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Lo que causó mayor sensación fue la reaparición en un acto de este tipo del sin par Ernesto Augusto de Hannover, primo hermano de doña Sofía

Ausencia de los duques de Palma en las bodas de oro de Constantino de Grecia

Septiembre 22, 2014

Ratifica de forma clara el deseo de la familia real española de hacer cuantos esfuerzos sea posible por dañar el mínimo la imagen de la monarquía y de los nuevos reyes

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Contra todo pronóstico de la prensa española, la infanta Cristina y su esposo Iñaki Urdangarín no asistieron a los actos privados que el miércoles y el jueves de la semana pasada hicieron de marco de la íntima pero vistosa celebración de las bodas de oro de los reyes Constantino y Ana María de Grecia en Atenas. Que don Juan Carlos, ahora con despacho propio en el corazón del Palacio Real de Madrid, no tenía intención de desplazarse a Grecia para la ocasión era más que esperable habida cuenta de su fría relación con sus cuñados griegos en la actualidad, pero la ausencia de los duques de Palma en un acto de índole estrictamente privado y familiar ratifica de forma clara el deseo de la familia real española de hacer cuantos esfuerzos sea posible por dañar el mínimo la imagen de la monarquía y de los nuevos reyes en estos momentos.

Una actitud loable a la que se pliega también la familia de doña Sofía, pero sin duda alguna dolorosa por venir a ratificar un ostracismo muy difícil de manejar salvo por parte de personas como estos royals educados para encarar ciertas servidumbres, pues no olvidemos la traumática pérdida del trono griego para el rey Constantino de Grecia.

Dos actos íntimos para el núcleo duro de Constantino

Sin embargo nada empañó la alegría del reencuentro familiar de la que nos dan cuenta las imágenes tomadas en los dos grandes actos organizados al efecto. El primero, informal y jovial, la noche del miércoles 17 en el Museo de la Acrópolis de Atenas, y el segundo -ya de gala-, al anochecer del jueves 18 en el Club Náutico del Puerto de El Pireo. Dos actos para el núcleo duro y fiel de Constantino de Grecia, en gran parte compartido con su hermana doña Sofía, conformado por sus parientes más cercanos y más queridos y completado con los grandes amigos, en su mayoría potentados armadores helénicos.

Allí estaba la familia real griega en peso con una flamante princesa Alexia jubilosa tras saber que su esposo, Carlos Morales, ya está libre de investigaciones judiciales tras sobreseerse la acusación de inducción al delito urbanístico que pesaba sobre él. Y allí destacó su prima hermana doña Elena que, elegantísima, llegó desde Madrid en compañía de su madre doña Sofía y de su tía la princesa Irene.

Pero la lista de ilustres invitados también incluía a la reina Margarita de Dinamarca y su hermana la princesa Benedicta, los reyes Simeón y Margarita de Bulgaria, y esos íntimos de siempre que son el príncipe Miguel de Grecia, el margrave de Baden y su hermano el príncipe Luis con sus consortes, el conde Hans-Veit de Toerrring-Jettenbach, el matrimonio Fruchaud, los príncipes Margarita y Radu de Rumania, los príncipes Alejandro y Katherine de Serbia, la archiduquesa Helena de Austria, y varios condes Rosenborg parientes de la reina Ana María. No faltaron los príncipes Hassan Bin Talal y Sarvath de Jordania, la princesa Victoria de Borbón-Dos Sicilias con su millonario esposo Marcos Nomikos, y algunos poderosos armadores y empresarios griegos como el heredero del imperio Niarchos.

Reaparición pública de Ernesto de Hannover

Pero lo que causó mayor sensación fue la reaparición en un acto de este tipo del sin par Ernesto Augusto de Hannover, primo hermano de doña Sofía. Dos días de celebraciones y de encuentros familiares que habrán sosegado el ánimo de doña Sofía, que siempre se distiende en la seguridad del apoyo y la fidelidad de los suyos, pero sobre los cuales el gabinete de prensa del palacio de la Zarzuela mantiene su mutismo de siempre en todo cuanto se refiere a actos privados de los miembros de la familia real.

Unas bodas de oro quizá no tan brillantes como las de plata celebradas hace veinticinco años bajo el amparo de la corte danesa y con presencia de don Juan Carlos y de una más amplia galería de reyes, pero no por ello menos entrañables y que han mostrado al mundo un matrimonio unido a pesar de las disidencias de tiempos ya pretéritos.

Las bodas de oro de la otrora maridable de don Juan Carlos

Entre tanto el pasado día 10 también se celebraban -de forma mucho más discreta-, las bodas de oro de la princesa Isabelle de Orleans, consideraba como maridable para don Juan Carlos a fines de los años 50, con su esposo el conde Karl Friedrich de Schönborn-Buccheim en su castillo de Weyerburg situado en las afueras de Viena. Y desde Italia llegaban noticias del triste fallecimiento de nuestro amigo el príncipe Nicolás Romanovitch Romanoff en su finca de la Toscana. Un príncipe que desde su posición de presidente de la Asociación de la Familia Romanov trabajó durante años por la reivindicación de la familia imperial en Rusia, y que apoyado por todos sus primos Romanoff levantó bandera contra las pretensiones dinásticas de su prima madrileña la gran duquesa María Wladimirovna, que en buena tradición Romanov se presenta al mundo por decreto como única representante de la familia que dio tantos zares a la gran Rusia. 

Ricardo Mateos