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Beatriz de Oldenburg, la princesa que lidera una temida ultra derecha que crece en Alemania y que asegura que “los musulmanes son parte de Alemania, pero el Islam no”, además de apostar por prohibir los minaretes, los muecines, los burkas y los velos completos

Mayo 17, 2016
Beatrix

Conocida como Beatrix von Storch, la duquesa Beatrix de Oldenburg cuyo bisabuelo Federico Augusto fue el último soberano reinante en el gran ducado de Oldenburg, está revolucionando la política alemana con su afiliación a la AfD (Alternativa por Alemania), y sus declaraciones reaccionarias, fuertemente anti musulmanas y contrarias a la política de acogida de inmigrantes en su país, unidas a una radical oposición al aborto y a una apuesta por la familia tradicional. Los musulmanes son parte de Alemania, pero el Islam no es una de las sonadas declaraciones de esta princesa luterana pasada al catolicismo practicante, que sin embargo no duda en arremeter incluso contra las críticas que la Iglesia vierte sobre su partido, que pone en cuestión a la Unión Europea y que dice que el Islam es en sí mismo una ideología política que no es compatible con la Constitución alemana.

Algunos ya han definido a Beatrix y a los suyos como “los predicadores del odio”, en una Alemania en la que la presencia de ella en las filas de la AfD denota la notable radicalización de un cierto grupo de la gran aristocracia histórica del país. En febrero pasado, la duquesa de Oldenburg declaró que los encargados de los controles de fronteras tienen el derecho de disparar y cargar contra los refugiados que traspasasen las líneas fronterizas del país, y apuesta claramente por prohibir los minaretes, los muecines, los burkas y los velos completos, en su calidad de número dos de una fuerza política que ha llegado a obtener un 24% del voto en regiones como Sajonia-Anhalt. Eurodiputada desde 2014, Beatrix fue miembro del grupo de Reformistas y Conservadores Europeos, que ha abandonado en el mes de abril previendo su inminente expulsión, y acto seguido entró a militar en las filas de la populista y euroescéptica Una Europa de Libertad y de Democracia Directa que propugna referéndums por todo el continente en aras de una salida de la Unión Europea como única salvación de las identidades nacionales. Fuertemente crítica con la política de acogida de refugiados de Ángela Merkel, acusa a la canciller alemana de estar arruinando al país como nadie lo ha hecho desde 1945 afirmando que, una vez que abandone el poder, no le quedará otra posibilidad que abandonar Alemania y recalar en Chile o en Argentina por motivos de seguridad personal.

Un lenguaje que recuerda peligrosamente el de los nazis hitlerianos

Hasta el vicecanciller alemán, Sigmar Gabriel, un socialdemócrata, ha declarado que esta extrema derecha dirigida por AfD que utiliza la imagen de esta princesa hace uso de un lenguaje que recuerda peligrosamente el de los nazis hitlerianos, con su discurso apocalíptico y populista. Pero eso no sorprende si tenemos en cuenta que esta prima en tercer grado del rey Guillermo Alejandro de Holanda, el rey Carlos Gustavo de Suecia y de la reina Margarita de Dinamarca, es nieta del gran duque heredero Nicolás de Oldenburg, que fue miembro de las SS nacionalsocialistas; sobrina nieta del temido príncipe Josías de Waldeck und Pyrmont, jefe del equipo de Heinrich Himmler y director durante un tiempo del campo de concentración de Buchenwald; y sobrina nieta del príncipe Stefande Schaumburg-Lippe que fue un diplomático del Reich destacado en Sudamérica. Todo un conjunto de príncipes con las manos teñidas de Holocausto que terminaron siendo procesados en Nuremberg.

Sin Olvidar que por su madre, la duquesa Fenita, Beatrixes nieta del conde Lutz von Schwerin-Krosigk que fue ministro de finanzas de Hitler hasta la caída definitiva del Reich en 1945. La princesa, que es licenciada en Derecho, contrajo matrimonio en el castillo de Eutin en 2010 con el chileno-alemán Sven von Storch, que colabora con una Asociación que busca compensar a los alemanes que, como es el caso de su propia familia, fueron expropiados en el Este de Alemania entre 1945 y 1949, y que también mantiene una actividad política de tinte conservador en el sur de Chile. Así mismo, es prima hermana de la duquesa Eilika de Oldenburg, actual esposa del mismo archiduque Jorge de Austria que años atrás fue uno de los maridables que rechazó la infanta doña Elena.

Funeral por el príncipe de “la cuentas bancarias judías”

Pero mientras las actitudes radicales crecen en Alemania, donde algunos grandes príncipes temen los cambios que puedan avecinarse, toda la gran aristocracia local se prepara para el funeral por el fallecido príncipe Albrecht de Castell-Castell que fue el riquísimo propietario de extensos dominios de viñedos, tierras de cultivo, y propiedades forestales, además del co-propietario de la banca familiar, el Fürstliche Castell’sche Bank, la más importante entidad bancaria de Baviera todavía en manos privadas, además de ser primo de la poderosa familia de los condes deFaber-Castell dueños del emporio dedicado a la fabricación de los célebres lápices, rotuladores y otros artículos para las bellas artes.

Un funeral en memoria de este meritorio príncipe que en los años 80 tuvo el valor de abanderar el proceso de investigación y subsiguiente compensación, comenzando por su propio Banco, de las llamadas cuentas judías que durante los años 40 fueron cruelmente expropiadas a los judíos en los tiempos de la arianización y de la persecución sistemática de ese colectivo por parte del Reich de Adolf Hitler. Durante los años 90, y tras una visita al campo de exterminio de Auschwitz, Albrecht de Castell-Castell viajó a Israel donde llegó a pedir perdón por el papel jugado por sus antepasados en las Cruzadas y organizó y financió grupos de trabajo en distintos países expoliados por los nazis en aras de la reconciliación y de la reparación simbólica y material, declarando que lo sucedido también tenía algo que ver con él y con su familia para concluir: “Nos hicimos culpables a nosotros mismos por nuestra falta de compasión, por nuestra indiferencia y por nuestra omisión”.

Ricardo Mateos