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Franco envió una embajada extraordinaria liderada por el marqués de Luca de Tena

Bodas de Oro de los reyes: “Atenas era un mar de claveles españoles”

Abril 26, 2012
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Dentro de dos semanas, el 14 de mayo, se cumplen los cincuenta años de la boda de Atenas, la de los reyes de España, que fue sin duda alguna la última gran enlace de los viejos tiempos. Una boda de Estado pero sin el Estado en la que los reyes de Grecia supieron reservar un merecido espacio para los muchos españoles allí congregados.

La historia se escribe muchas veces en forma de paradoja, y no hay mayor paradoja que comparar las glorias de aquellos días en Atenas, donde se hablaba español por las calles, con la tibia presencia de la familia real española en estos tiempos de dificultad tanto para ellos como para nosotros. Comenzaban los años 60, las esperanzas estaban en alto, todos íbamos hacia algún sitio, y fueron muchos los españoles que a costa de sus finanzas quisieron estar en Atenas para presenciar la boda, brillantísima, del príncipe de Asturias en momentos de medio exilio de la familia real y de penurias económicas para los Borbones de España.

Tiempos difíciles para los Borbones de España

Don Juan aún esperaba poder volver como rey a Madrid, doña María continuaba sumida en las brumas aún seis años después de la trágica muerte de su hijo Alfonsito, y don Juan Carlos hacía excelentes malabares entre El Pardo y Estoril para intentar sacar adelante un proyecto de futuro. No eran tiempos fáciles para los Borbones de España, pero supieron componerse para dar al mundo la imagen de una dinastía entera y capaz que respiraba con ánimo en su camino hacia una corona aún muy incierta, pero para la que se sentían llamados tanto por tradición como por voluntad de servicio.

Será acaso por eso que aquellos días la capital helena se vio literalmente ocupada por cientos, por miles de españoles que, claveles en mano, quisieron ser testigos de unas celebraciones que alcanzaron un equilibrio casi perfecto. Allí estaban todos los príncipes de Europa sin exclusión, todos con sus mejores galas y sus refulgentes joyas, llegados para manifestar su apoyo. Y nuestros Borbones desempolvaron sus mejores diamantes para, sin perderse en la pompa vana, realzar con brillo la importancia de su pertenencia a la historia y de su deseo de acompañar a España en su siempre vacilante caminar.

Embajada especial de Franco
Pero también estaban las personas de a pie, nobles y gente más sencilla a quienes la familia real española trató con exquisita deferencia, como auténticos reyes, aunque sin corona. Franco envió una embajada extraordinaria liderada por el marqués de Luca de Tena y su singular esposa, aquella a quien muchos llamaban “la loca de Atenas”, que supieron conjugar el brillo con la sencillez dando siempre paso preferente a los españoles para quienes hubo tanto un multitudinario besamanos en la embajada de España como sones y taconeo de un colorista cuadro flamenco a bordo del Cabo San Vicente.

Los testimonios de quienes allí estuvieron cantan las loas de aquellos días de jubilo en momentos muy difíciles, y quizá ahora la familia real pueda sacar ese fuelle heredado de la Historia para el próximo 14 de mayo poder remedar el buen hacer de Atenas. Necesitamos a don Juan Carlos y a doña Sofía, a los príncipes de Asturias, a doña Elena, y también, ¿por qué no?, a doña Pilar, a doña Margarita, a todos ellos con sus aportes; y los necesitamos cerca.

Y quizá el 14 de mayo sea un buen momento para el reencuentro, para renovar los votos entre la familia real y los españoles. Al igual que los matrimonios, los reyes y sus gentes han de hablarse de tanto en tanto, reencontrarse para reconocerse de nuevo porque, a pesar de las muchas voces, los afectos no están perdidos. De hecho el palacio de la Zarzuela ya parece estar entibiándose y en días pasados hemos visto, cosa excepcional, las fotografías informales de la cena encuentro entre doña Sofía y la reina Silvia de Suecia. Fotografías distendidas tomadas en el interior del palacio que nunca antes estuvimos acostumbrados a ver en estos casos de visitas estrictamente de orden familiar y privado.

Necesitamos saber qué hacen los reyes, quienes son sus amigos, cuales son sus intereses, y no por curiosidad sino para compartir, y que se abra un espacio de re-encuentro entre ellos y nosotros.   

Ricardo Mateos