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Batalla cruenta entre los Borbón-Dos Sicilias que afecta a la familia real española aunque don Felipe prefiere mantenerse al margen

Junio 8, 2016
duques-castro

En enero de 2014 la prensa se hacía eco de la reconciliación dinástica acontecida en Nápoles entre dos príncipes largamente enfrentados por la jefatura de la Casa Real de las Dos Sicilias y por el gran maestrazgo de sus órdenes dinásticas. Aquel día, Pedro de Borbón-Dos Sicilias, actual duque de Calabria, primo de Felipe VI y residente en España, y Carlo de Borbón-Dos Sicilias, duque de Castro y también pariente de la familia real española, sellaron con un abrazo un reencuentro familiar que ponía fin a un largo enfrentamiento de varias décadas. Sin embargo, aquel gesto ha durado poco, pues en el transcurso del pasado mes de mayo la guerra entre ambas ramas familiares se ha reabierto de nuevo generando todo un fuego cruzado entre Madrid y Roma, al que se han sumado acusaciones en el seno de la rama italiana de mal uso de los fondos monetarios de las órdenes dinásticas que, en principio, deberían de estar dedicados a los numerosos emprendimientos caritativos que justifican su existencia.

A mediados de abril de este año, Pedro de Borbón-Dos Sicilias encabezó una peregrinación a Roma acompañado de varios caballeros españoles y de otros países y, pocas semanas después, su primo Carlo peregrinaba también al Vaticano con los suyos habiendo recibido para ello una indulgencia plenaria del Papa Francisco. Aquella estancia en la capital italiana coincidió con la ceremonia de confirmación religiosa el 14 de mayo de sus hijas las princesas María Carolina y María Chiara, y con su anuncio formal del cambio de leyes dinásticas de los Borbón-Dos Sicilias con el objeto de abolir la ley semi-sálica que hasta ahora impedía a las pequeñas princesas suceder a su padre en un futuro. La noticia cayó como una bomba en Madrid, donde el duque de Calabria –que vio sus derechos puestos en entredicho-, se aprestó a reclamar para sí de forma incuestionable la jefatura de la casa real y de las órdenes dinásticas, negando a su primo toda legitimidad de ejercicio para proceder de tal modo. Por otra parte, el golpe de efecto también tuvo repercusiones en las propias filas del duque de Castro, que poco después descabalgaba de su alto cargo de gran prefecto de las órdenes dinásticas al príncipe Augusto Ruffo di Calabria, sobrino de la reina Paola de Bélgica, al tiempo que otros caballeros también dimisionaban de sus cargos argumentando las irregularidades en el uso de los fondos monetarios de las órdenes dinásticas.

La guerra también afecta a la familia del rey Felipe VI

Desde entonces, las reacciones se han sucedido en cascada con el duque de Castro alegando que el cambio en la sucesión se ajusta a las leyes internacionales de igualdad de género y afirmando que su primo de Madrid está excluido de la sucesión en la casa real por razones históricas no pudiendo, por tanto, presentar protesta alguna. Entre tanto, días atrás ambos príncipes marchaban a Londres para presidir sendas ceremonias de creación de nuevos caballeros y damas de sus respectivas órdenes. Así, el día 24 de mayo los duques de Castro honraban allí con un gran banquete el actual presidente de Hungría, János Ader, por ser ese un país que reconoce legalmente su orden y, un día más tarde, don Pedro llegado desde Madrid asistía a una misa de investidura de sus propios caballeros contando con la asistencia del embajador de Italia en Londres.

Toda una batalla cruzada entre ambas partes, al tiempo que la princesa Tana de Widisch-Graetz, esposa del príncipe Ruffo diCalabria, aventaba la ingratitud con la que el duque de Castro había sido tratado su esposo y abandonaba la orden dinástica a la que pertenecía alegando desear volver  el día en el que ésta muestre una mayor dedicación a los pobres y a los enfermos. Más relevante aún es el que esta batalla salpica de forma directa a la familia del rey Felipe VI que es muy cercano a su primo don Pedro, que cuenta con grandes apoyos en España. Así mismo, su hermana la princesa Cristina de Borbón-Dos Sicilias es una habitual del entorno más estrecho de Zarzuela, y gran amiga de doña Letizia. Por el contrario, Beltrán Gómez-Acebo, hijo de la infanta doña Pilar, es caballero de la Orden Costantiniana de San Jorge del duque de Castro cuyos intereses en España están representados por su hermano Bruno Gónez-Acebo.

Y división en la familia real española

Los largos conflictos familiares que han enfrentado durante años a los Borbón-Dos Sicilias siempre han afectado de cerca a la familia real española, de la cual los dos príncipes que se disputan la jefatura de esa casa real siempre esperaron un arbitraje que nunca se ha producido de forma enfática. En tiempos del rey Juan Carlos él dio siempre un tibio apoyo a las pretensiones del padre de don Pedro, si bien su madre la condesa de Barcelona siempre se pronunció abiertamente en favor del duque de Castro. Quienes conocen de cerca a Pedro de Borbón-Dos Sicilias hablan de un príncipe afable, con gran formación, y dispuesto a levantar la imagen de la casa real de las Dos Sicilias con su buen hacer, al tiempo que quienes conocen de cerca al duque de Castro apuntan a su esposa, la riquísima Camilla Crocciani, como el gran cerebro que desde sus magníficas casas de París y de Montecarlo (es gran amiga de los príncipes de Mónaco), dirige los destinos de la dinastía.

Gran amiga de la vida social internacional, la mediática Camilla brilla con luz propia en las grandes fiestas y con su fortuna ha sabido posicionar a su esposo en el centro de la realeza europea, aunque cuenta también con numerosos detractores que la califican de “princesa Barbie” por la gran importancia que da a su imagen externa. Pero la batalla sigue abierta: uno y otro príncipe se arrogan la jefatura de una casa que dejó de reinar hace más de 150 años, y mientras tanto don Felipe decide mantenerse completamente al margen de una disputa que no hace bien a nadie.

Ricardo Mateos