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Bartomeu y Luis Enrique recapacitan e intentan frenar el retorno a la victimización del Barcelona

Enero 11, 2017

El entrenador culé recalcó en rueda de prensa que la postura del club no es la de Gerard Piqué.

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Piqué puede ser lo que quiera en el Barça”. Estas palabras que pronunció Luis Enrique hace unos meses bien pudieron servir de vaticinio. Porque, actualmente, desde fuera parece que Gerard Piqué es el Barcelona. Al central azulgrana no le hace falta mucho para erigirse como portavoz del equipo y, al ver que nadie le ha parado los pies, ha llevado a otro nivel las críticas por el arbitraje. Su gesto hacia el palco donde se ubicaba Javier Tebas ha dañado sobremanera la imagen de la institución catalana que hace no tanto afeaba conductas similares que provenían desde Madrid. Josep María Bartomeu y Luis Enrique -que hasta ahora habían estado más cerca de la postura de Piqué que de cualquier otra- han decidido, por primera vez, separarse de su comportamiento en público. Lo han hecho esta vez desde la voz del entrenador, que en la rueda de prensa previa al choque de vuelta de los octavos de Copa (esta noche, 21:15 horas, en el Camp Nou y ante el Athletic) ha reiterado que la actitud del club no es la del zaguero.

Ambos han sido ambiguos y ahora reculan

Más Luis Enrique que Bartomeu. El entrenador asturiano, sin ir más lejos, insinuó recientemente que los sorteos de la Champions perjudicaban premeditadamente al Barcelona. También ha deslizado en varias ocasiones suspicacias en torno al arbitraje. “¿Es noticia que no le piten un penalti al Barça?”, se preguntó de manera retórica en septiembre de 2015. Su actitud en rueda de prensa siempre ha sido desafiante en torno a cualquier eslabón del mundo del fútbol (instituciones, árbitros, periodistas). Incluso llegó a explicar de manera superficial el porqué de sus repetidas ausencias de las galas en las que se entregaban distinciones (se mostró en desacuerdo con que el fútbol se transforme en un show). Ahora, quizás porque su autoridad ha vuelto a quedar en entredicho o tal vez por órdenes de arriba, ha tomado el camino de la rectitud. El mensaje parecía estudiado porque fue repetido en varias ocasiones: “La posición del club y del entrenador es intachable”. No obstante, tampoco ha querido acarrear con la responsabilidad de la ausencia de los futbolistas a la gala de los premios ‘The Best’: “Respeté la decisión de los jugadores”.

Por su parte, Josep María Bartomeu, ha preferido seguir una suerte de prudencia contundente. Así, a principios de la temporada pasada ya advirtió: “Respetamos a los árbitros, pero cuando no nos gusten sus arbitrajes, haremos lo que tengamos que hacer”. El presidente del Barça ha tenido que moverse, en su mandato, entre su naturaleza tranquila y la exigencia de un sector del barcelonismo que, casi desde siempre, se siente maltratado. Ahora ha querido poner fin a las aventuras de Piqué, bien recibidas cuando los resultados acompañan pero molestas e incómodas cuando la situación deportiva no es buena.

¿Retorno al pasado?

El victimismo es quizás el peor mal que ha asolado al Barcelona históricamente. La llegada de Cruyff (primero como jugador y luego como técnico) y la irrupción de Guardiola ayudaron a desterrar este funesto sello identitario que ahora parece revivir en cada acción o palabra de Piqué. En los últimos años, de hecho, el barcelonismo ha asumido como propia una determinada imagen, una manera de hacer las cosas, un modo de comportarse dentro y fuera del terreno de juego El Barça sabía ganar pero también sabía perder. Como casi siempre ganaba, no había mayor problema. Pero ahora que la identidad se está perdiendo en el césped el cambio también se extiende al exterior.

Sin duda, la impotencia deportiva ha contribuido mucho a este estado de nervios colectivo. Lo que empezó siendo un accidente mutó en virus y ahora ha terminado por convertirse en una grave enfermedad repleta de síntomas que hace irreconocible al Barcelona. Aún está a tiempo de recuperarse.

Felipe de Luis Manero

@FelipedeLuis99