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Por primera vez la familia real muestra sin complejos lo que parece ser una legitimidad recuperada

Brotes verdes en Zarzuela

Septiembre 16, 2012
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Mientras las fotografías del top-less de la duquesa de Cambridge continúan generando una gran polémica en el Reino Unido (el palacio de Buckingham ya está consultando con sus abogados), algo parece estar cambiando en el palacio de la Zarzuela donde la imagen de la familia real parece haber comenzado un cambio de rumbo necesario en cuestiones de imagen tanto externa como interna. La nueva página web de “la casa”, muy comentada y alabada en todos los medios, ha dado un gran salto  cualitativo pero pocos han reparado en que por primera vez la familia real muestra sin complejos lo que parece ser una legitimidad recuperada.

Ello se manifiesta de forma clara en ese nuevo énfasis en el importante concepto de continuidad dinástica, siempre bastante ausente y ahora por fin evidente con la fotografía de cabecera de las tres generaciones (el rey, el príncipe y la infanta doña Leonor), pero también se expresa mediante la bienvenida inclusión de un gran árbol genealógico que llega hasta los Reyes Católicos y que muestra la íntima vinculación histórica de la familia real con la historia de España. Atrás parece quedar por fin ese atávico temor de la legitimación franquista, que como un inquietante fantasma ha perseguido durante años a los Borbones de España y a nuestra monarquía. Y en esa misma línea también es destacable el que se haya incluido un apartado para el orden sucesorio, aunque todavía parece ser un espacio en construcción por no listarse, en realidad, cuales son las personas llamadas a la sucesión y cuál es el orden en el que esas personas figuran. Algo comprensible en momentos tan delicados para la infanta doña Cristina.

Doña Letizia: una imagen vale más que mil palabras

Pero esos brotes verdes que parecen estar surgiendo en Zarzuela también se perciben en el trato excelente que los miembros del gabinete de prensa se esfuerzan por dar en todo momento y en ese programa de televisión que sabemos que se está preparando con bastante cuidado para mostrar a la opinión pública la vida y las intensas actividades oficiales de los miembros de la familia real. Y ¿qué decir del magnífico reportaje fotográfico dedicado a la familia del príncipe de Asturias y a la princesa doña Letizia con ocasión de su 40 aniversario?

Un reportaje sorprendente, pero sin duda muy bienvenido, tanto por su calidad como por la imagen renovada de los herederos de la corona, que recuerda otros trabajos similares propios de las bien asentadas dinastías escandinavas y del Benelux. Toda una renovación en la imagen pública de la familia real que se torna más blanda, que rompe con los hieratismos clásicos y que se abre a mostrar parte de su intimidad, pero en la que únicamente echamos de menos alguna fotografía de la princesa de Asturias luciendo una o varias de las magníficas joyas de nuestra familia real que servirían para revestirla de ciertos elementos de notable valor simbólico y representativo. Sin duda algo parece estar moviéndose en Zarzuela, y quizá vayamos asistiendo a nuevos cambios de naturaleza sutil, pero importantes en la dimensión simbólica, mientras esperamos la reaparición de algunos miembros de la familia real en ese gran acto dinástico que será el mes próximo la boda del gran duque heredero Guillermo de Luxemburgo (aún no está confirmado quien representará a España).  

Más bodas reales

Y mientras las cosas se mueven en España, el duque de Parma, Carlos Javier de Borbón-Parma, que no abdica de sus pretensiones dinásticas como cabeza del carlismo español, se apresta a recibir el próximo 28 de septiembre a sus seguidores y a los caballeros de las órdenes dinásticas parmesanas en un acto de cruzamiento de caballeros y damas, que irá seguido de una cena de gala en el palacio Marchi de la ciudad de Parma. En la actualidad, eventos de esta naturaleza ya son recogidos por la prensa del corazón, que significativamente tampoco se ha hecho eco de la reciente boda en Washington del archiduque Imre de Austria, hijo de esa princesa María Astrid de Luxemburgo que allá por los años 70 llenó páginas y páginas de esa misma prensa cuando se hablaba de su posible compromiso matrimonial con el príncipe de Gales.

Sin embargo esta boda sobria pero elegante, a las puertas de la que será la boda del año del sobrino de María Astrid, Guillermo de Luxemburgo, reunió en la capital norteamericana a un nutrido grupo de archiduques y príncipes de toda Europa entre quienes destacaron los duques de Braganza y los príncipes Aloys y Anastasia de Löwenstein-Wertheim-Rosenberg que en próximos días también casarán a uno de sus hijos, el príncipe Dominik, en la localidad portuguesa de Sintra con la condesa Olga de Castell-Rüdenhausen en otro gran evento que reunirá a un gran contingente del Gotha sin que sepamos si habrá presencia de la familia real española tan fuertemente vinculada a esta familia principesca alemana.

Ricardo Mateos