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Bueno y bien

Septiembre 26, 2012

Galicia persiste en los titulares del mass media nacional. Por fas o por nefas la actualidad gallega encuentra su hueco en cualquier soporte que cubra -de un modo más o menos laxo- los acontecimientos circunscritos a una España que está de vuelta y media. Una realidad crispante que supedita a nuestra nación -en parihuela- a las vacilaciones de un futuro incierto en el que mucho tendrán que decir las nacionalidades históricas, espoleadas algunas, por un nacionalismo ardoroso que las empuja a la independencia más sectaria, separatista e incondicional.

Tras los anuncios de País Vasco y Galicia, Cataluña se ha sumado a la terna. Sin embargo las urnas catalanas -que se abrirán un mes después de las gallegas y vascas- entran a escena con un plan bajo el brazo: el presidente de la Generalitat, Artur Mas, -haciendo oídos sordos a las opiniones vertidas desde el Gobierno Central- prepara un plebiscito para que, a vox populi, la sociedad decida el devenir de las riendas de la región. Una Cataluña que juega a la ruleta rusa con los designios de su autodeterminación y se dirime entre el federalismo del PSC y el independentismo –forma a la que el presidente ha guiñado ambos ojos- de CiU. Un anuncio que se produce solo 14 días más tarde de una Diada que congregó en las calles a cientos de miles de adeptos. El bueno de Mas intenta sacar tajada de la inercia del independentismo y de la crisis global para taponar los agujeros de su gestión y los fracasos de un eufemismo llamado pacto fiscal. Por eso es tan importante la economía. Por eso es vital ser líder en solvencia y reducción del déficit. Por eso resulta esencial que el 21 de octubre Galicia elija bueno y bien. Porque hasta 2016 no habrá otra oportunidad y quizás, de aquellas, ya sea demasiado tarde.      

Todo ello aderezado con las revueltas que sitian el Congreso de los Diputados en el nombre de un movimiento humano denominado 25S que convoca a sus agitadores día sí y día también. Una manifestación pacífica que se saldó en su primera versión con 64 heridos y 35 detenidos. Una reprimenda social arrojada contra los dirigentes de este país –chivos expiatorios para los sublevados- por la situación en la que nos hallamos. Un clamor ciudadano que se contagia a nivel pandémico por toda la geografía española. En Galicia, la Operación Pokemon ya se ha llevado por delante a 22 personas, cuanto menos sospechosas de estar involucradas en el meollo de la corrupción. Por eso son tan importantes las listas de cada candidatura. Por eso es crucial votar y creer en lo que se vota, en el programa y en las personas. Por eso es capital la unidad y la coordinación interna de la opción escogida. Por eso resulta esencial que el 21 de octubre Galicia elija bueno y bien. Porque hasta 2016 no habrá otra oportunidad y quizás, de aquellas, ya sea demasiado tarde.  

Tirón de orejas sui géneris

La Junta Electoral de Galicia ha acaparado la atención en las últimas horas. El pasado miércoles 19 de septiembre, el presidente de la Xunta de Galicia, Alberto Núñez Feijóo, rubricó en el Pazo de Raxoi un contrato con la multinacional petrolera Pemex que allende de dar carga de trabajo durante 30 meses a 3.000 trabajadores en los astilleros Barreras –en Vigo- y Navantia –en Ferrol- salva el primer match ball de una situación acuciante para el naval gallego – tema celebérrimo en el período prelectoral- tras cerca de un lustro de sequía. El facto es que para PSdeG y BNG, la cara B de esta firma escondía una vulneración del artículo 50 de la Ley Orgánica del Régimen Electoral General (Loreg) y la Junta Electoral les dio la razón. El motivo, según la propia Junta, reside en la celebración de un acto “con alusiones a las realizaciones o a los logros obtenidos” pero que de ninguna forma “da lugar a procedimiento sancionador que se podría incoar en el caso de reiterarse conductas semejantes”. La contienda se salda, a fin de cuentas, con la retirada de la página web del Gobierno Autonómico de todos los documentos y archivos relacionados con la firma en cuestión.

La polémica avivó las brasas y al número dos del PSdeG, Pablo García quien advirtió al PP de que “desistan da descarada utilización dos recursos do Goberno como medio de propaganda”. Por su parte, Feijóo no dio la callada por respuesta y salió al paso con rotundidad: seguiremos firmando todos los contratos que podamos que supongan empleo para los gallegos por más que moleste al PSOE”.   

 

Por otra parte, el líder de los socialistas, Pachi Vázquez, izó en los últimos días la bandera de la sanidad. Si bien el lunes aseguraba que de llegar al Gobierno la sanidad sería “el eje fundamental de la política social”, ayer manifestaba en Vigo que –con la cláusula de la presidencia de nuevo entre medias- revisará “todo lo que se refiere al nuevo hospital” de la ciudad olívica en los primeros 100 días de Gobierno. Un centenario que el secretario xeral del PSdeG viviría al límite, tras asegurar recientemente que en el mismo período, su Gobierno podría recabar el montante de 52 millones de euros a través de un impuesto a la banca.   

Laureles que reverdecer
Ayer, 26 de septiembre, el BNG celebraba su XXX aniversario. Una efeméride que el Bloque conmemorará el próximo domingo en Santiago a través del acto ‘Para hacerles frente’, según anunció su secretaria de Organización, Montse Prado. Un acto que recordará la unión entre la UPG de Francisco Rodríguez y Xosé Manuel Beiras -ahora escindido y en cabeza de la candidatura de una Alternativa Galega de Esquerdas con diferencias con el BNG- que sellaba la unión del nacionalismo gallego, ahora desgajado en múltiples opciones.

El acto en cuestión contará con la presencia del candidato Jorquera que hace apenas unas horas abandonaba entre lágrimas su sillón en el Congreso de los Diputados para centrarse en la carrera por la Xunta. Un BNG, que en palabras de su portavoz, Guillerme Vázquez, representa “la vía de la esperanza” para salir de la crisis.

La abstención se multiplica
Ante la estampa de abstención mayúscula que se dibuja en Galicia, más madera. El voto rogado solo se contabilizará a través del envío postal a los consulados en los que estén inscritos los inmigrantes, o bien, si son ellos mismos quienes las depositan en las urnas el día del sufragio. Sin embargo, todos los votos que sean remitidos desde el exterior a las juntas electorales provinciales en Galicia serán declarados nulos. Con estos datos, y teniendo en cuenta a aquellos que lo han solicitado, solamente el 3,68 % de los emigrantes podrán votar en las autonómicas. Presumiendo, eso sí, que todos y cada uno de ellos sean invariables en su decisión y ejerzan su derecho al voto.

En resumen y ante la vorágine de acontecimientos que envuelven a España, Galicia ostenta una buena porción de responsabilidad –exactamente un 5,8 %- en el desenlace de la tesitura política y económica que nos concierne. Un ejercicio que todas las regiones deberán ejecutar con raciocinio sino queremos involucionar hacia la España invertebrada de la que hablaba Ortega y Gasset. Por eso resulta esencial que el 21 de octubre Galicia elija bueno y bien. Porque hasta 2016 no habrá otra oportunidad y quizás, de aquellas, ya sea demasiado tarde.       

Jesús Prieto