victoria de Inglaterra, así como sobrina en segundo grado de la reina doña Sofía, del rey Constantino de Grecia, y del todavía esposo de Carolina de Mónaco.

Nacida en Bonn en 1959, tras la caída del muro de Berlín se instaló en la ciudad de Halle, donde tiene su propio consultorio homeopático, y su heredera sería su hija primogénita, Felicitas von Reiche, que a sus 25 años es directora de ventas de una empresa de Berlín dedicada a la venta de mobiliario on-line (www.sitzfeldt.com). Madre e hija, que siempre han tenido claros sus brillantes orígenes familiares a pesar de su muy normalizada existencia, se ven ahora en el centro de un cierto interés mediático y afirman: “Las primeras reacciones de las personas van desde el respeto a la inseguridad y el prejuicio. Pero nos sentimos muy cómodas sobre nuestros orígenes familiares, y por tanto la mayor parte de la gente nos trata con normalidad”. Sin embargo, en absoluto olvidan que son primas, en distinto grado, de los reyes de España, de Suecia, de Noruega, y de Bélgica, y de las reinas de Inglaterra y de Dinamarca, descendientes todos ellos de esa gran matriarca que fue Victoria I de Inglaterra.

Ricardo Mateos