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El joven a su madre: "No voy a dejar a Blanca"

Borja Thyssen estudia nuevas ofertas laborales

Septiembre 5, 2011

Esa fue la frase con la que Borja Thyssen finalizó una reunión con su madre. Desde entonces no se han vuelto a hablar, aunque Tita ahora vuelve a la carga con unas incendiarias declaraciones: “se está perdiendo a sus hermanas”. Ella ni siquiera conce a su nieto Erick.

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A Borja Thyssen no le ocupa ni preocupa la emisión de la serie que Telecinco anuncia estos días sobre la vida de su madre. El joven hace ya tiempo que soltó amarras sentimentales con la Baronesa. Ella ha sido la culpable de sus mayores sufrimientos. A ella, también, le debe las críticas más voraces e injustas de quienes la adulan. El punto y final lo escribió él durante la brevísima reunión que madre e hijo mantuvieron en un céntrico hotel madrileño: “Mamá, deja de meterte con Blanca, es la mujer que he escogido y por mucho que te empeñes no la voy a dejar. Si vas a seguir por este camino, olvídate de mí”, le dijo con una rotundidad que deja al descubierto su madurez y escala de valores. Blanca Cuesta es la mujer de su vida. Por ella y para ella. A la vista está que Tita no aceptó las exigencias de su hijo. Sigue poniendo la trabanqueta cada vez que puede. No han vuelto a hablar, a pesar de que ella siga exprimiendo el discurso de la lástima. Así pues, en esa misma línea, la Cervera intervenía telefónicamente en un programa de televisión para asegurar que no han retomado el contacto. A él le echa la culpa de un distanciamiento que no tiene más motivo que su propia intolerancia. De su progenitor –afirmó con una vehemencia francamente heladora- prefiere no hacer referencia pública “para no perder más el tiempo”, aunque no dudó en comentar que está instruido para embarcarse en asuntos profesionales relacionados con el arte: “está preparado, claro”, dijo. Ironía mal encarada que vuelve a prender la mecha. Tira a dar. Es la pescadilla que se muerde la cola. La aristócrata es experta en arrollar televisivamente a su hijo y luego escurrir el bulto cuando le increpan. Ay.
En este caso, la Baronesa no está mal encaminada. Me cuentan que, en la actualidad, Borja estudia la viabilidad de varios proyectos relacionados con la pintura. Sobre la mesa de su despacho se agolpan varias ofertas profesionales interconectadas a su formación. Nadie puede negar que el treintañero se mueve como pez en el agua en el submundo del arte, aunque prefiere tenerlo todo bien atado antes de dar un paso en falso. Es un tipo inteligente y con una ambición profesional realmente asombrosa. Que sus aspiraciones no sean mediáticas no significa que no esté preocupado por su futuro a medio o corto plazo. Insisten en que Borja sorprenderá en su nueva faceta: “ninguno de los proyectos que está estudiando ahora mismo tiene nada que ver con otro, son completamente diferentes”, me confesó alguien muy cercano a él.  Son ellos, sus amigos, los que desmontan la imagen de vago, derrochador e inculto que se ha querido vender. La realidad no supera a la ficción. Apenas se permite lujos o caprichos y lleva una vida totalmente ordenada. Ha recuperado su forma física y cuida al máximo su alimentación. De hecho, quienes están cerca me cuentan que se levanta poco después de la siete de la mañana para dar forma a sus múltiples ideas y motivaciones.
Renglón aparte merecen las confesiones de la Thyssen sobre la relación que Borja mantiene con las pequeñas Sabina y Carmen -que nacieron por arte y arte de un vientre de alquiler en los Estados Unidos y que siguen en San Feliu de Guíxols a pesar de que ella asegure que están internas en un colegio de Lugano-. A ellas, además, se refiere para demostrar que su hijo esquiva cualquier tipo de contacto con su familia: “se está perdiendo su crecimiento porque él quiere”. Sorprendente revelación, teniendo en cuenta que ella ni siquiera conoce al pequeño Erick que el pasado mes de agosto cumplió su primer año de vida. Ten abuela para esto. A pesar de sus sonados desplantes, me advierten que Borja estaría dispuesto a hacer borrón y cuenta nueva si su madre descolgara el teléfono y aceptara, de una vez por todas, que su corazón pertenece a una sola mujer: Blanca Cuesta.